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Sante Fe ¿Refugiados o evacuados?
Por sebastian hacher ((i)) - Tuesday, May. 20, 2003 at 12:20 PM
sebastian@riseup.net

Sobre la situacion en Santa Fe

Son las seis de la tarde y parecen las ocho, con el sol escondido tras un manto gris oscuro. Suena un trueno, y parece que el mundo va a estallar. Y lo que estalla, finalmente, es una lluvia torrencial. Los que van en bicicleta apuran el paso hacia a algún lugar y los peatones corren buscando un refugio. Llueve desde el viernes en Santa Fe; el clima no da tregua.

En el campamento de Av. Mendoza o en el centro de Evacuados del ex Ferrocarril Belgrano, los pibes andan descalzos. Se trata simple un cálculo maternal aprendido de la pobreza; a las únicas zapatillas que tienen es mejor tenerlas secas para cuando deje de llover, si es que algún día deja.

Virginia Pellegrini no anda descalza. No con ese apellido, ni con esos dientes perfectos, ni con la envestidura que le da ser la representante de la Cooperación Italiana para el Desarrollo, un organismo "que depende de la embajada". Ella es la principal defensora de los campamentos para evacuados, como el que alberga a 400 personas en la toldería de Av. Mendoza. "Esta gente estaba casi en el calle, acá tiene de todo. El tema del barro es algo a lo que están acostumbrados. En sus barrios –que ella no conoce- siempre hay".

Como una experta en negocios inmobiliarios, intenta vendernos las carpas como la mejor solución. "Y acá tenemos médicos, comida caliente, electricidad, y hasta le regalamos una vajilla nueva a mucha gente". El barro, los pibes descalzos, las paredes de las carpas totalmente mojadas, las enfermedades bronquiales y por la mugre son solo detalles "que vamos a tratar de solucionar".

Nos acercamos a una carpa. Una señora nos explica que acá están mejor que en el centro de evacuados, y que "no se quieren ir hasta que tengan algo mejor". "Ves, ves lo que dice la gente, la prensa no tiene que mentir mas" se apura a afirmar Pellegrini.

Mientras nos vamos caminando entre el barro y la lluvia, pensamos que una persona capaz de defender que se utilicen carpas diseñadas para Afganistán en Santa Fe, es alguien que quiere que los evacuados sean considerados como los refugiados de Medio Oriente.

Tratando a los evacuados como a chicos indefensos, fomentando el clientelismo como forma de vida y justificando que se trata de gente que viene de la miseria, organismos como el que preside Pellegrini son quizás la llave con la que el gobierno quiere cerrar la situación.

Y esa quizás sea la mas clara de las estrategias oficiales; convertir a los evacuados en refugiados, un movimiento de pinzas para evitar un lento pero seguro estallido social.



*Como en un campo de concentración.

En el ex ferrocarril Belgrano se albergan unas 800 personas. Entre las paredes destruidas por la humedad y el abandono, los problemas lógicos del amontonamiento y la enorme paciencia de los voluntarios, la gente se arregla como puede. Lonas para dividir territorios difusos, vagones oscuros y sucios, rincones lo mas escondidos posible o frazadas sacrificadas al abrigo para actuar como pared intentan ponerle un freno al hacinamiento.

A pesar de esta situación, para los próximos días se espera que lleguen a la estación 600 personas mas, una idea que encrispa los nervios de la treintena de jóvenes voluntarios que desde el primer día, con muchísimo amor, hacen posible que el lugar funcione. "Ahora están trayendo vagones de carga, y mi viejo me contó que en la inundación del 83, la gente vivía ahí", nos cuenta una voluntaria de 21 años, que desde el 29 de abril "no puede parar".

El gobierno decretó que el lunes 2 de junio tienen que comenzar las clases, y que por lo tanto las escuelas, donde hay alrededor de 30.000 personas, tienen que ser desalojadas. Mucha de esa gente será trasladada al ferrocarril o al predio ferial, otro de los galpones donde cientos de personas viven hacinadas. A las carpas de la señora Pellegrini, por orden de un juez que falló a favor de un amparo presentado por 100 personas, no ira a parar nadie mas.

La custodia militar y gendarmeril de estos centros, son el toque final para que se parezcan, lo mas posible, a un campo de concentración.

Esta situación, convenientemente tapada con el inicio de obras para evitar nuevas inundaciones que se tendrían y se podrían haber realizado hace diez años, es la salida que Reutemann se propone para una situación que él mismo no dudó en calificar como “desastrosa”.



*Volver a la normalidad.

Reutemann ayer declaró que "Ya sé los problemas que se van a generar o que se están generando por gente que no se quiere ir de las escuelas. Evidentemente se va a producir un conflicto monumental de tipo social, porque hay una gran parte de la ciudad que no está inundada y que quiere que la vida normal continúe".

La inundación todavía afecta a 50.000 personas. La mayoría de ellas vienen de los barrios mas pobres, y muchísimos de ellos vivían en casas que el gobierno considera de carácter "irregular". Sobre esto, el gobernador aclaró que se esta estudiando dar una "ayuda económica" en principio a las personas que "están debidamente registrados y pagan sus impuestos", dejando afuera a un gran porcentaje de la población. También dejó claro que la ayuda "no se trata de un resarcimiento", cuestión que se intentará –seguramente- resolver en los tribunales.

Esconder a los mas pobres tapando la realidad con obras que se tendrían que haber hecho antes de la inundación, fortalecer el clientelismo para ahogar todo síntoma de organización; a eso se lo llama volver a la normalidad después de la inundación.


*Cuanto peor, peor y los límites de la paciencia.

En algunos centros los voluntarios intentan que sean los propios evacuados los que organicen las tareas, desde la limpieza hasta el reparto de alimentos y ropa. Es una tarea difícil, que lleva tiempo y paciencia. “La gente vino shockeada, y cuando empiezan a ir a sus casas es peor, porque es una depresión tremenda” nos cuenta uno de los voluntarios que intenta hacer ese trabajo de ruptura con la lógica asistencialista.

Si alguien todavía creía en el viejo axioma que reza que “cuanto peor, mejor” Santa Fe es el ejemplo viviente de que es un concepto equivocado. Las enormes penurias, el haberlo perdido todo conspiran contra la organización y el reclamo colectivo y dejan espacio para el fortalecimiento, por lo menos en lo inmediato, de las redes de clientelismo.

Pero todo tiene límites, y la paciencia del pueblo santafesino también. Frente a situaciones puntuales –como el no reparto de comida a autoevacuados.- se producen protestas aisladas, y por lo menos en uno de los centros se han realizado asambleas de inundados, que todavía no han sido masivas. Como se desarrollara la situación, hasta donde durará la paciencia de los mas castigados, es algo que esta por verse.

Lo que es seguro es que la tan mentada “reconstrucción” de Santa Fe no incluye a todo un sector de la población y que sin una intervención activa de los sectores populares, miles de personas serán convertidas en refugiados.

Por lo pronto, para mañana está convocada una movilización de todas las organizaciones sociales –menos ATE- que quizás sea el primer paso revertir la situación y sirva como termómetro para medir en momento estamos.

Santa Fe necesita que continuemos con las campañas solidarias; sigue faltando de todo; comida, ropa, útiles escolares y para escapar de los dudosos repartos oficiales se puede recurrir al comité de solidaridad. Pero también necesita solidaridad política activa de todos nosotros

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