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LA SEGUNDA MUERTE DE GUSTAVO BENEDETTO
Por LA VACA - Saturday, Dec. 25, 2004 at 2:50 PM

Jorge Varando está por quedar libre. Según la reconstrucción judicial, fue quien disparó desde dentro del banco HSBC la bala que mató a Gustavo Benedetto (22 años) el 20 de diciembre de 2001.

La multitud que se movilizaba fue víctima de la balacera efectuada desde esa oscuridad. Varando estaba a cargo del grupo de seguridad del banco, cargo que ejerció gritándoles a sus subordinados y a los policías: '¡Tiren, no sean cagones!'. Es teniente coronel retirado, graduado de la Escuela de las Américas, ex integrante del destacamento 103 de Inteligencia del Ejército, denunciado ante la CIDH por la desaparición de dos personas tras el copamiento de La Tablada. La medida de la Corte, que podría liberarlo, tuvo votos en contra de Enrique Petracchi, Carlos Fayt y Raúl Zaffaroni.

'Para nosotros ése lugar es una tumba', dice Eliana Benedetto, hermana de Gustavo Benedetto, el joven que a los 22 años fue asesinado de un balazo en la cabeza cuando pasaba frente al banco HSBC de Avenida de Mayo y Chacabuco, desde cuyo interior se baleó a la multitud movlizada por los sucesos del 19 y 20 de diciembre del 2001.

El autor de ese disparo calibre 9 milímetros, según la reconstrucción de la jueza María Romilda Servini de Cubría, fue Jorge Varando, uno de los responsables de seguridad del banco que está a punto de quedar en libertad.

¿Qué ocurrió? Los diarios han informado que la Corte Suprema de Justicia dejó sin efecto el procesamiento de Varando. La defensa había presentado un recurso extraordinario en el que planteó la arbitrariedad de la resolución, y la Corte consideró admisible el recurso en virtud de una supuesta 'tacha de arbitrariedad' en la sentencia y ordenó devolver las actuaciones a la Cámara Federal para que dicte un nuevo fallo.

Traducción: la defensa no niega que Varando haya disparado, pero aduce que había otros tiradores y que no alcanzan los elementos para acusar al ex militar -en particular- por esa muerte. Cualquiera pudo haber sido el culpable, dicen los defensores.

La medida de la Corte tuvo tres votos en contra: Enrique Petracchi, Carlos Fayt y Raúl Eugenio Zaffaroni.

Desde el 20 de diciembre de hace tres años -el mismo día que Fernando de la Rúa abandonaba el gobierno al son de las cacerolas- las familias de los cinco asesinados por la represión en las inmediaciones de Plaza de Mayo, esperan el inicio del juicio oral en el que acaso se logre que haya justicia.

-Eliana, ¿confías en la justicia?

-Y, todo es re-lento. Hay que esperar, ver qué pasa. No hay fecha para el juicio oral ni nada. Todo está en una nebulosa. Pero yo espero que sí, que alguien pague algo por lo que pasó.

Vida coherente

Varando, militar, es graduado de la Escuela de las Américas, campo de entrenamiento de 'contrainsurgencia' con sede en el sur de Estados Unidos. Fue señalado como represor y denunciado por los organismos de Derechos Humanos por su desempeño en el Destacamento 103 de Inteligencia del Ejército durante la última dictadura militar. Aparece mencionado en el libro Como los nazis, como en Vietnam, de Alipio Paoletti.

En 1989 era mayor, y participó en la defensa del cuartel de La Tablada a raíz del ataque al mismo realizado por el Movimiento Todos por la Patria. Un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos reconstruyó parte de lo sucedido.

Declara la CIDH que dos personas que quedaron prisioneras luego del ataque a los cuarteles militares, Iván Ruiz (18 años) y José Alejandro Díaz, fueron 'desaparecidos' cuando la vigilancia estaba a cargo de quien después fuera el jefe de custodia del HSBC de avenida de Mayo.

La televisión española registró aquel 23 de enero del 89 a Ruiz y Díaz capturados por militares. Se escuchan dos voces. Una grita: '¡No tiren carajo. Si hay algún zurdo lo vamos a matar después!' La segunda voz pronuncia apenas una palabra: '¡Mátenlos!'. En fotos periodísticas se observa que Ruiz y Díaz son llevados por un militar, el teniente primero Nacelli, quien luego declaró que los dejó con un cabo llamado Steigman, quien a su vez los entregó al entonces mayor Varando.

Varando declaró a su vez que dejó a Ruiz y a Díaz sin custodia en una ambulancia a cargo de un suboficial llamado Esquivel, que ese día recibió un balazo en la cabeza. El Estado argentino sostuvo luego ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que Ruiz y Díaz se habrían fugado. Por lo tanto, la justicia emitió una orden de captura.

En 1989 cinco cuerpos no identificados de atacantes al cuartel -quemados con fósforo- fueron 'despostados' (desprovistos de sus partes blandas) a pedido de los médicos forenses. En agosto, el juzgado ordenó enterrarlos en la Chacarita sin identificarlos. Once años después los científicos del Banco de Datos Genéticos del Hospital Durand practicaron análisis de ADN en los cadáveres y les devolvieron sus nombres. Recién entonces la justicia se notificó de lo que había ocurrido: ni Ruiz ni Díaz se habían fugado. Habían muerto fusilados tras estar a cargo del entonces mayor Varando. Todo consta en el informe de la CIDH.

Con el rango de teniente coronel, Varando se retiró en 1994 para dedicarse al negocio de la seguridad privada.

En el 2001 estaba a cargo del grupo que en ese momento custodiaba al banco HSBC. Alicia Pierini, abogada de la familia Benedetto, recibió un anónimo donde se relata que el jefe de seguridad del banco es el general Julio César Veronelli, ex jefe del Segundo Cuerpo de Ejército. Varando era uno de sus principales lugartenientes (ambos hicieron un posgrado en seguridad para multinacionales en la Universidad Comillas, de Madrid, según ha informado Pierini). Junto a guardias privados y policías Varando asumió la supuesta defensa del banco, al grito de '¡Tiren, no sean cagones!'. Hubo más de 50 balazos disparados en menos de un minuto.

La historia

'¿Y... Ahora qué?', inquiría en letras negras y mayúsculas, la gacetilla en la que los Benedetto convocaban a un repudio para este viernes 17, frente al HSBC. Ese día, en ese lugar, un amigo dijo unas palabras, otros dejaron fotos y flores frente a la policía que -esta vez- no dijo nada. En una de las esquinas hay dos placas en homenaje a Gustavo: una está rota, como la dejaron los policías que sistemáticamente destruían los recordatorios que la familia colocaba, tal como demuestra una filmación realizada por los periodistas canadienses Avi Lewis y Naomi Klein.

-Eliana ¿volvieron a ver a Varando?

- La única vez que lo vimos fue cuando se hizo la reconstrucción de lo sucedido. El no dijo nada pero estaba con sus dos hijos y la hija vino a prepotearnos, a decirnos que por qué acusábamos a su padre que era inocente... Pero yo no me quise poner a discutir. El tipo dice que tiró cinco tiros así que podía haber matado a cinco y el cargador era de trece balas.

-¿Cómo recordás a tu hermano?

- Me lo acuerdo tocando la armónica, con el perro al lado, que lo miraba. Y también lo recuerdo a través de las historias que me cuentan sus amigos, que tal día esto, que tal día lo otro... Siempre aparece alguno con una anécdota nueva: que mi hermano se reía de todo, que comía cualquier cosa. Siempre llegaba a las reuniones tarde porque volvía del supermercado y siempre estaba hambriento así que se comía todo, las sobras frías, como estuvieran.

-¿Qué cambió en ustedes en estos tres años?

-El primer impacto fue el de no hacer nada, pero después empezó a surgir la necesidad de movernos, de que pasara algo. Por eso ahora estamos movilizándonos más, preguntando más cosas. Tengo una sensación de bronca, de impotencia por no haberlo visto para decirle que se quedara. Es que cada vez es peor, cada vez lo extrañas más. Al principio decís ´ya va a venir´ y con el tiempo te das cuenta que no vuelve nunca.

Gustavo era de La Tablada, hincha de River y egresado de la escuela secundaria y pública número 155, título que le aseguró el puesto de repositor de la sección verduras del supermercado Día durante doce horas al día y por 400 pesos al mes. Era el único sostén de la familia, desde que su padre había muerto de cáncer, ocho meses antes de aquel diciembre del 2001.

Ese último día, el 20, Gustavo se presentó a trabajar a las siete de la mañana, pero la amenaza de los saqueos obligó al supermercado a cerrar. Preocupado por la suerte del local, regresó al mediodía y comprobó el desastre: las persianas y los vidrios estaban rotos, las góndolas vacías, los destrozos desparramados por todos lados. Impotente, decidió ir a Plaza de Mayo a protestar. Intentó convencer a varios amigos para que lo acompañaran, pero ninguno estaba disponible. Su determinación o indignación tiene esa dimensión: un muchacho que siempre estaba acompañado, escoltado por su barra de amigos, subió solo al colectivo número 126, viajó durante una hora y media y bajó cien metros antes de toparse con la bala.

El chico cayó en Avenida de Mayo al 600, delante de las cámaras.

Su mamá y su hermana lo vieron morir por televisión, mientras escuchaban que alguien gritaba: 'están tirando desde adentro'.

Este 1º de enero Gustavo Ariel Benedetto cumpliría 26 años.



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