Julio López
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La constitución del hombre sediento (parte I)
Por (((i-sde))) - Thursday, Dec. 15, 2005 at 8:29 PM

Cuando uno recuerda el estallido social del noventa y tres, la primera sensación que aparece es el calor. La imagen de las llamas devorando las sedes de los tres poderes del estado y de las casas de diputados y funcionarios bajo los 40º de calor que aportaba el clima, hacen inevitable que la memoria sobre aquellos hechos reposen en el calor que envolvía la ciudad aquel día. Y la angustiante sed que nos agobiaba también reaparece en la piel del recuerdo.

A doce años de la rebelión popular más grande que conozca la historia de Sgo. del Estero, recordar el santiagueñazo es resistir, y repasar los hechos y nombres que le dieron contexto, un acto vital para nuestra historia.

Aquellos días, esos años

El amanecer del 16 de diciembre de 1993 presagiaba un día extremadamente caluroso. Al asomar el sol, la temperatura ya tocaba los 30 grados y en las calles los diferentes gremios de trabajadores estatales reunían a sus cuadros para una nueva protesta contra el gobierno provincial que Carlos Mugica había dejado en manos del vicegobernador Fernando Lobo semanas antes. El motivo de la protesta era por el reclamo de los tres meses de sueldo adeudados.

El Ing. Carlos Mugica llegó al gobierno de la mano de otro ingeniero, el ex gobernador César Eusebio Iturre. Este, a su vez, había sido gobernador gracias a Carlos Juárez, que lo señaló para la sucesión en las elecciones de 1987 cuando se fue a ocupar una banca en el Senado de la Nación. A poco de asumir, Iturre, que se había mostrado como un fiel ministro de Juárez, patea el tablero del juarismo y arma su propia línea partidaria: la Corriente Renovadora. En las internas nacionales del PJ del año 1989, el gobernador Iturre apoya al candidato Antonio Cafiero. La derrota de este frente a Carlos Menem modifica el panorama político en la perspectiva de Sgo. del Estero. Por esa razón, Iturre decide realizar un gesto ante el presidente Menem y le restituye el sable tomado como trofeo en la batalla de Pozo de Vargas, donde un siglo atrás las fuerzas santiagueñas del gral. Taboada vencieron a las montoneras riojanas comandadas por Felipe Varela durante la guerra de la federación. “Un gesto conciliador” –reconoció Menem.

A las diez de la mañana del 16 de diciembre de 1993, la ciudad ya era una caldera en plena ebullición. Lo que se presumía como una protesta más, habituales por esos meses en Santiago, se había convertido en la rebelión popular más significativa contra el ajuste menemista –en pleno apogeo de la convertibilidad- y en el punto de partida de un profundo cambio social en la provincia, proceso que llega hasta nuestros días.

“Se escucharon tonadas forasteras entre la gente, Mariano” –diría por la noche el periodista Domingo Schiavone (1), conductor por entonces del programa político “Libertad de opinión”, la retaguardia televisiva del grupo Ick que hoy conduce Rogelio Jorge Llapur. Schiavone hacía aquella afirmación vía satélite en el programa “Hora clave” de Mariano Grondona. En un intento por desacreditar la insurgencia popular, se exageraban los méritos de la operación de los servicios de inteligencia que Juárez había alentado desde las sombras en Buenos Aires. (2)

El viejo caudillo no se resignaba a perder el poder de la provincia. Desde su estratégico cargo en la Comisión del Senado por la Reforma de la Constitución, había negociado con Menem un co-gobierno con la gestión Mugica, quien ya había tomado distancia de César Eusebio Iturre, por entonces diputado nacional. El co-gobierno se elucubró meses antes del estallido y durante su vigencia se perdieron 60 millones de pesos que el gobierno nacional había girado a la provincia para asegurarse la elecciones del 3 de octubre para la renovación de diputados. En medio del escándalo y tras la derrota oficialista en los comicios, el Ing. Mugica renuncia a su cargo y en su lugar asume el vicegobernador Fernando Lobo, el día 23 de octubre de 1993.

De regreso a octubre, desde octubre

Dos años antes, el 27 de octubre de 1991, la fórmula iturrista Mugica-Lobo se imponía en fraudulentas elecciones. El gran estafado de esos comicios fue el Dr. José Luis Zavalía, el joven intendente de la ciudad capital que encabezaba la lista de la UCR y que seis meses antes, el 27 de abril de 1991, había firmado el Acta Acuerdo de la Unidad Provincial con el gobernador Iturre. (3) El objetivo del acuerdo era sellar un pacto que garantizara el entierro político de Carlos Juárez. Pero al mismo tiempo dio lugar a la ley de lemas, trampa electoral en la que Zavalía había caído.

Sería precisamente Juárez, que había resultado tercero en los comicios, quién apoyaría al joven dirigente radical a reclamar su legítimo derecho a ocupar la gobernación. El astuto caudillo alentó a la rebelión a Zavalía hasta donde le convino y luego se apartó para seguir jugando sus cartas en el entorno de Menem. En un acto frente a la sede de la municipalidad, Juárez hasta llegó a declararlo “su sucesor” mientras lo abrazaba frente a una multitud enfervorizada que mezclaba a peronistas con radicales.

A partir del fraude, una gran movilización popular se genera en apoyo al frustrado candidato radical. Montado en su caballo zaino, un envalentonado Zavalía conduce las masivas marchas de protesta sin saber en realidad a donde iba. Así nació el MOP, Movimiento de Opinión Provincial, sigla que acompañaría a la UCR en las posteriores elecciones en la provincia.

Por temor a una pueblada, Mugica asume la gobernación a la medianoche del 9 de diciembre de 1991 en una Casa de Gobierno con puertas cerradas. En respuesta, al día siguiente Zavalía asume simbólicamente la jefatura de gobierno ante una multitud en el parque Aguirre. El acto terminará con incidentes y el zaino de Zavalía detenido en la sede de infantería de la policía. La clase dirigente de la novel democracia santiagueña comienza a montar su representación en el escenario del grotesco, el populismo y la impunidad.

Desde la Casa Rosada el proyecto neoliberal de Carlos Menem comienza a desplegarse sobre el país diferenciando con dos colores los tipos de provincias: viables y no viables. En la receta de Domingo Cavallo, Santiago del Estero es un territorio no viable.

Menem demuestra que está dispuesto a “disciplinar” las economías regionales al modelo neoliberal a cualquier precio. El salvaje ajuste hiere de muerte a las frágiles economías provinciales que dependen del estado. Con su gran masa de empleados públicos atacados por la fiebre consumista de la convertibilidad, que los endeudaba sin límites aparentes, Santiago del Estero agravaba su pobreza endémica. Además, la corrupción y el desgobierno provocaban sangrías incontenibles a lo fondos públicos, con jueces y funcionarios que cobraban hasta 10.000 dólares.

En este cuadro de situación, José Zavalía lideraba la movilización social y representaba una firme oposición política al descalabro iturrista que gobernaba la provincia. El punto culminante de su carismático liderazgo se refleja en el triunfo electoral del 3 de octubre de 1993, cuando resulta electo diputado nacional con el 46 % de los votos, diez puntos más que la candidata del PJ, Mercedes Marina Aragonés de Juárez, la Nina. Además, la UCR-MOP consigue ubicar 15 diputados provinciales, entre ellos un dirigente de la Juventud Radical llamado Gerardo Zamora.

Con los resultados puestos, Zavalía pelea para evitar la intervención federal a la provincia. Sabe que las condiciones están dadas y que solo depende de la decisión de Menem. No desconoce que el presidente simpatiza mucho con la aplicación de la medida según lo demostró en Tucumán, Catamarca y Corrientes, provincias intervenidas en sus dos primeros años de gobierno como método para el necesario disciplinamiento económico.

Pero la suerte de la provincia quedará echada cuando Alfonsín y Menem sellen el Pacto de Olivos dos meses después. Zavalía no sabe aun que ese acuerdo lo “salvará del incendio”, que tampoco presiente cercano. La aventura caudillesca de José Zavalía había llegado a su fin.

Notas

(1) De perfil “intelectual crítico”, Domingo Schiavone gozaba de cierto prestigio en el ámbito del periodismo santiagueño. Adepto a las citas filosóficas –a la manera de Grondona-, Schiavone fue el ideólogo y el primer rostro de Libertad de opinión, el programa local que emula a Hora clave. “Mingo” Schiavone dejaría la conducción del mismo para ocupar una banca de diputado provincial por el juarismo en el año 1995. Actualmente es columnista político en radio Panorama, propiedad de Néstor Ick.

(2) En el libro Los Juárez (A. Dandan/S. Heguy/J. Rodríguez), el Ministro de Gobierno de Fernando Lobo, Luis Uriondo, señala que días antes del 16 supo que “algunos hechos se iban a provocar en Santiago” y que tuvo en su poder la grabación de una llamada telefónica en la que Carlos Juárez le ordenaba al jefe de policía, Carlos Villalba, que liberara la zona. (págs. 241-242)
En su edición del 19/12/93, el diario Página/12 publica que los funcionarios nacionales admitieron que hubo más “espontaneidad” que “activismo” (pág. 6) y que el propio presidente Menem reconoció en privado que fue “una protesta popular contra la dirigencia política, un no va más de la gente.” (pág. 4). Aunque públicamente nunca aceptó que el ajuste fuese la causa del estallido.

(3) El acta se firmó en el Museo Histórico Dr. Orestes Di Lullo, en una extraña manera de conmemorar el día de la autonomía provincial. Santiago en llamas Luis H. Santucho (pág. 46)

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