Julio López
está desaparecido
hace 4469 días
versión para imprimir - envía este articulo por e-mail

Reportaje a Juan Carlos Arroyo, el cura que optó por los pobres
Por HUGO CRAVERO - Thursday, Jul. 05, 2007 at 3:32 PM
hugocravero@yahoo.com.ar

Nota reeditada en el periódico El Urbano de Granadero Baigorria en la salida de Junio de 2007. La primera salida fue el 29 de junio de 2001

Reportaje a Juan Carlos Arroyo, el cura que optó por los pobres

Prédica Obrera

El Urbano encontró al que fuera hasta 1969 el párroco de nuestra ciudad. Tercermundista, montonero y peronista revolucionario; el religioso recuerda su militancia y compromiso en una nota inolvidable.

Con 77 años Juan Carlos Arroyo habla de su vida con la misma pasión con la que abrazó sus sueños y compromisos en los 60 y 70. Su brillo en los ojos sigue tan intacto como su defensa de la belleza y los pobres.
Aunque muchos ya lo creían muerto, dato que lo salvara en más de una ocasión en los años de la dictadura, el padre Arroyo (modo que no le molesta que se lo sigan llamando) persigue la pelea de abajo. Casado hace años con Marta, con un hijo de 23, hoy mantiene su familia con una pequeña jubilación que le fue dada por los aportes hechos por el Arzobispado rosarino y vendiendo herramientas en talleres mecánicos y ferreterías durante todo el día.
El padre Arroyo (así lo llamaremos) volvió a Baigorria y por primera vez habló con un medio local.
El Urbano- ¿Cómo se consagra como Cura? ¿Y dónde fueron sus primeros pasos?
Padre Arroyo- Termino el seminario en 1949 y de ahí el monseñor Antonio Gaggiano (a cargo del arzobispado de Rosario) me mandan a Tucumán para interiorizarme sobre la Juventud Obrera Católica (JOC). Después Gaggiano me destinan a Casilda, donde había un cura muy bueno. Allí, en Casilda, comencé a juntarme con los trabajadores. Después vuelvo a Rosario porque mi madre había quedado sola tras la muerte de un hermano mío que vivía con ella y allí me ponen como capellán de la cárcel de encausado, pero capellán de los presos, y aclaro porque allí te pegabas con los que mandaban o con los presos.
Yo por entonces era un curita con “monta” todavía, porque si vos andabas vestido con sotana daba como importancia, y me vi sorprendido en un montón de cosas. Yo en la cárcel estuve con los presos comunes y los políticos. Me tocó vivir la “Revolución Libertadora” y allí conocí a presos peronistas, me contacté con ellos. A su vez formaba parte de la JOC en Rosario y me sumaba con los trabajadores en cada reclamo.
Una vez dando misa a los presos uno de ellos me paró en el sermón diciendo “que era fácil para mi decir las cosas que decía, pero otra cosa era vivirla en el lugar donde estaba él, vigilado en muchos casos maltratado”. Ese hecho me sirvió para cambiar y reflexionar y desde ese momento me comprometí mucho más, llegando hablar con los jueces para adelantar trámites judiciales.
El Urbano- ¿Cómo llega a Baigorria?
Padre Arroyo- Yo estuve más de 10 años como capellán hasta que por el 64 el nuevo obispo rosarino Guillermo Bollatti, comprometido con los intereses del poder, me manda hacer una nueva experiencia a Granadero Baigorria.
El Urbano- ¿Y cómo lo tomo?
Padre Arroyo- Sentí que me estaban sacando de la cárcel y de la JOC porque molestaba. Pero acepté el desafío por vocación y por soberbia en mi orgullo. Y cuando llegué, vine con mis modalidades, lo que escandalizó en parte a los muchos católicos cerrados. Llego justo cuando el papa Juan XXIII daba esperanzas criticando a la iglesia en muchos aspectos, dejando en libertad el tema de la vestimenta, así que me saqué la sotana sin pedirle permiso al obispo. Desde ahí me empecé a vestir de camisa. O sea ya ingresaba vestido como cualquier vecino a la iglesia para dar misa y ya en el altar me ponía, digamos, el disfraz para salir a escena.
El Urbano- ¿Y por qué se fue de la iglesia?
Padre Arroyo- Mis diferencias con el obispo (Guillermo Bollatti) eran cada vez más grandes. Mis ideas para generar los cambios eran otras. Ideas que compartíamos con otros cura de entonces. Fue en 1969 cuando junto a otros 27 sacerdotes de la arquidiócesis de Rosario renunciamos por no aceptar la postura tomada por Bollatti al no sumarse Concilio Vaticano II y segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín del 68´.
Así que a meses de cumplir 20 años de sacerdocio dejé la iglesia para ingresar a Montoneros.
Luego de persecuciones y atentados (con bombas en su casa céntrica en Rosario) en 1977 me fui a Buenos Aires y allí estuve 8 años, diríamos oculto.
El Urbano- ¿Por qué Montoneros?
Padre Arroyo- Porque creía que por ahí debía venir el cambio. No por Perón, sino por la gente unida detrás del peronismo. El pueblo en acción luchando por la igualdad, esa misma del evangelio. Pero mi mayor atracción era y es Evita. Ella era el emblema y nuestro estandarte. Cambiar desde abajo y con la gente.



agrega un comentario