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A 76 años del genocidio de 1932 en Izalco
Por Diario Co Latino - Thursday, Jan. 10, 2008 at 5:57 PM

David Masín, miembro del MUSI. Foto: Roberto Márquez

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Gloria Silvia Orellana
Iván Escobar
Redacción Diario Co Latino

“Tené cuidado, me dijo mi abuelo Arturo, cuando en 1979, comenzaron aparecer muertos en las calles… nosotros ya vimos esto antes… tenía 18 años y fue ahí que comencé a enterarme de ese genocidio de 1932, ni mi padre y ni mi abuelo hablaban abiertamente de eso, era una imposición del silencio” narró David Masin.

El próximo 22 de enero se cumplen 76 años del genocidio de indígenas, en el municipio de Izalco, departamento de Sonsonate, que según la historia oficial fue un levantamiento campesino, orquestado por el Partido Comunista Salvadoreño, explicó David Masin, un profesor que ha investigado en los últimos años el fenómeno social y quien pertenece al Movimiento de Unidad Social Izalqueño (MUSI).

Cabe destacar que hasta la fecha el tema no es abordado ampliamente por pobladores de la zona, quienes aún piensan dos veces para referirse a ese oscuro pasado que diezmó a la población indígena (de 40 mil a 70 mil asesinados).

“Las Naciones Unidas (ONU) ha reconocido este evento de 1932 como el genocidio más grande en América Latina”, reveló Will Alfredo Pinto, también del MUSI.

De acuerdo a Masin, este levantamiento y descontento popular obedeció a medidas gubernamentales aplicadas desde 1881, con el presidente Zaldívar, quien inició la expropiación de tierras comunales propiedad de los pueblos indígenas.

Fue el general Maximiliano Hernández Martínez quien se comprometió, en un inicio, a devolver las tierras comunales, pero lo que buscaba era dar continuidad a este tipo de medidas de expropiación para favorecer la siembra del café.

Masin explicó que investigaciones independientes han revelado que las reuniones frecuentes entre caciques y el presidente se rompieron al darse cuenta del engaño por parte de Martínez.

“Martínez, decide asesinarlos, durante un almuerzo envenenando sus comidas… el líder en ese momento del pueblo indígena, de apellido Puchagua, era suegro de Feliciano Ama, que al fallecer durante el trayecto en tren, de San Salvador a Izalco, por lo que el liderazgo es asumido por Ama, quien retoma el movimiento”, describió Masin.

Maximiliano Hernández Martínez se enfrentaba a la descalificación del gobierno de los Estados Unidos, por su arribo golpista al poder.

Por lo que decide urdir la estrategia que el movimiento indígena obedecía a directrices del Partido Comunista, por lo que pidió ayuda militar, para reprimir el levantamiento social y por ende terminar una posible expansión del Comunismo en la región.

Masin afirmó que existen datos, de que Estados Unidos no sólo envió armas al gobierno salvadoreño, sino que convocó a Inglaterra, para que respaldara la ayuda militar.

“Aquí vino un buque de guerra inglés, para cerrar salidas… el ejército se movilizó en la noche y madrugada previo al 22 de enero (de 1932) cerrando las vías de acceso al pueblo, donde se encontraban los indígenas que se habían concentrado en la ciudad, provenientes de diversas partes del país, con el fin de exigir la devolución de sus tierras”, señaló.

Asimismo, agregó que “se abrieron zanjas de dos metros de ancho, donde ponían las filas de hombres y niños que luego eran ametrallados y lanzados en ese lugar… muchos niños se salvaron porque sus madres los vistieron de niñas, para que no fueran ejecutados”.

Actualmente la Comisión de la Verdad, formada en el primer foro de reflexión sobre los acontecimientos de 1932, trabaja en la identificación de las tumbas colectivas que guardan a miles de víctimas, en distintos puntos de la ciudad.

Asimismo, pretenden conformar un museo que contenga videos, documentos históricos y testimonios de sobrevivientes y parientes directos de las víctimas, para dar a conocer a las nuevas generaciones parte de la historia del país.

A 76 años, los pobladores de Izalco, y principalmente las nuevas generaciones desconocen las verdaderas causas que llevaron a este genocidio.

Los adultos mayores son quienes guardan celosamente sus experiencias, que son compartidas con sus descendientes en una tradición oral, para no olvidar ese pasado nefasto que aún está fresco en su memoria.

Miércoles, 02 de Enero de 2008

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