Julio López
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Carlos: el maestro anónimo
Por Fuente_8.300 web /republicado - Monday, Apr. 05, 2010 at 9:23 AM

Podría decir que me impuse esperar tres años para escribir (o intentar escribir) lo que sigue, como quien busca objetividad. Mentiría. Podría decir que no interesa haberlo escrito entonces porque voy a poner lo mismo. Inexacto. Hasta podría convencerme que si bien no lo escribí, lo dije, lo grité, lo expuse. Es distinto. Lo primero que tengo que averiguar es por qué estoy tardando tres años.

Creo que es porque recién descubro lo importante. Estuvo todo el tiempo ahí y debo haberlo repetido como muchos. Pero recién ahora lo entiendo. Es el presente trabajando sobre el pasado.

No quiero hacer un panegírico. Carlos no se merece semejante dislate.

Además lo descubrí por casualidad, como la mayoría de la gente descubre las cosas.

Digámoslo: Carlos es un maestro que lucha. En ese orden. Sujeto y predicado. Sustantivo y adjetivo. Y no sigo por la vía gramatical porque ahí quemé todas mis naves. Quiero decir que descubro (redescubro) qué es lo primero. Carlos es un maestro, nació para maestro, para “mostrar desde adentro”, para atacar desde el llano, para gozar cuando al pibe se le dilatan las pupilas por un instante, para pensar todo el día en eso, para sufrir cuando no se hace entender, para insistir, para insistir, para insistir. Para unir el pequeño detalle con todo el universo. Para reivindicar enseñar con el ejemplo sin querer ser el ejemplo. Para ser uno más, sin serlo.

Carlos no se para arriba de ninguna tarima para exponer. No busca el aplauso, ni la foto, ni el primer puesto. Ni puesto. Carlos es un soldado. Carlos es un soldado que quiere ser anónimo. Es una exaltación a la negación de los oficiales. Es su antípoda. Es la base.

Carlos lucha porque quiere ser maestro. Lucha “desde” ser maestro.

Por eso es grande.

Su victoria es que no se hablará de “Carlismo” o “Fuentealbismo”. Sería su negación. Sería romper la verdadera red revolucionaria de los de abajo. De los que sostienen todo. De los anónimos.

Carlos es un maestro. Parece tan obvio, que ahora que lo pienso, lo abandonamos como categoría. Parece brillar más su enjundia, su enojo para con el poder y sus lacayos, su lugar en la vanguardia. Su así llamado “compromiso”. Digo, porque, como se presume, soy un escritor “comprometido”. Tendría que reclamarme parte de ese espacio tan mentado. Reclamarme una parte de Carlos. Pero no. Por más que lo tironee, Carlos se me pianta para el lado de la gente. Estoy seguro que el mismo llamaría la “gente común”.

La famosa gente. La que tiene en sus manos la historia. La que necesita tantos Carlos. Tantos maestros.

Sí, Carlos es un tipo que va a enseñar toda la vida. Lo que se dice un verdadero imprescindible.

Por José Chiquito Moya

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