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Matar o morir. La visibilidad de la Pepa Gaitán y la nuestra
Por Flavia Dezzutto - Monday, Mar. 10, 2014 at 8:58 PM

Córdoba, 9 de marzo de 2014, en ocasión de las Jornadas de Visibilidad Lésbica.

Dedico este pequeño texto a Fabi Tron y a Noe Gall, que mucho me han enriquecido en este breve tiempo de mi vida en Córdoba.
 
MATAR O MORIR. La visibilidad de la Pepa Gaitán y la nuestra.
 
Nuestras existencias lesbianas se han movido durante demasiado tiempo entre dos alternativas del horror, matar o morir. Matar nuestra singularidad, acallar nuestro deseo, mutilar el cuerpo que imaginamos, el que nos nombra en su exceso, en su visible disconformidad con lo establecido. Las armas para esa muerte son puestas tempranamente en nuestras manos, el imperio de la normalidad familiar, la ley del estado que nos educa y nos regula, el dios de los sacerdotes y sus religiones que se interioriza en las conciencias y en los cuerpos.
 
Sabemos que muchas, repudiando su existencia lesbiana, no han podido sustraerse al trabajo del verdugo, sabemos, igualmente, que desarmar esa violencia que se dirige hacia nosotras a partir de lo inscripto culturalmente en cada una no es sencillo. Por ello la visibilidad de nuestras existencias lesbianas es siempre algo por hacer en nuestra propia subjetividad, en nuestra experiencia colectiva.
Visibilizarnos, inventarnos, nombrarnos y variar en esos nombres, implica no sólo desarmar al verdugo, es, sobre todo, darnos vida, nacernos.
 
Morir como Pepa, ser asesinada, borrada su existencia de la manera más atroz, ha sido y es, con abrumadora frecuencia, el otro destino que el orden del amo nos depara. También morir de a poco, sin defensa real, más allá de la declamación de los derechos, ante las diferentes formas de la violencia heteropatriarcal, laborales, afectivas, sociales, económicas, sintiendo en nuestras existencias la amenaza latente de la brutalidad de los discursos y las acciones del odio.
 La muerte de la Pepa fue un extremo del odio, es un extremo del odio, que ha llevado y sigue llevando a muchas de las aquí presentes a la lucha, a la creación, a la calle, a la palabra. ¿Por qué la muerte de Pepa nos convoca a la visibilidad? ¿Cuál fue su visibilidad?
 
Hemos de decir, con la delicadeza que nos impone toda subjetividad, que la visibilidad de la Pepa era ante todo muy clara, inequívoca. No sólo por su condición de “lesbiana masculina”, según las actuales taxonomías, sino, y fundamentalmente, porque su visibilidad era concretada y realizada en una existencia plena, frontal, que por ello confundía y perturbaba a los que esperan de nosotras la vergüenza, el silencio, el ocultamiento.
La Pepa decidió, en alguna instancia de su experiencia que no conocemos, o que solamente sus muy próximos pueden intuir, no matarse, en el sentido de no tomar el lugar del verdugo de sí misma. Decidió vivir, trabajar, comprometerse solidariamente, celebrar, amar, albergar esperanzas y sueños para esa vida que ella misma se dio como lesbiana visible.
 
La visibilidad de Pepa es para mí, que la conocí a través de los ojos de muchas de quienes hoy están aquí, la de su existencia lesbiana como una VIDA, con toda su complejidad, con sus límites, con sus dolores, pero con la nitidez de sus manifestaciones, corporales, amorosas, sociales, políticas.

El asesino de Pepa, su asesino material, tomó para sí la tarea que ella decidió no asumir en su existencia lesbiana, pues cuando le quitó la vida quiso quitarle esa visibilidad y sus manifestaciones reales, concretas, cercanas.

Por eso mismo el crimen de la Pepa Gaitán es un crimen de odio, más allá de las formas jurídicas que no quieren nombrar ciertas muertes.
 
Podemos entonces celebrar la vida de Pepa, hacer memoria de esa vida que venció con su existencia lesbiana a un destino de autoaniquilación, hasta que fue alcanzada por la violencia que rodea también nuestras existencias, pero sufriéndola del modo más extremo.

Celebrar a Pepa, hacer memoria de ella, sostener el pedido de una justicia real, es celebrar y hacer memoria de su visibilidad, es ofrecer a ella -y a otras tantas que han padecido y padecen la violencia lesbofóbica- un pequeño don, una ofrenda sencilla, que toma fuerza, colores, cuerpo, conciencia, en nosotras, en muchas, y la saca del lugar de la muerte al que quiso confinarla su asesino, al que quiso condenarla el orden del amo.

Las palabras antiguas pueden tener cierto valor para expresar convicciones actuales, quizás la voz de una mujer griega, de hace más de 2000 años, Antígona, quien también padeció la muerte violenta, pueda ayudarnos en el oficio de no cederle lugar al silencio.
En el momento de su ejecución el rey Creonte, quien la acusaba de no respetar las crueles leyes de la ciudad, le advirtió:
 
“- Y bien, ve a la tumba y ama a los muertos si tienes necesidad de amar."
 A lo que Antígona respondió:
 "- Abandonada como me ves, sin ningún amigo, voy a entrar totalmente viva a la fosa de los muertos.”
 
Así es como la Pepa entró en la muerte, viva, visible, digna, con la cabeza en alto, y su hermosa sonrisa a pleno vuelo, así es como está aquí hoy y seguirá estando entre nosotras.
 
Natalia Pepa Gaitán presente, ahora y siempre.
 
Flavia Dezzutto

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