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La era internet
Por Daniel Ruiz - Wednesday, Dec. 20, 2017 at 11:00 AM
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07-11-2017 / Anticipo de Prólogos de la Nueva Sociedad Capitalista

La gran mutación que se está produciendo consiste, como bien sabemos, en que estamos entrando de lleno en la era informática y de hecho, no se puede entender el actual capitalismo sin la irrupción de la revolución informática. Sin esa revolución no se habría podido constituir la nueva era capitalista, la explotación de los grandes flujos que antes he mencionado no alcanzaría la magnitud ni tendría la forma que reviste hoy en día, y la actual fase de la globalización ni siquiera habría podido acontecer.

Esta no sólo representa la extensión mundial del mercado capitalista y de su lógica productiva, sino que también instaura un nuevo orden económico que se caracteriza, entre otras cosas, por la extraordinaria densificación y por la fulgurante rapidez de las interconexiones.

Ahora bien, por importante que sea su papel en la reconfiguración del capitalismo no es sólo en el campo de la economía donde la informatización generalizada del mundo ha abierto una nueva era. En la medida en que se trata de una tecnología productora de tecnologíasla informática transforma, no uno, sino múltiples planos del mundo.

Basta con pensar, por ejemplo, en el impulso que ha dado a la ingeniería genética, con lo Post-humano como horizonte no muy lejano, o como ha ayudado a renovar la conducción de la guerra, mediante la creciente sofisticación tanto del armamento como de la estrategia militar (Drones, misiles auto-guiados, ataques cibernéticos, sin olvidar la renovación del espionaje y, más globalmente, de la inteligencia militar).

Si bien todas esas transformaciones posibilitadas por la informática son de primera importancia para configurar el mundo que nos espera, hay una de ellas que merece una atención muy especial, la que atañe al nuevo tipo de control social que se está instaurando y que está propiciando el auge de un totalitarismo de nuevo cuño.

Vigilancia generalizada, total transparencia, completa trazabilidad, acumulación ilimitada de datos, constante cruce de los mismos, análisis sistemático del ADN, derecho que se arroga el Estado de escudriñar nuestra vida privada o, lamentablemente, auto-exposiciónvoluntaria y pormenorizada de nuestra cotidianidad. Como bien sabemos, gracias a la informática, todas nuestras acciones, e incluso nuestros silencios y nuestras no-acciones, aquellas que nos abstenemos de realizar, dejan unas huellas que son cuidadosamente archivadas para siempre, y exhaustivamente tratadas por los servicios estatales así como por grandes empresas privadas.

Con lo cual, no son sólo factores políticos los que hacen que el futuro se anuncie tan densamente cargado de amenazas totalitarias. En efecto, el principal peligro totalitario no radica tanto en el auge de los sectores de extrema derecha, como en los múltiples dispositivos tecnológicos vinculados a la informática que se encuentran esparcidos por todo el mundo y que están tejiendo esa tela de araña del totalitarismo donde poco a poco van quedando atrapadas nuestras vidas.

A la vista de las transformaciones que está potenciando, entiendo que no constituye ningún despropósito afirmar que la colonización del mundo por la informática, que incluye pero que no se limita a la llamada era Internet, va a imprimir, necesariamente, nuevas características a un anarquismo que tendrá que afrontar ese entorno y desenvolverse en su seno.

Una nueva era ideológica

No sólo cambia el mundo social y tecnológico, también está mutando una esfera ideológica que se venía definiendo estos últimos siglos por la amplia adhesión al discurso construido por la Ilustración y por su adopción como fundamento de la legitimidad de una época, la Modernidad, en la que aún seguimos inmersos, pero de la que ya hemos iniciado nuestra salida.

En efecto, hoy se acepta de forma cada vez más generalizada que las grandes narrativas de la Ilustración ya no son creíbles, y que las meta-narrativas de la emancipación, del progreso, de la razón triunfante, del Proyecto a realizar, de la Ciencia integralmente beneficiosa, de la Esperanza en un Futuro siempre mejor, etc. se enfrentan a demasiados argumentos críticos para que puedan seguir fundamentando y legitimando el credo de la época en la que vivimos.

Siempre y cuando no tiremos el bebé con el agua del baño — porque es evidente que la Ilustración distaba mucho de ser un bloque homogéneo, y porque algunos de sus principios representan logros fundamentales — sólo cabe aplaudir el desmantelamiento crítico de la gran narrativa de la Ilustración y de las trampas que nos tendía. Sin embargo, resulta mucho más difícil evaluar el relato que está llamado a sustituirla para legitimar la nueva época que está emergiendo, porque ese relato aún permanece incipiente y confuso.

No obstante, entre los elementos de ese relato que comienzan a dibujarse cabe señalar la aceptación generalizada de la incertidumbre como principio sustitutivo de las certezas firmemente fundadas y fundadoras, o la sustitución de los valores trascendentes y absolutos por criterios pragmáticos con cierto aroma relativista, o la recomposición de los valores morales inscritos en la cultura occidental afín de responder, entre otras cosas, a la irrupción cada vez más probable de la condición Post humana anunciada tanto por la ingeniería genética como por la eugenesia positiva, y también por el implante intracorporal de chips RFID y otros dispositivos informáticos.

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