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Juicio Menéndez III: continúan las declaraciones de los sobrevivientes del horror
Por Re: Redaccion 351 - Monday, Jun. 17, 2013 at 9:36 PM

MEGACAUSA LA PERLA – DÍA 51

Juicio Menéndez III: continúan las declaraciones de los sobrevivientes del horror

13-06-2013 / Megacausa La PerlaPolítica y Sociedad
Etiquetas: derechos humanosh.i.j.o.sjuicio menendez IIIMegacausa La Perla

 

Declaró la testigo número 78. Irene Beatriz Bucco era militante de Montoneros junto a su esposo Néstor Enrique de Breuil. Néstor fue asesinado luego de intentar escapar del secuestro.



 
Juicio Menéndez III: continúan las declaraciones de los sobrevivientes del horrorPor Nicolás Siadis | nsiadis@redaccion351.com

Fotografía: gentileza Manuel Bomheker y Será Justicia

Irene Beatriz Bucco estaba casada con Néstor Enrique de Breuil. Ambos comenzaron su militancia política en 1973 dentro del peronismo en la organización Montoneros.

El 21 de agoste de 1976, el matrimonio se encontraba en su casa de Alta Córdoba junto a otra pareja de Rosario. Esa noche se presentó un grupo de tareas en la vivienda y les pidieron que se entreguen porque los venían a buscar. “Nosotros no nos queríamos entregar porque sabíamos lo que les pasaba a los que caían. Ya habían fusilado días antes a un compañero en una penitenciaría”, recordó.

Ambos matrimonios decidieron escapar. En ese momento, Irene y Néstor tenían dos hijas de uno y tres años de edad.  “Fue la decisión más difícil de mi vida. Las chicas no se despertaron en ningún momento así que las despedimos de dormidas y escapamos por los patios de los vecinos. Ahí comenzaron a tirotear la casa”, relató.

Los cuatro pudieron llegar hasta una obra en construcción en donde se quedaron escondidos durante un rato. Néstor fue a buscar ayuda y no regresó así que pensaron que lo habían herido o asesinado. Ahí comenzó una feroz persecución y el matrimonio de Rosario fue asesinado en plena calle. La mujer estaba embarazada y muy próxima a la fecha de parto.

Irene logró escapar y refugiarse en los techos de las casas del barrio. “Yo seguí por esa calle hasta que en un momento logré subir a un techo, ahí me quedé hasta la mañana cuando apareció un helicóptero. Ahí empecé a saltar por los techos de la casas hasta que encontré una claraboya, logré abrirla y me tiré”, comentó.

Luego de permanecer algunas horas escondida, Irene fue detenida dentro del domicilio en el que se había refugiado y trasladada a su casa. Al llegar le dijeron que buscara ropa para ella y para sus hijas,  en ese momento comenzó otro tiroteo cerca de la casa en donde fue asesinado su marido.

La testigo fue introducida en un auto y trasladada a La Perla. “Yo no sabía que existía ese lugar, creía que todos los desaparecidos estaban en La Ribera. Ahí me metieron en una oficina donde empezó el maltrato verbal”, recordó.

A los pocos días de ser secuestrada, la familia de Irene se enteró por medio de algunos contactos militares que las niñas estaban en el Hospital Militar. En ese momento, la mamá de Irene se hizo presente en el Hospital a reclamarlas y finalmente se las entregaron.

Ya en La Perla, Irene no fue alojada en lo que se conoce como “la cuadra”, lugar en que estaba el resto de los secuestrados. Recuerda que siempre estuvo aislada en una pequeña pieza y que muy pocas veces le vendaron los ojos. “Un día me hicieron poner vendas para llevarme al baño, llegamos a un lugar que estaba todo en silencio y vi que caminaba por un pasillo de colchonetas y pies”, relató.

Al Campo de La Ribera la trasladaron en el baúl de un auto días después de su secuestro. Ahí estuvo en una sala con cuatro o cinco secuestradas más. Estando en cautiverio en La Ribera, fue trasladada en numerosas oportunidades al Tercer Cuerpo del Ejército, en donde le realizaron Consejos de Guerra. “En uno de esos consejos me condenaron a 25 años, esas condenas se anularon con la llegada de la democracia”, aclaró.

Luego de un mes aproximadamente, Irene fue trasladada a la cárcel del Buen Pastor, en donde fue legalizada y comenzó a tener contacto con sus familiares. En ese momento se enteró de que sus hijas estaban con la familia. “En ese lugar estuve poco, no llegué al mes. Mi tránsito por ahí fue para legalizarme y después trasladarme a la penitenciaría”, comentó.

Los primeros días de diciembre de 1976 fue trasladada a la Unidad Penitenciaria Nº1 (UP1). Luego de unos meses en la Penitenciaría, Irene fue trasladada a Devoto, donde permaneció privada de su libertad hasta la recuperación de la democracia. En Devoto tuvo la posibilidad de reencontrarse con sus hijas después de aquella trágica noche de agosto de 1976. Finalmente, Irene recuperó la libertad definitiva en abril de 1984 y decidió radicarse en el sur del país para rehacer su vida.

Por último, la testigo brindó homenaje a la memoria de su madre, a quien agradeció por su coraje y su constancia en lo que fue la recuperación de sus hijas. “Gracias a ella es que yo ahora las tengo conmigo. Y junto a mi mamá quiero homenajear a las abuelas por su lucha inclaudicable”, concluyó.

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