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La culpa no es del Paraná
Por Carlos del Frade - Tuesday, Jul. 02, 2013 at 2:36 PM

Lunes, 01 de Julio de 2013 | (APe).- Las aguas del Paraná bajan furiosas. Ya hay evacuados en Formosa, Chaco y se esperan situaciones similares en Santa Fe. ¿Por qué los gobiernos permiten que esto se repita?. ¿Por qué es necesario subordinar las necesidades del pueblo al interés del modelo sojero? ¿Por qué la historia política del Paraná no es tenida en cuenta, aunque sea una sola vez?.

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Porque las crecidas y las inundaciones del Paraná son conocidas desde los primeros asentamientos españoles en estos arrabales del mundo e incluso fueron mencionadas por Belgrano.

El presente repite viejas postales…

-La inundación de 1905 y el pico histórico registrado en la ciudad marca el inicio de una relación compleja con el río. Las regulares riadas del Paraná provocaron que los vecinos de la ciudad estuviesen siempre muy atentos a los que pasaba sobre la margen este de la provincia. Luego de varias décadas y con riadas y estiajes más o menos importantes llegó el año 1966 con uno de los registros más importantes pero, sobre todo, porque marcó la necesidad que tenía la ciudad de protegerse en cuanto a la provisión de algunos servicios – como el caso del agua potable- y, también, a las conexiones con el resto del país a través del Paraná – sostiene la crónica de “El Litoral”, el principal diario de Santa Fe, capital del segundo estado de la Argentina.

En marzo de 1966 se informaba: “Siguen las lluvias en todo el litoral fluvial. La crecida del Paraná está generando críticas situaciones en Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe”, sin embargo el alerta no alcanza a la ciudad que mantiene el nivel estacionario en el puerto local con 5,90 metros. Al día siguiente ocurrió lo mismo cuando se vio la lectura del hidrómetro local aunque en la Nación había aflicción por lo que ocurría en el país: “Preocupación del presidente Illia sobre las zonas más devastadas por la inundación”.

Finalmente, el 14 de marzo de 1966 quedará registrado en la historia por la apertura del Canal 13 pero también por la forma en que golpeaba el agua el borde este de la ciudad. “No decae la intensidad de la onda en nuestra zona donde el nivel del río alcanza ya los 6,88 metros”. El intendente de la ciudad, Ramón Lofeudo, decidió recorrer varios de los barrios afectados como Barranquitas, Centenario, Cementerio Municipal, Costanera y Guadalupe.

El miércoles 16 se registró el pico máximo con 6,94 metros. El Litoral pintaba una esperanza con el título que remarcaba que apenas había crecido un centímetro en las últimas veinticuatro horas y, efectivamente, había pasado el lomo de la crecida. Pero luego vendrían las consecuencias: la seria afectación de toda la Costanera Vieja, incluido el parque Oroño, con roturas y socavones.

-Otro derrumbe en la Costanera, tituló El Litoral el 21 de setiembre de 1983. Allí se describía que había cedido un tramo del paseo costero de unos 35 metros de extensión, avanzando sobre toda la vereda este, sobre avenida 7 Jefes entre Río de Janeiro (hoy Luciano Molinas) y Domingo Guzmán Silva, y se pedía a las autoridades urgentes estudios para determinar la estabilidad de los suelos en la zona.

“Se necesitaron apenas siete días más para que el diario de Santa Fe titulara en tapa: “Se desplomó el Puente Colgante” y podía leerse: “Una novedad verdaderamente lamentable se registró en nuestra ciudad exactamente a las 16.30 cuando la presente edición iba a entrar a máquina. El Puente Colgante se desplomó. Era uno de los riesgos que trajo consigo la inundación que asoló la ciudad de Santa Fe y a la zona de influencia durante un tiempo tan prolongado. En pocos minutos y tras difundirse la noticia fue llegando al lugar una gran cantidad de personas”.

La tristeza que provocó la caída del querido puente tendría una segunda parte en la tapa del día siguiente: “Ante una despedida que quiere ser hasta luego”. En ese artículo se recordaba que “el 8 de junio de 1928, sin público, sin autoridades, sin cintas simbólicas, quedaba librado al servicio público el puente acueducto tendido por Obras Sanitarias de la Nación sobre la laguna Setúbal. Ayer, a las 16.25, a poco más de 55 años de aquel momento, gran parte de las queridas estructuras claudicó al ceder la base del pórtico del lado este, sometido a los efectos de las intensas socavaciones. Y si el día de su inauguración el puente Ingeniero Marcial Candioti pasó prácticamente inadvertido, ayer, en el momento supremo de su final, fue acompañado con la congoja de los santafesinos, el asombro de quienes algunas vez lo admiraron como turistas y la curiosidad de todos aquellos que, aún sin conocerlo, identificaban a la ciudad con sus aéreas formas”.

Era el final de un ciclo de inundaciones repetidas a lo largo de 1982 y 1983 con arremetidas que, ubicadas entre las más importantes, provocaron esta pérdida. A mediados de agosto de 1982, hubo varios picos con una altura del río cercana a los seis metros.



Fuente: “Lo que Salado sigue gritando”, libro escrito por Julieta Haidar, Miguel Cello y Carlos del Frade, presentado en abril de 2013 en la ciudad de Santa Fe.

Foto: gentileza diario Clarín

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