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Dossier Raymundo Gleyzer y el cine militante
Por Rongas - VideoIndy - Saturday, Jun. 15, 2002 at 10:15 AM
videoarg@indymedia.org

Se trata de un aporte para la comprensi贸n de nuestra historia, y para la construcci贸n colectiva de nuestro presente. En la primer parte se encuentra una selecci贸n de fragmentos del libro ‘El cine quema’ que reconstruye la biograf铆a de Raymundo Gleyzer a partir de testimonios de sus familiares y compa帽eros de ruta. Luego, abajo, una peque帽a investigaci贸n a trav茅s de la red internet, en la que se trata de localizar sitios con informaci贸n relevante sobre el mismo director. Dossier abierto, invitamos a todos y a todas a que aporten la informaci贸n que ampl铆e nuestra comprensi贸n del legado de RG.

Dossier Raymundo Gle...
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Los fragmentos publicados fueron extra韉os de ‘EL CINE QUEMA. Raymundo Gleyzer’, texto escrito por Fernando Mart韓 Pe馻 y Carlos Vallina, tras diez a駉s de investigaci髇, con la autorizaci髇 de FMP. Fue publicado en julio de 2000, en la Colecci髇 Personas de Ediciones de la Flor, en la ciudad de Buenos Aires, con una tirada de tres mil ejemplares.

El texto est� escrito a partir de un excelente montaje de testimonios, que fueron organizados a trav閟 de un desarrollo casi dram醫ico (o literario), alejado de las parsimonias y esquematismos t韕icos de la reconstrucci髇 hist髍ica m醩 frecuente y pretendidamente ‘objetiva’. Este montaje textual no s髄o tiene el m閞ito de permitir una lectura 醙il y comprometida con la subjetividad de quienes narran su historia, en primera persona, sino que fundamentalmente termina proponiendo un modo de reconstrucci髇 de ‘la’ Historia que se basa en una voz m鷏tiple y colectiva, dial閏tica, en la que las tensiones y contradicciones de todo proyecto colectivo tienen lugar en el relato que las organiza.
Las similitudes con la historia presente son sorprendentes, y de ah� la necesidad de reflexionar y conocer la experiencia acumulada.

CINE DE LA BASE (1973) (pags. 137-140)

Nerio Barberis: Cine de la Base nace como una necesidad de Raymundo, que es un realizador con un objetivo pol韙ico, y que debe mostrar lo que ha hecho. El problema de la distribuci髇 era el mismo que hay ahora. Ten閟 una pel韈ula, pero despu閟 no se la pod閟 mostrar a nadie. Entonces Raymundo, que ya hab韆 sufrido eso con M閤ico, la revoluci髇 congelada, concibi� un grupo que distribuyera. Cine de la Base nace como un grupo cuya funci髇 era distribuir los materiales que se produc韆n. B醩icamente para que Los traidores se pudiera ver. La pel韈ula estaba hecha, 閘 no ten韆 ning鷑 inter閟 en que la pel韈ula se diera en una sala: ten韆 que ir a la base y la base no iba al cine. Al cine iba la clase media. Peor si la pel韈ula la pon韆n en una sala de arte. El quer韆 que la pel韈ula se viera en las villas, en los sindicatos, que la vieran los sectores populares. Desde ese punto, entonces, se concibe Cine de la Base, como un grupo de distribuci髇, que adem醩 se plantea luego producir. Seg鷑 yo lo recuerdo, 閘 concibi� Cine de la Base as�. Luego se prioriza la producci髇, porque el grupo se va sintetizando, se va transformando con la historia del pa韘, que va a una velocidad extraordinaria.


Raymundo pensaba en un grupo de distribuci髇 abierto, no planteaba que la pel韈ula perteneciera a alguna organizaci髇 pol韙ica. La muestra a mucha gente, a dirigentes sindicales del peronismo, del lado antivandorista, alrededor de la CGT de los Argentinos. La informaci髇 b醩ica de la pel韈ula proviene de gente que estaba en el peronismo de base. Nunca del PRT ni de nada por el estilo. No hubo ninguna experiencia del PRT en nada de la pel韈ula... B醩icamente la pel韈ula se empieza a proyectar en un mont髇 de lugares, donde la base fundamental era gente de JP...


Y cuando aparece el grupo tambi閚 aparecen las relaciones pol韙icas externas al grupo, y se dan v韓culos con gente de otros lugares, gente de La Plata, gente de C髍doba, gente de Tucum醤, un mont髇 de gente. Este es el contexto real: a nosotros nos preocupaba la transformaci髇 de la sociedad y nuestra herramienta era el cine. Entonces, alrededor del cine, constru韆mos. Y si bien la relaci髇 con la organizaci髇 pol韙ica era constante, hab韆 una gran independencia, porque generalmente en la organizaci髇 hab韆 muy poca gente que entend韆 el valor de lo que se hac韆. Nosotros intent醔amos generar una pol韙ica cultural desde nuestro lado, hab韆 mucha gente que lo quer韆 hacer. Pero en el partido (PRT) eso fue parte de la serie de errores demostrados en el accionar pol韙ico...


Porque arriba-arriba entend韆n, pero un escal髇 para abajo ya nadie entend韆 nada. Entonces nosotros nos escud醔amos diciendo: “Arriba-arriba entienden”. Alguien hab韆 dicho: “El cine es estrat間ico”. Nosotros lo us醔amos como argumento cuando hab韆 alg鷑 problema: “Maestro, mir� que arriba dijeron que el cine es estrat間ico”. “Es verdad”. “Entonces no jodan. D閖ennos tranquilos”. Y hab韆 una autonom韆 absoluta en ese mecanismo. Nosotros plate醔amos esto y ped韆mos y busc醔amos que se nos abrieran los espacios de comunicaci髇, que tuvi閞amos recursos, que tuvi閞amos la posibilidad de profundizar en el tema de la exhibici髇...

Luis Mattini: “(...) en t閞minos absolutos, el PRT no estaba en condiciones de canalizar las inquietudes de ese activo sector social (los trabajadores de la cultura) que iniciaba un per韔do de crisis.


No puede decirse que esta debilidad para tratar el problema de la intelectualidad, especialmente de los artistas, haya sido exclusiva o peculiar del PRT, sino que es algo que persiste en el conjunto del movimiento revolucionario y progresista no solo nacional sino mundial. Es un importante aspecto de la vida en que el marxismo contin鷄 rezagado con respecto a su decisiva influencia en otras disciplinas como las ciencias sociales o naturales. El error criticable del PRT era pensar que esa cuesti髇 la ten韆 resuelta como supuestamente ten韆 resueltos los problemas pol韙ico, sociales y econ髆icos.


Con todo, Santucho y alguno de los hombres m醩 cultivados de la direcci髇 del Partido, siendo partidarios del realismo como expresi髇 est閠ica, estaban mucho m醩 all� de las simplificaciones con que se tomaba la f髍mula ‘arte de compromiso’, tan en boga en los sesenta, o con la banalizaci髇 del arte en un supuesto ‘realismo socialista’ a ultranza. En ese sentido se part韆 del principio de que el primer deber del artista no era tanto declamar su ‘compromiso’ revolucionario sino hacer buen arte.


Pero no pasaban mucho m醩 all� las elaboraciones de la direcci髇 del PRT con respecto a los lineamientos pol韙icos para la intelectualidad progresista, y todo esfuerzo volcado sobre ese sector ten韆 un car醕ter fundamentalmente org醤ico, fuertemente utilitario, destinado al aprovechamiento concreto e inmediato de la pol韙ica ‘legal’.


As�, falto el Partido de madurez sobre el tema, sin lineamientos adecuados para desarrollar una eficaz pol韙ica sobre el 醨ea, la tarea quedaba en manos de la iniciativa de quienes ten韆n esa funci髇 espec韋ica y la llevaban adelante de acuerdo a sus propias capacidades y talentos y conocimientos, incluidos los prejuicios y las visiones estrechas las m醩 de las veces...


Pero la fuerza de la lucha pol韙ica de la Argentina de los sesenta y setenta era tan enorme y el prestigio del PRT-ERP tan creciente, que muchos intelectuales se incorporaron a pesar de las limitaciones que he comentado. Se transformaron en abnegados militantes y aun refunfu馻ndo o protestando por los esquematismos partidarios.


Ahora bien, esta actitud del Partido hacia los intelectuales, dificultaba que estos pudieran influir directa o indirectamente a la propia clase intelectual, ese sector social que posee el acceso a los medios de comunicaci髇 de masas, sea en el 醨ea social, est閠ica o cient韋ica. En esos sectores sociales prevalecieron siempre las corrientes pol韙icas tradicionales y una creciente influencia de Montoneros. Eso explica en gran medida el desfasaje que existe entre el desarrollo alcanzado por el PRT-ERP, tanto militar como su influencia en importantes regiones o sectores de masas y la desinformaci髇 p鷅lica, tanto argentina como mundial.

Alvaro Meli醤: Por parte de ninguna de las vanguardias pol韙icas exist韆 la m醩 m韓ima concepci髇 de lo que era una cultura revolucionaria, ni en t閞minos conceptuales, ni pr醕tico, ni te髍icos, ni metodol骻icos. Esto lo he conversado con compa馿ros de diferentes pr醕ticas pol韙icas. Las urgencias pasaban por encima del tema cultural en forma absoluta. La abertura era solamente un 醨ea de b鷖queda de apoyo pol韙ico, pero en t閞minos individuales, nunca de recreaci髇 de una cultura. Esa contradicci髇 la vivimos todos y en eso se debati� Raymundo, como toda nuestra generaci髇. Hab韆 una estrategia pol韙ico-militar, pero nunca una contribuci髇, por el lado de la cultura, que se integrara a esa estrategia de forma dial閏tica. Eso nunca existi�. Lo que hab韆 era una serie de tipos que daban 髍denes, y despu閟, otra serie de tipos como Raymundo, que por ah� se pasaban el d韆 circulando por Buenos Aires para dejar la prensa del Partido a los contactos que ten韆. Esa era la realidad.


FRAGMENTOS LIBRES (Sobre la “contrainformaci髇”).

P.215: En 1968 Fernando Solanas y Octavio Getino hab韆n dado a conocer el film La hora de los hornos, que no solo fue un poderosos emergente de la resistencia peronista a la sostenida proscripci髇 pol韙ica iniciada en 1955, sino que adem醩 demostr� que era factible pensar en un circuito alternativo y clandestino para que se desarrollara un cine que pudiera mantener sus contenidos ajenos a la fuerte censura oficial del per韔do. La pieza clave para el desarrollo de semejante circuito, dentro del pa韘, eran las organizaciones pol韙icas que, tambi閚 desde la clandestinidad, enfrentaban a la dictadura. Solanas, Getino, y todo el grupo Cine Liberaci髇 realizaron su trabajo de difusi髇 integrados en actividad de la Juventud Peronista y eventualmente de Montoneros. Para Raymundo Gleyzer, en cambio, esa opci髇 era dif韈il. Como cualquier intelectual argentino en esos a駉s debi� debatir su propia posici髇 ante el peronismo: resignarse ante su car醕ter de movimiento popular y representativo de la clase obrera y confiar en la conducci髇 de Juan Domingo Per髇, que entonces digitaba su regreso al pa韘 desde el exilio en Espa馻, o bien mantenerse al margen de esa mayor韆 pero fiel a sus experiencias formativas.

P.219: Lo que mejor vincula ambas obras (La hora de los hornos y Los traidores), sin embargo, es la com鷑 voluntad de contrainformar, de presentarse como veh韈ulos de todo aquello que la versi髇 oficial omite o niega, como obras que muestran y dicen lo que no puede mostrarse ni decirse. Esa vocaci髇 es la condici髇 prioritaria del cine militante: la necesidad de alguna forma de clandestinidad surge precisamente desde la obstinaci髇 en la oferta de esa otra informaci髇. Con el enemigo al frente, claro y definido, el cine militante de entonces cumpli� con la necesidad popular de ser “la voz de los sin voz”.

P.217: “Desde entonces hasta el final de su vida Gleyzer insisti� en su b鷖queda de una forma que fuera accesible y directa, y que a la vez no traicionara las complejidades de las problem醫icas tratadas. Los films deb韆n entretener y concientizar al mismo tiempo, pero la eficacia de la segunda funci髇 depend韆 de la eficacia de la primera. Persuadir resultaba mucho m醩 interesante que agitar y por eso, tras la experiencia limitada de los Comunicados, Gleyzer y Meli醤 decidieron priorizar la exposici髇 de una determinada informaci髇 (o “contrainformaci髇”) con todas sus variantes, antes que adoptar un punto de vista 鷑ico. Lograr la identificaci髇 del espectador antes que distanciarlo con formalismos. Esas intenciones supon韆n explotar algunas de las caracter韘ticas m醩 antiguas del cine y por eso en Los traidores se pueden reconocer ciertas marcas de g閚ero (el policial, el melodrama) y la insistencia casi obsesiva en definir como espacio geogr醘ico una Buenos Aires cotidiana, no pintoresca y de verosimilitud incuestionable.


LA DIFUSI覰 (1973-1975) (pags. 145-156).

Juan Greco: Yo hab韆 estado en Suecia varios a駉s y cuando volv�, entr� en una rama de Cine Liberaci髇. Por un lado, estaban Octavio Getino y Pino Solanas, y por el otro, estaban Enrique Ju醨ez, Cuan Carlos A耋n y otros muchachos, que hab韆n hecho Es tiempo de violencia, un mediometraje documental sobre el Cordobazo. Eran dos grupos bastante independientes. Yo estaba con Ju醨ez y lo que hac韆mos ah� era m醩 militancia que obra: proyect醔amos La hora de los hornos, proyect醔amos la pel韈ula de Quique, hac韆mos debates... Yo soy marxista, nunca fui peronista, pero no soy un ortodoxo, as� que estaba ah� buscando un espacio, medio ingenuamente...


En ese momento se estaba haciendo Los traidores y recuerdo que tuvimos una reuni髇 con Raymundo y Alvaro en la casa de Getino para buscar puntos de acuerdo entre los dos grupos. Ah� lo conoc�. Cine de la Base todav韆 no exist韆 como entidad. Se arm� una discusi髇 pol韙ica fuerte: Octavio era una te髍ico muy s髄ido y Raymundo ten韆 un tonito socarr髇 que usaba cuando quer韆 ser punzante. Fue muy duro ese d韆, termin� en un despelote infernal. Pero con Raymundo hablamos un poco, cambiamos tel閒onos, y un d韆 me llama, vamos a tomar un caf� y me dice: “縌u� mierda est醩 haciendo con estos peronachos...?”. Me habl�, me habl�, estuvimos b醩icamente de acuerdo pero yo le respond� que prefer韆 agotar esto en lo que hab韆 cre韉o, que ten韆 que hacer este camino. Quedamos en contacto, nos vimos varias veces, pero yo segu� en Cine Liberaci髇.


Entonces empez� la violencia, hab韆 huelgas, atentados... me acuerdo de loa tentados a los bancos yanquis, que les tiraban una molotov. Los grupos peronistas que hac韆n eso nos avisaban y entonces 韇amos y lo registr醔amos cinematogr醘icamente, desde adentro de una auto, filmamos cosas ins髄itas: cuando tiraban la bomba, la cana reprimiendo... una cantidad de cosas, que despu閟 no se usaron nunca pero integraban un archivo que quer韆 tener Quique. Un d韆 me llama por tel閒ono, me dice que hab韆 estado con unos compa馿ros, que se iba a crear un grupo armado y que yo ya los iba a conocer. Yo le dije: “Mir�, Quique, un grupo armado... no s�, es para hablarlo...”. Pasan algunos d韆s y tenemos una reuni髇, en la que Quique informa que los contactos hab韆n avanzado y que, bueno, ten韆mos que cambiar la c醡ara por el fusil. Que tenemos que pasar a formar parte de Montoneros. Yo le digo: “No, vos est醩 en pedo...”. Hubo una discusi髇 pol韙ica muy seria, vino uno de los popes montos a charlar conmigo... En realidad, no fue una charla sino m醩 bien un juicio que me hicieron en el que me trataron de “pequeb�”, de intelectual, de zurdo... bueno, menos puto, me dijeron de todo. Termin� mal la cosa, yo qued� muy mal... pero me fui. De esas reuniones creo que el 鷑ico que vive es A耋n.


Despu閟 de eso me puse en contacto con Raymundo, ya estaba terminada Los traidores y hab韆 empezado a existir Cine de la Base. Con 閘 se dieron dos niveles de relaci髇: por un lado, estaba la pol韙ica, y por otro, mucha amistad. Hubo mucho cari駉 en lo personal y mucha pelea en el trabajo pr醕tico. Porque era muy dif韈il laburar con Raymundo: era desbolado, ir髇ico, jodido, hiriente.. Pero reconoc韆 sus errores, sab韆 arreglarlos, si te gustaba la ginebra te iba a visitar y te regalaba una botella de ginebra... sab韆 pedir perd髇 de esa forma, sin dec韗telo.

Jorge Giannoni: Cuando ac� se dio la apertura con C醡pora y todo eso (yo estaba en Europa y Raymundo) me dijo: “Bueno, venite, porque ac� hay muchas posibilidades...”. Cambiaba todo. Entonces vine y ah� empezamos a organizar la difusi髇. Pero C醡pora estuvo pocos meses, no dur� nada. Y a partir de eso dijimos: “No, ac� no quieren”. Porque si quisieran, 縫or qu� lo iban a sacar? 縋or qu� sacar a Righi, que era ministro del Interior? Todo ese equipo fue la esperanza y dur� poqu韘imo. Cre韒os que con los diputados que hab韆, con las organizaciones intermedias, con los sindicatos, se pod韆 ir tratando de armar un frente.

Jos� Mart韓ez Su醨ez: La noche que gan� C醡pora, yo me sent韆 desolado, verdaderamente. No soy peronista. No lo he sido nunca. No comparto para nada las caracter韘ticas del peronismo. As� que esa noche estaba preocupado. Y un poco m醩 tambi閚; sent韆 una cantidad de cosas: desagrado, incomprensi髇, verg黣nza... Mi mujer me dijo: “縑amos a ver los actos?”. Le pregunt�: “Pero, 縞髆o se te ocurre?”. “Esto es historia, no lo podemos obviar”, me dijo. As� que salimos caminando hasta la calle Santa Fe, deb韆n ser las diez y media, once, verdaderamente hab韆 fervor en la calle; supongo que mi rostro contrastaba con el de todos los dem醩.


Cuando llegamos a la esquina de Canning y Santa Fe nos paramos porque yo no quer韆 seguir m醩. Entonces viene un coche, desde el este, y dobla a la izquierda por Santa Fe. En el asiento de atr醩 viene Raymundo Gleyzer que, cuando el coche me pasa al lado, me grita: “Viva Per髇, Mart韓ez Su醨ez, carajo!”. Le hice un corte de manga, gesto grosero y fraterno que fue nuestra despedida, porque nunca m醩 nos vimos.

Jorge Giannoni: Nuestro programa fuerte era Los traidores y Operaci髇 masacre. Eran las pel韈ulas que la gente quer韆 ver porque (serv韆n) para el debate. Porque Operaci髇... planteaba la memoria hist髍ica, digamos, de la Libertadora, y Los traidores planteaba el problema de la burocracia y lo proclives a la traici髇 que son los bur骳ratas. Todos temas que vienen desde el peronismo. A la gente le interesaba ver eso, porque a partir de ah� empezaban a discutir debilidades o no de sus dirigentes, cu醠 era el proyecto que les serv韆... Es tiempo de violencia –lo de Quique Ju醨ez- tambi閚 lo difund韆mos, y todos los cortos de los realizadores de Mayo . Cosas que se hab韆n hecho en Santa Fe y lo de las torturas que hab韆n hecho los de La Plata.

Fernando Birri: Si se toma una pel韈ula como Los traidores, por ejemplo, y se toma otra como Operaci髇 Masacre, de Jorge Cedr髇, se advierte que el sentimiento y el proyecto, en todas sus posibles variantes, est醤 del mismo lado. Esto es lo que a veces, me parece, no se ha sabido ver y ha determinado una fragmentaci髇 de los movimientos. En el caso concreto de Raymundo, tambi閚 ha determinado una marginalizaci髇 de su obra, una falta de colocaci髇 de la importancia de esa obra en el contexto de una cine espec韋icamente argentino.

Jorge Giannoni: Si bien ten韆mos dogmatismos –una visi髇, digamos, m醩 ut髉ica del socialismo- quer韆mos demostrar que no hab韆 solamente un proyecto nacional, que hab韆 distintos y que hab韆 que discutir cu醠 era el que serv韆 para la Argentina. Porque siempre dud醔amos hasta d髇de iba a sostener el peronismo la consigna “liberaci髇 o dependencia”.


(Los de) Cine Liberaci髇 fueron los primeros que empezaron (con la distribuci髇 clandestina) con La hora..., pero despu閟 siguieron con cosas m醩 dogm醫icas como Actualizaci髇 pol韙ica y doctrinaria..., los discursos de Per髇 y todo eso, que era excluyente porque era un material m醩 de ellos. Eras peronista y aceptabas eso o, si no, nada. Y bueno, nosotros seguimos la experiencia, pero con una concepci髇 m醩 amplia.

Jorge Santamarina: Proyect醔amos en barrios, en departamentos...Cuando era en departamentos, es decir, cuando estaba la posibilidad de cobrar, propon韆mos una colaboraci髇 voluntaria.

Juan Greco: Empezamos a trabajar en dos l韓eas. Por un lado estaban las proyecciones “pequeb�”, que se hac韆n entre la clase media, cobrando una colaboraci髇. Ibamos a Barrio Norte, se juntaban cuarenta personas, pas醔amos la pel韈ula y despu閟, por su puesto, hab韆 whisky, masitas y en el debate todos ten韆n pipa. Era toda una reuni髇 social. Junto con esto estaban las proyecciones que se hac韆n en las facultades de Derecho, Ingenier韆, Medicina... Yo he estado en proyecciones con dos mil personas.


Por otro lado, estaban las villas y los barrios obreros. Nosotros ten韆mos contacto con una villa que est� en el Camino Negro, atr醩 de Banfield, cerca del Puente La Noria. Hab韆 seis hermanos tucumanos, muy militantes. Fuimos varias veces (ah� no se cobraba, es obvio), se armaba la proyecci髇 y yo tengo los recuerdos m醩 hermosos de los debates que sal韆n de ah�. Nos cuid醔amos mucho, respet醔amos, porque la mayor韆 de la gente era peronista. Terminaba la pel韈ula y habl醔amos sin bajar ninguna l韓ea. Ah� ve韆s el valor de Los traidores: la gente se identificaba, identificaba a los personajes, se hac韆n discusiones pol韙ica hermosas. Nosotros no capitaliz醔amos esa acci髇, la capitalizaba la gente. Eramos mediadores y habl醔amos a trav閟 del cine. Despu閟 hab韆 un responsable pol韙ico del Partido en la villa o en el barrio, y 閘 manejaba esa l韓ea de la discusi髇, que por lo general pasaba por problemas que la gente ten韆 en ese momento.

Nerio Barberis: Se llagaba a un lugar y se pasaba, por ejemplo, la pel韈ula del cuarto congreso del FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo), Los traidores, Informes y testimonios... en distinto programas. Y nosotros dec韆mos que con toda libertad, quer韆mos proyectar nuestras cosas y que luego se hiciera debate. La experiencia era que cuanto m醩 proyectabas, m醩 te dabas cuenta de la potencia brutal de lo que estaba pasando. En la medida en que fuimos creciendo, nuestra apreciaci髇 de las zonas grises se fue ampliando. Fuimos entendiendo. El FAS ayud�... yo no hab韆 visto un campesino en mi vida. A los obreros los hab韆 visto en los cines. Mi realidad con la clase obrara eran los obreros que conoc� en las f醔ricas de mi pap� y de mi t韔. Esto es importante. Raymundo s� se met韆. Raymundo fue al campo, hizo documentales. Por eso en alguna medida “vanguardizaba” lo que hab韆 que hacer. Su relaci髇 con el cine lo hab韆 puesto m醩 en contacto. Pero en la medida en que crec韆 esta relaci髇 con el cine, con el FAS, con hecho de ir a llevar las pel韈ulas a una villa miseria, crec韆 tambi閚 nuestra percepci髇 de las cosas... Yo nunca hab韆 entrado en una villa miseria. Cuando entro, hablo con la gente y veo que puedo hablar de iguala igual percibo ese fen髆eno de gran comunicaci髇 de clases que produce la etapa de los 70. Ah� empez醩 a aprender que la cosa es m醩 amplia. En muchos de los lugares a los que 韇amos no hab韆 vinculaci髇 con los trabajos del FAS. Porque de golpe, el FAS no ten韆 grandes trabajos. Eran lugares en los que nos recib韆 gente del peronismo, lo que hablaba de una fuerte comunicaci髇.

Jorge Giannoni: Desde la Universidad (de Buenos Aires) montamos una Cinemateca del Tercer Mundo, que pretend韆 retomar lo que se hab韆 hecho antes en la Escuela de Santa Fe. Todo eso no se logr�. Lo que logramos fue juntar pel韈ulas y hacer distintos encuentros. Hicimos dos Semanas, una de Cine Latinoamericano y otra de Cine Arabe-Africano, y trajimos a los directores: los llevamos a estos “safaris” que organiz醔amos y la gente quedaba loca. Lleg醔amos a un pueblo y estaba el carrito para difundir: “Hoy a tal hora, en tal lugar, se proyectar� ...”. Se daba una vuelta al pueblo con el parlante para indicar d髇de iba a ser; mont醔amos las pantallas esas que se abr韆n esas rusas grandes, que no sab韆mos por qu� las ten韆 el SARCU (Sociedad Argentina de Relaciones con la URSS); pon韆mos el proyector y proyect醔amos. Despu閟 que proyect醔amos le dec韘 a la gente: “En fin, compa馿ros, hemos proyectado estas cosas... Si hay alguna pregunta, porque ac� est� el director” o “El director ha dicho que quiere saber lo que ustedes opinan”. Siempre los motiv醔amos de alguna forma para que hablaran. Como en la 閜oca la gente no ten韆 miedo o verg黣nza para hablar, se prend韆n. Y la pel韈ula era una pretexto para hablar de los problemas de ellos.


El circuito estaba en la base de una cantidad de proyectores que ten韆mos. En esa 閜oca llegamos a acumular treinta proyectores, que no eran propios, sino de entidades vinculadas (a las que) les d醔amos la programaci髇. Arm醔amos (...) un ciclo en el cual ven韆 el programita con la ficha t閏nica... Entonces se lo d醔amos al grupo de base que operaba territorialmente en alguna zona y con esa informaci髇 la gente proyectaba y debat韆 sobre eso. (...) A trav閟 de esas pel韈ulas la gente ten韆 una visi髇 m醩 clara del Tercer Mundo: qu� pasa en Africa, qu� pasa en Am閞ica Latina, c髆o la ve uno, c髆o la ve el otro...


Hac韆mos barrios, universidades y sindicatos. Est醔amos vinculados a una corriente clasista antiburocr醫ica en el movimiento obrero, que variaba de tonalidad seg鷑 los sindicatos y los lugares. Pero trabaj醔amos en ese margen. (As�) como a nivel universitario trabaj醔amos independientemente de las propuestas dogm醫icas de algunos centros, que estaban hegemonizados por el peronismo, la JP o de color estrictamente montonero, que no permit韆n nada m醩 que lo de ellos. Ten韆n una visi髇 unidimensional y cambiante: en “El descamisado” las posiciones todas las semanas eran distintas, interpretativas de lo que quiso decir Per髇. Porque en esa 閜oca se viv韆 as�: “no, el Viejo dijo esto, pero en realidad quiso decir lo contrario”.


(Pero) era variado, porque nosotros pod韆mos tener una excelente relaci髇, por ejemplo, en Salta, (con) dirigentes de origen peronista, cosa que ac� no logr醔amos. O C髍doba, con Tosco, que abarcaba mucho m醩 que la izquierda e inclusive era respetado por sectores peronistas. O Tosco y Salamanca, que eran dos vertientes (pero) se respetaban y pod韆mos usar los sindicatos de ellos para proyectar. Depend韆 del lugar. Nosotros nos plate醔amos a nivel de base. Nuestra relaci髇 oficial mayor era a nivel de municipio. No quer韆mos m醩... Ya para arriba consider醔amos que estaba putrefacto.

Nerio Barbieris: Lo importante que yo recuerdo del grupo de Buenos Aires es que no todos eran militantes del PRT. Era gente que simpatizaba globalmente con lo que estaba pasando pero nada ten韆 que ver con la organizaci髇 pol韙ica. Simpatizaban con Cine de la Base y la posibilidad de proyectar las pel韈ulas que se filmaban, con este fen髆eno de documentar la realidad. En Buenos Aires llegamos a ser quince. Recuerdo un grupo de ocho personas que eran Cine de la Base en C髍doba, por ejemplo.

Alvaro Meli醤: Hab韆 dos franceses, que eran profesores en la carrera de Cine de la Universidad de C髍doba. Yo viaj� varias veces, hac韆mos cosas juntos pero pol韙icamente eran independientes. Varias veces les pasamos material y cuando nosotros filmamos algo all�, ellos nos apoyaron.

Juan Greco: En C髍doba recuerdo que hicimos un encuentro, al que fue gente de todo el pa韘 que adher韆 a Cine de la Base: hab韆 gente de La Plata, gente de Tucum醤..., y bueno, toda la gente de C髍doba, que eran bastantes. De aqu� fuimos Nerio y yo, y recuerdo que se escribieron algunas cosas espec韋icamente para ese encuentro.


La idea, que hab韆 sido de Raymundo, era ver c髆o pod韆mos tener un funcionamiento org醤ico, crear una red de Cine de la Base. Porque en el interior hab韆 muchos menos recursos de los que hab韆 ac�, lo que hac韆n lo hac韆n por la militancia y por el amor al cine. Primero hab韆 que ver qu� era lo que se estaba haciendo en cada lugar, es decir, contar las experiencias de todos. Se aprendi� much韘imo, porque en la mayor韆 de los casos las experiencias no ten韆n nada que ver con lo que pasaba en Buenos Aires. Y en una segunda instancia se trataba de ver de qu� manera pod韆mos contribuir para que no se dependiera tanto de Buenos Aires, que pudieran autogestionarse, digamos. Ellos ya hac韆n sus propias producciones y hab韆 que ver de qu� manera darles una mano para que pudieran hacer sus propias pel韈ulas.


Fue una de la experiencias m醩 lindas que me toc� en aquellos a駉s. Fue espectacular. La gente era maravillosa y hab韆 una solidaridad...

Jorge Giannoni: Se discut韆n temas ligados a la difusi髇 y a la mejor eficacia de la distribuci髇 de los materiales; (ver) si los programas que nosotros arm醔amos les serv韆n. O sea, tratar de darles tambi閚 una incorporaci髇, porque mandarles de Buenos Aires todo impreso el programa y las pel韈ulas, nos parec韆 un poco autoritario.

Nerio Barberis: Cuando se produce el desarrollo de Montoneros, tambi閚 se produce una ruptura: Cine Liberaci髇 se queda como Cine Liberaci髇 y un grupo de cineastas se liga entonces con lo que se conoci� como los grupos especiales de Montoneros: Ju醨ez, Cedr髇, Szir... Y hab韆 otra gente ligada a ellos. Pero ellos ya no eran Cine Liberaci髇. El di醠ogo con Cine Liberaci髇 queda roto en 1974 y se rompe b醩icamente cuando en Canad�, en un encuentro de cine (creo que es Solanas el que lo plantea), dicen que en la Argentina hay un gobierno popular y hay que apoyarlo. Ya entonces la Triple A hab韆 liquidado a Silvio Frondizi y nuestro sector planteaba que el fascismo estaba dirigido desde el Estado, as� que desde entonces hubo una ruptura irreparable con ellos.

Jorge Giannoni: Ya a mitad del ’74 se pudri� todo porque no hab韆 di醠ogo y era muy sectario. Hay que tener en cuenta que hubo una transformaci髇 tambi閚 en los sectores revolucionarios del peronismo, porque Firmenich (al principio) no era nadie hasta que empez� a hegemonizar porque Quiero cay�, porque cayeron los l韉eres hist髍icos, como Osatinsky, como todos con los que hab韆 alguna referencia en estas cosas...


Cuando apareci� Firmenich vino una sectorizaci髇 y el que no era de la ‘orga’ de ellos estaba afuera. Antes era mucho m醩 f醕il el di醠ogo con los dem醩. El Negro Quieto desaparece de Capital y despu閟 aparecen estos otros que eran el dogma. Adem醩 establecen los grados militares, y son capitanes y tenientes, y los dem醩 se tienen que cuadrar cuando les dan la orden. Entonces, pero 縬u� carajo?... Echamos a los militares y ahora estos son militares.

Germ醤 Salgado: Mi contacto con Cine de la Base fue a mediados del ’74... Antes estaba en otro club del que despu閟 no qued� nadie, salvo Ismael Vi馻s. Me incorpor� porque un par de a駉s antes hab韆 estado garabateando un gui髇 sobre la historia pol韙ica argentina pero desde un 醤gulo, digamos, m醩 de izquierda. Era una obra as�, muy ambiciosa, era como filmar la Biblia. En un momento tuvo visos de poder hacerse, pero luego se aceleraron mucho las cosas. Yo me fui del otro grupo con un amigo, sab韆 algo de Cine de la Base y le ped� a este amigo m韔 que me hiciera el contacto. Hab韆 un acto en el Congreso, antes de la muerte de Per髇, y me dijeron: “And�, que te van a contactar”. “Pero en el Congreso debe haber, no s�, veinte mil personas... 緾髆o me van a contactar?” “Vos and�”, me dijeron. Y bueno, fui, y estaba como un pavote ah� parado y aparece Juanita, nos saludamos y fue una sorpresa, porque yo la conoc韆 con Raymundo de haberlos visto en la Asociaci髇 de Cine Experimental, unos diez a駉s antes. No sab韆 que estaban en Cine de la Base.


Ten韆mos una reuni髇 por semana, de tipo pol韙ico, pero aparte de las coincidencias ideol骻icas 閞amos muy amigos, as� que nos ve韆mos, nos re韆mos mucho. Las reuniones pol韙icas normalmente eran en casa de Raymundo, muy temprano, a las cinco de la ma馻na, por el tema de la seguridad. El ten韆 un departamento en Federico Lacroze y Luis Mar韆 Campos, piso 22. Me acuerdo porque una vez tuve que subir el proyector por la escalera porque no andaba el ascensor.

Juan Greco: Se hablaba sobre lo que hab韆 pasado esa semana, un hecho militar o un hecho pol韙ico, y hab韆 una bajada de l韓ea, si el partido hab韆 tomado alguna posici髇 con respecto a algo de eso. A veces ten韆mos temas muy puntuales, se analizaban y se discut韆n los editoriales de “El combatiente”. Y despu閟 se trataban las cosas pr醕ticas, lo que ten韆 que ver directamente con las proyecciones: se organizaban, se atend韆n los pedidos, se decid韆 qui閚 iba, qui閚 coordinaba el debate.

Nerio Barberis: Las exhibiciones fueron disminuyendo en la medida en que empez� la represi髇, ya no era tan f醕il agarrar un proyector, ir... te cagaban a tiros. Una vez casi me matan en el Bajo Flores proyectando Informes y testimonios: cayo el Comando de Organizaci髇, un comando del peronismo, atac� la proyecci髇 a tiros y salimos corriendo con un compa馿ro, por la villa. A 閘 le roz� la frente una bala. Hasta que llegamos al auto fue una experiencia bien interesante, que demuestra porqu� lo hac韆mos: la gente nos conduc韆. Hab韆 una se駉ra que dec韆 “por aqu�, por aqu�, por aqu�, vaya por all�”. Llegabas a un lugar y otro chico te dec韆: “Para all�, para all�”. Te iban conduciendo por la villa para que te fueras y no te pasara nada. Esto no era una imposici髇, la gente quer韆: hab韆 una relaci髇 con los lugares donde nosotros 韇amos a proyectar, con la gente que nos manejaba. Hoy es f醕il hablar, pero hab韆 una representaci髇 de la clase obrera, de los trabajadores, en la pol韙ica que ejerc韆n las organizaciones.


Pero fijate c髆o era Raymundo: llegamos a su casa despu閟 de la aventura con el C.O. y le contamos: “Nos escapamos de pedo, casi nos matan”. Y 閘 dice: ”縔 el proyector? 縔 la pel韈ula?”. “Y... la dejamos.” “Son unos irresponsables! 緾髆o van a abandonar el proyector? El proyector no se abandona nunca!” “縋ero por qu� no te vas a la puta que te pari�? Casi nos matan!” As� era. Era dur韘imo, pero con esa dureza garantizaba las cosas. Mientras nosotros dec韆mos: “Bueno... quiz� podamos...”, 閘 dec韆 :”S�, lo hacemos”. Era un tipo muy dif韈il, con muchos conflictos, muy neura y absolutamente apasionado. Por eso hab韆 gente que no lo quer韆 nada. Tambi閚 ten韆 un humor sarc醩tico, brillante.

Manuel Gaggero: Despu閟 del quinto congreso del FAS la Triple A comenz� a golpear sobre los sectores que estaban en la pol韙ica legal, en la superficie, y entonces la actividad del FAS se fue reduciendo y aumento la del PRT. El frente de cultura qued� vinculado al Partido, integrado incluso por gente que no estaba en 閘 pero que simpatizaba o ten韆 alg鷑 grado de coincidencia. Creo que era complicado, tanto para Raymundo como para cualquiera que ten韆 una actividad en cultura, mantener ese nivel de exposici髇 tan alto y a su vez tratar de salir indemne de la acci髇 de la represi髇, que con el tiempo se volvi� cada vez m醩 intensa y de pronto empez� a golpear en todos lados. Filmar en la clandestinidad y adem醩 exponer lo que se hac韆... era muy complicado.

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