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La ley, tu ley. Red de Trata y una visi贸n anarquista.
Por Proyectil Fetal -
Tuesday, Dec. 16, 2008 at 12:54 AM
proyectilfetal@gmail.com
"Un movimiento que comenz贸 diciendo que la biolog铆a no es destino ahora tira a la basura a transexuales y celebra la conexi贸n "natural" de las mujeres con la tierra y las cosas vivas. Un movimiento que produjo la liberaci贸n de lxs ni帽xs ahora tira a la basura la posibilidad de tener j贸venes amantes muchachos y favorece el paso a leyes sexuales dignas del legista ateniense Draco que asigna condenas m谩s fuertes por tener sexo con un menor que por robo a mano armada. Un movimiento que desarroll贸 un an谩lisis del trabajo dom茅stico como tarea no remunerada y reconoci贸 que las mujeres usualmente comercian con sexo porque eso es lo 煤nico que tienen, ahora se enrola en los escuadrones del vicio para sacar a las prostitutas de la calle. Un movimiento cuya literatura temprana fue habitualmente considera obscena y prohibida de la circulaci贸n ahora hace campa帽a para deshacerse de la pornograf铆a. Lxs unicxs pervertidxs sexuales que este movimiento apoya son las madres lesbianas, y sospecho que lo hace debido a la propaganda actual que sostiene que las mujeres comprenden una fuerza nutricia y sanadora que salvar谩 al mundo de la energ铆a masculina destructiva." Pat Califia
揝er韆 importante que la jurispdrucencia no quedara confiada a los jueces. Los escritores deber韆n leer no tanto el c骴igo civil sino, sobre todo, los tratados de jurisprudencia.�
Deleuze
Es muy f醕il decir que, como anarquistas, estamos en contra de toda forma de explotaci髇, lo cual es elemental. Esta afirmaci髇 no nos quita responsabilidad cuando reproducimos, por ignorancia generalmente, los argumentos de un feminismo conservador, in鷗il y moralista, m醩 cerca de un pensamiento de derecha, como el que reclama 搈ano dura�, que de una verdadera emancipaci髇 de las libertades sexuales, por la cual abogaba Bakunin o Goldman. M醩 aun, quienes nos reivindicamos anarquistas no podemos repetir lo que otras personas dicen que dicen las leyes. Tenemos la responsabilidad, nos guste la palabra o no, de saber por nosotrxs mismxs la letra de la ley para combatirla en pleno conocimiento a nuestro enemigo.
Este es el paradigm醫ico caso de lo que est� ocurriendo con la llamada as� 揕ey de trata de personas� en nuestro pa韘. La trata es un delito que, independientemente de lo que se arroje en los medios masivos que solo hacen hincapi� en el ejercicio de la prostituci髇, incluye la captaci髇 de personas, ya sea para la explotaci髇 sexual, las pr醕ticas de esclavitud, los trabajos forzados y la extracci髇 ilegal de 髍ganos y tejidos. Claro que de todos estos puntos, siempre el que m醩 irrita tiene que ver con la posibilidad de aceptar que alguna mujer quiera efectivamente ser trabajadora sexual .
En nuestro c骴igo penal, no est� tipificado el ejercicio por cuenta propia del trabajo sexual, es decir no constituye delito . Hasta el 2008, se penaba 揳l que promociona o facilita la prostituci髇�, o al que 揺xplotare econ髆icamente el ejercicio de la prostituci髇 de una persona�, y en ambos casos, cuando se trata de mayores de 18 a駉s, se pena siempre y cuando el delito se realice mediando 揺nga駉, fraude, abuso coactivo o intimidatorio, violencia, etc.� (揚romoci髇 o facilitaci髇 de la prostituci髇 de menores y mayores mediante la entrada o salida del pa韘� -art. 127 bis, 127 ter., incorporado por ley 25.087 -). Y 閟tos formaban parte del t韙ulo 揇elitos contra la Integridad Sexual�. En abril de 2008, se incorporan al t韙ulo de 揇elitos contra la Libertad� los arts. 145 bis y 145 ter., que penalizan la trata de personas mayores y menores, respectivamente. Estos art韈ulos reproducen el texto de los anteriormente mencionados, pero sin hablar de prostituci髇, sino de explotaci髇 en general, a pesar de que vulgarmente se los conozca como 搇os art韈ulos de trata de personas�, porque efectivamente se circunscriben a ese delito.
Ac� empieza el problema de las facciones por la lucha del poder. Las feministas anti- prostituci髇 no est醤 satisfechas con la ley y sus reformas, que a la saz髇, no es algo menor o f醕il de obtener. Entre ellas, tomamos el testimonio de Monique Altschul, Directora Ejecutiva de la Fundaci髇 Mujeres en Igualdad, integrante de la Red No a la Trata, que dijo a Perfil.com : "Nos oponemos porque esta ley distingue entre v韈timas mayores y menores de 18 a駉s. Y para los mayores de 18, establece que es necesario probar que el delincuente actu� con violencia, abuso, enga駉 o amenazas para que exista delito. 緾髆o puede una v韈tima de trata, en el estado de vulnerabilidad en el que quedan, probar eso? Eso ser韆 presumir que se puede consentir la propia explotaci髇 y eso favorecer韆 la impunidad de proxenetas y tratantes" .
Del mismo modo que un olmo nunca dar� peras, no se le puede pedir al estado que deje de ser estado (o que sea un poco menos estado para ciertas cuestiones); es decir, que la ley se maneje como si no fuera le ley, o que el propio sistema jur韉ico se auto-socave a si mismo sus propios cimientos. La ley moderna liberal de nuestros estados tal como los conocemos y los padecemos hoy supone la ficci髇 de la autonom韆 del sujeto. Asimismo, supone que hay una edad � otra ficci髇, en este caso madurativa, que cambia hist髍ica y arbitrariamente de acuerdo a las necesidades de dicho estado- para que ciertas pr醕ticas sean consideradas delitos, con o sin consentimiento.
La paradoja a la que se enfrentan las feministas que, con toda su buena intenci髇, quieren liberar a las mujeres v韈timas de las redes de prostituci髇 es doble: por un lado, pedirle al estado y a sus poderes (en este caso, el judicial y legislativo) que cree una ley que no sea una ley (es decir, un set de normas de comportamiento que no presuponga las ficciones antes mencionadas: consentimiento y edades); y al mismo tiempo, dar por tierra con la garant韆 constitucional de que toda persona es considerada inocente hasta que se demuestre lo contrario, confundi閚dola con la inversi髇 de la carga de la prueba. Nos guste o no, as� se maneja la ley creada por los estados modernos. Por eso, entre otras muchas cosas, casualmente, no nos gustan los estados modernos ni sus leyes .
Por otra parte, para el sistema jur韉ico en el cual nos toca movernos, la ficci髇 de la autonom韆 de lxs sujetos no es, como hemos tenido la desgracia de leer en alg鷑 pasqu韓 anarquista, 搖n absurdo�; sino que dicha autonom韆, entendida en t閞minos liberales, que son aquellos que dieron surgimiento a la ley, es una cuesti髇 central del sistema democr醫ico para evitar avasallamientos a la vida individual de lxs ciudadanxs que el anarquismo hoy, por vago, no puede soslayar. Evitar as� que, en pos de los derechos humanos, las libertades individuales, la vida privada de los sujetos, y su autonom韆 sean intervenidas y controladas todav韆 m醩 de lo que ya lo son, por el estado, corriendo el riesgo de cederle el poder para convertirse en un estado fascista. O 縞u醤do se ha visto que la mayor intervenci髇 del estado redunde en mayores libertades de lxs sujetos? Abolir estas cuestiones nos retrotrae a una judicialidad premoderna, donde no importan ni las condiciones materiales de las personas, ni sus deseos ni sus voluntades, sino que todo lo que vaya en contra de una abstracci髇 previa e impuesta estatalmente es delito, como era durante el feudalismo.
Si, por otra parte, el problema es, como dicen las m醲imas figuras de este feminismo anti- prostituci髇, la dificultad probatoria de estos hechos, sin duda aberrantes, y lo que en la jerga jur韉ica se denomina re-victimizaci髇 al tener la v韈tima que revivir los hechos en su declaratoria, entonces la cuesti髇 no ser韆 ni pedirle al estado penas m醩 altas y leyes m醩 duras, que en cierto modo se acercan peligrosamente a discursos abiertamente fascistas como el reclamo de disminuci髇 de la edad de imputabilidad, ni quitar la cuesti髇 b醩ica de que a los delitos hay que probarlos, lo cual se cae de maduro. Por el contrario, habr韆 que ver qu� ocurre en nuestra sociedad para que las condiciones materiales probatorias de un delito no puedan llevarse adelante y luchar contra eso. Como queda claro en el caso Ojeda y Gamarra, el problema no es la ley (-si hubo o no consentimiento, si tenemos que probarlo o no, etc.-), sino que el aparato judicial y el administrador leg韙imo de la violencia es la misma cosa que las redes de trata, la corporaci髇 m閐ica y las industrias capitalistas . M醩 aun, el consentimiento y las edades, como queda claro en algunos delitos contra la integridad sexual (es decir, los abusos sexuales contra menores de 13 a駉s de edad donde no hay que probar que haya mediado violencia, por ejemplo), no hicieron que desciendan la incidencia de estos casos ni que presentarlos a la justicia y obtener una respuesta sea m醩 f醕il. 緾髆o se puede creer entonces que una 搇ey de trata� que no diferencie por edades y consentimiento s� lo lograr�?
Para colmo de males, parecen haber olvidado un a駉 fundamental para el feminismo local � 1926- cuando se derog� la minoridad civil de la mujer, es decir, que la ley trate y considere a la mujer en t閞minos legales como a un menor de edad. 緾髆o es que ahora se desea volver a perder nuestra mayor韆 de edad como sujetos pol韙icos y de derecho habilitando la posibilidad de intervenci髇 del estado en otros 醡bitos, hasta ahora libres, que no podemos siquiera concebir en nuestras mentes? .
La ley que hasta ahora tenemos es correcta para lo que el sistema jur韉ico puede entregar, pero las feministas conservadoras, en su celo porque salga la ley de trata como a ellas les parece que deber韆 salir, se olvidan de que el problema no es tanto el texto de la ley sino qu� cosa el juez resuelve en cada caso, aun con la 搈ejor� ley posible. La justicia (estatal) seguir� resolviendo con su indeleble marca de g閚eros, clases, etnias, y siendo hip骳rita, porque ante la ley, no importa que se nos diga, no somos todxs iguales. Es m醩, puedan o no procesarlo estas feministas en sus mentes, la explotaci髇 de una persona (en especial aquellas biopoliticamente asignadas 搈ujer�), que, dem醩 esta decir, no abarca a la trata entera, puede ser consentida, as� como consentimos d韆 a d韆, que se nos informalice el trabajo, se nos explote y se oprima hasta la ignominia .
As� como a ning鷑 anarquista se le ocurre, hasta donde tenemos conocimiento, pedir mejoras a la legislaci髇 laboral vigente, seguir estas elucubraciones del feminismo moralista nos desbarranca: no solo terminaremos peticionando ante el estado por una supuesta 搈ejora�, que esperamos haber probado no es tal, sino que adem醩 lo haremos con argumentos reaccionarios y de derecha. Las opciones son: retrocedemos 2500 a駉s a la ley ateniense y su democracia, o cambiamos de sistema. Hay una tercera opci髇 cuyo coletazo de dinosaurio parece no ser visto ni tenido en cuenta: la de los estados totalitarios donde siempre que el estado as� lo considere sin necesidad de aportar pruebas se presuma la culpabilidad. Uds. sabr醤 elegir cu醠 quieren. Como en el cuento popular ingl閟, La Pata de Mono de W. W. Jacobs, hay que tener claridad en el deseo antes de efectuar el pedido.
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