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Tribunal Supremo de Justicia falló en contra del pueblo yukpa
Por Indymedia Venezuela - Thursday, Aug. 19, 2010 at 8:43 AM

Este viernes, el Tribunal Supremo de Justicia publicó en su página web el fallo por medio del cual rechaza el amparo constitucional solicitado por la defensa del cacique yukpa Sabino Romero y Alexander Fernández.

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Yukpas y organizaciones de izquierda protestaron exigiendo la liberacin de los presos polticos indgenas


La defensa de los indgenas solicitaba que el juicio que se les sigue fuese anulado y que se reconociera el derecho constitucional de los pueblos indgenas a dirimir sus asuntos de acuerdo a su propio sistema de justicia. La ponencia de la presidenta del TSJ, Luisa Estela Morales, neg este derecho constitucional al pueblo yukpa. La decisin judicial tard ms de cuatro meses en producirse, pese a que por su naturaleza los amparos constitucionales deben resolverse en menos de una semana. La presin de los yukpas, acampados en los alrededores del TSJ desde el 21 de julio, fue la que logr que la presidenta del tribunal finalmente emitiera el fallo.

El TSJ tambin dictamin la semana pasada que el cacique Sabino Romero debe ser trasladado a un nuevo lugar de reclusin, esta vez se trata de instalaciones militares ubicadas en Agua Viva, estado Trujillo. La defensa de Romero y las organizaciones que apoyan la causa yukpa han anunciado que denunciarn ante tribunales internacionales al Estado venezolano por violar el derecho al autogobierno y a la administracin de justicia por parte de los pueblos indgenas.

El Estado venezolano viene violando sistemticamente los derechos humanos del pueblo yukpa, al negarse a reconocer el derecho a la autodemarcacin territorial, y posteriormente criminalizar la resistencia encabezada por Sabino Romero y la comunidad de Chaktapa. Segn denuncias del propio Sabino Romero y su familia, los militares del Fuerte Macoa, donde ha sido encarcelado el cacique desde octubre del ao pasado, le han sometido a malos tratos y han vejado sexualmente a las mujeres de la familia Romero.

Activistas de la Sociedad Homo et Natura han explicado que detrs de la poltica racista y persecutoria que aplica el Estado venezolano en perjuicio de los yukpas, estn los intereses econmicos de los ganaderos y las transnacionales mineras aliadas al gobierno, ya que estos sectores capitalistas explotan recursos del territorio yukpa.

LA LUCHA INDIGENA: ALGUNAS PRECISIONES

Por: Morocho

Con Guaicaipuro, Paramaconi los desnudos y heroicos Caracas-, hemos de estar, y no con las llamas que los quemaron, ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron (Exaltacin de Jos Mart al guapotori Guaicaipuro)

Ha llegado el momento de debatir, porque en un contexto probable de acoso imperialista, los hijos de los colonizadores intentarn masajearnos aquella colonizacin que nos hicieron tragar e internalizar en la educacin formal. Por lo tanto, hay que hacer precisiones y abrir el debate -esto es, no cerrarlo-.

En muchos pueblos indgenas se reconoce y valora la diversidad, y por tanto, el dilogo intercultural. Al contrario, la posicin colonial neg tal dilogo desde el comienzo de la invasin: ejemplo de ello fue el requerimiento que hicieron los colonizadores, el cual hicieron en lengua diferente a la local (en latn), y fue usado para arremeter contra la poblacin nativa. Hoy siguen habiendo individuos colonizados que le niegan el dilogo a sus compatriotas en su propia lengua e idioma, en sus propios trminos. Les niegan visibilidad en las asambleas indgenas, en las asambleas comunitarias ampliadas, e incluso, en los medios de comunicacin que son del pueblo. O manipulan arrogndose una supuesta representacin comunitaria indgena, usurpando al mismo tiempo la labor de traduccin intercultural (se creen los caudillos de la comunidad que tienen la ltima palabra).

El protagonismo en la lucha por los territorios originarios lo tienen los mismos pueblos indgenas. Siendo pueblos ancestrales conocen bien la historia de su pervivencia e itinerario en dichas tierras, as como tienen memoria de cmo luego fueron despojados por latifundistas terrfagos de todo tipo: en tal sentido, es justicia histrica reconocerles tales territorios.

Tambin es necesario aprender y recordar que hubo quienes traicionaron a sus propios pueblos por un efmero puado de poder (como Moctezuma, o La Malinche): son indgenas que se han prestado a los intereses de individuos no indgenas, siendo estos ltimos los beneficiarios o bien los poderes que ellos promueven (transnacionales desarrollistas y extractivistas, etc.). Ello puede identificarse si tal proceso apunta a un desarraigo y alienacin socio-cultural (etnocidio y vergenza tnica) donde se copien modelos y estilos de vida forneos, en vez de avanzar a una valoracin de lo propio y ancestral (endoculturacion y afirmacin tnica). O cuando tales lderes crean figuras inexistentes -en la historia, cultura y comunidad propias- tales como autoridades ficticias (Grandes Caciques, Guerreros y Shamanes) para dividir y debilitar a la comunidad a fin de terminar obteniendo cuotas o cargos de poder no indgena, o usan de manera extra-ordinaria y oportunista la indumentaria indgena propia o ajena (jugando al rol del indio genrico), cayendo en una especie de disfraz tnico que les permite obtener prebendas.

Algunos indgenas manipulan las alianzas con personas no indgenas de manera oportunista: en momentos de carencia les buscan cuando les necesitan para alcanzar ciertos objetivos, pero en otros momentos -de decisin y/o de abundancia- los desechan de manera arbitraria y desalmada. Acusan a ciertos indgenas ms arraigados de estar manipulados (sobre todo si estn prosiguiendo una lucha ancestral cultural o territorial), pero no reconocen que en su propio desarraigo son ellos mismos quienes son manipulados (por intereses capitalistas): cada ladrn juzga por su condicin. Ello conlleva a que, obviando cunto stos han dependido de - o usado a- la sociedad no indgena, lleguen al colmo de dividir las reuniones entre indgenas y no indgenas (pero permitiendo contradictoriamente la inclusin de ciertos aliados, individuos -casualmente- cercanos al poder poltico o econmico anti-indgena).

Hay aliadas y aliados que han apoyado a los pueblos indgenas respetndoles su protagonismo: a lo largo de siglos y dcadas casi siempre han sido una minora, a tal punto que, en los ltimos aos, casi todos se conocen, pues han estado en eventos similares, marchas, congresos, rituales, luchas, etc.; muchos han acompaado dicha causa con sus propios y escasos recursos. Ms tambin han conocido igualmente una comn descalificacin -sobre todo- cuando forman parte de la resistencia al latifundismo y al desarrollismo capitalista (y a sus defensores); a los indigenistas e indianistas les han descalificado llamndoles contradictoriamente de muchas formas: comunistas marx-indianistas, caverncolas, atrasados, subdesarrollados, narco-terroristas, criminales, agentes de la CIA, infiltrados, manipuladores de indios, aprovechadores parsitos, separatistas, ilusos, comeflores, etc.

La derecha anti-indgena (y no slo ella) ataca siempre a nivel personal, y nunca se abre al debate. Y si lo admite es para que le den la razn. Por tanto, no discute argumentos, sino que desparrama arrogante toda clase de prejuicios, por la va del rumor difamante, infamante e injurioso. A la Oligarqua, a los imperialistas -que tambin son colonizados-, no les interesa que la gente vea las cosas por si misma, que indague, investigue y piense con cabeza propia, que se identifique con sus races ancestrales y endgenas. Prefiere que la gente crea ciegamente, infundadamente, y si es posible, emocionalmente (o sea, irracionalmente). Por tanto, no buscar que la gente aprenda idiomas indgenas, o que se acerque a los pueblos indgenas y a sus comunidades. Pero si ello ocurriese, buscarn que la gente mantenga la sensacin de verlos como algo ajeno, divertido, extico, folclrico, turstico, atrasado, salvaje, natural, inferior. Es decir, que no haya una gratuita empata, ni familiaridad, ni hermandad, ni igualdad posible. De aqu que la persona colonizada no quiera escuchar, aprender, compartir, reconocer, reciprocar, empatizar, sino al contrario, dictar, imponer, extraer, desconocer, usurpar, criminalizar...

La gente que no conoce de lo indgena puede aprender de las cosmovivencias y cosmovisiones ancestrales, de sus lenguajes y silencios, de sus ecologas, saberes, ticas y estticas. Pero la persona colonizada no le interesa lo ancestral, sino lo cosmopolita forneo, lo formal, rentable, efmero y utilitario. Por tanto, tampoco le interesan las luchas histricas indianistas ni las necesidades de raz originaria, como tampoco sus derechos ni sus culturas. A causa de ello, desconocen a las autoridades tradicionales, los derechos de los pueblos indgenas y la jurisprudencia indgena (Art. 260 CRBV), e ignoran o desdean el captulo constitucional indgena (Cap. VIII CRBV), la interculturalidad (Art.100 CRBV), y las normativas correspondientes (declaracin de Derechos de los Pueblos Indgenas de la Organizacin de Naciones Unidas y convenio 169 de la Organizacin Internacional del Trabajo, Ley Orgnica de Pueblos y Comunidades Indgenas -LOPCI, Ley de Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indgenas, Ley de Idiomas Indgenas, Ley Nacional de Juventud, etc.).

Si algunas personas han visto a lo indgena como lo indeseable, atrasado, retrogrado, brbaro, salvaje, incivilizado, irracional, maligno, violento, conflictivo, problemtico, resulta sintomtico que luego hablen de lo ancestral como problema (el problema indgena, el indio malo, el salvaje problemtico), y acaricien la idea imperialista de que el indio bueno es el indio muerto, puesto que les perciben como pueblos en vas de extincin, o como minoras, tribus alfabetizables, etnias civilizables. Por ello poco les importa en absoluto la muerte fsica de los pueblos indgenas (genocidio), o su muerte cultural (etnocidio), sea esta muerte lenta y agnica (asfixia cultural, despojo territorial o esterilizacin forzada), o un exterminio fulminante (epidemia, hambruna, o masacre). Se cuidan muy bien de mostrar que muchas personas del mundo civilizado y su desarrollismo son viejas causantes de los problemas que los pueblos indgenas padecen. No obstante, si somos parte del problema, podemos cambiar y ser parte de la solucin: pero primero tenemos que reconocer si somos parte del problema, y cmo y por qu lo somos.

Si antes un grupo de personas occidentalizadas se uni en su racismo, machismo, clasismo, eurocentrismo y xenofobia para dividir a las comunidades y pueblos indgenas (ponindoles a pelear entre s por nuestras sobras y migajas, por nuestros espejitos de vidrios desarrollistas), habra que ver si la unin ancestral pan-india implica una divisin entre nosotros los occidentales: entre honestos y deshonestos, entre socialistas y capitalistas, entre no racistas y racistas, entre humanistas / ecologistas sensibilizados y capitalistas / egostas desalmados, entre internacionalistas planetarios y chauvinistas belicistas. Estos ltimos siempre acusan al otro de lo que ellos son en sumo grado, cual adecos: dicen y repiten infundadamente que los indgenas van a dividir al Estado nacional, pero se cuidan muy bien de rememorar cmo estaban confederados e interconectados interna y externamente los continentes Muakaka (llamado despus frica) con las regiones de Aztlan, Anahuac, Abya Yala y el Tawaintisuyu (mal conocidas luego como Amrica). Por tanto, ocultan que fueron los invasores quienes comprobadamente dividieron tales continentes -segn el modelo germano/europeo- en Corregimientos, Cofradas, Provincias, Capitanas y Estados nacin, y tambin callan acerca de cmo son los occidentalizados quienes recientemente s tienen sta voluntad separatista de un Estado dentro del Estado (por ejemplo, la derecha gringa y su muro anti-mexicano, los sionistas y su franja de Gaza, los hijos de Croatas en Bolivia que queran crear la Media Luna, los gobernadores de derecha ac en Zulia y Tchira, la Gente del Petrleo que separ PDVSA del MEM, la derecha ucevista, etc.).

La forma ms fcil de deshacerse del fondo de un problema es satanizar o criminalizar a quien lo plantea, la cual es una manera de des-contextualizar y personalizar un problema cuyo origen es social. Las y los siguientes fueron hroes y heronas, o fueron criminales: Guaicaipur, Urquia Mar, Baruta, Sorocaima, Tamanaco, Teques, Arichuna, Camoruco, Tuy, Araira, Anapuya, Ana Soto, Mara Rha, Orocomay, Misint, Murach, Yoama, Caribay, Tibisay, Jos Leonardo Chirino, Andresote, Guiomar de Buria, Luisa Mekaya Dua, Antonio Makeran Gonzlez, Luciano Poyo, Barn Yavar, Kaikuts (Vicente Arreaza), Jos Manuel Romero? Fueron cmplices de delito Miguel Acosta Saignes, Salvador de La Plaza, Gilberto Antolinez, Ral Dominguz Capdevielle, Francisco Lpez Mieres o Lilian Palacios? Por otra parte, eran admirables quienes a los indgenas les torturaron cortndoles miembros, frindoles vivos en aceite caliente mientras los colgaban de cabeza, les empalaban, les enterraban vivos, les arrojaban a animales rabiosos o les arrastraban amarrados a caballos? Acaso nos consideraramos herederos de quienes desterraban a las mujeres indgenas y afrovenezolanas, o de quienes las violaban -incluso colectivamente? De quienes les asesinaban degollndoles o fusilndoles, de quienes les cortaban las cabezas para colgarlas de postes, les descuartizaban o les ahogaban? Hay que recordar que muchos pueblos indgenas -y afrovenezolanos- perecieron por hambruna al despojrseles de su tierra-, por enfermedades -algunas tradas de Europa, como la sfilis- y de tristeza -ante la desintegracin de sus familias por la trata esclavista de seres humanas y humanos-. Antes estas injusticias, incluso el mismsimo papa Juan Pablo II, en torno al Jubileo 2000, lleg a pedir perdn por los crmenes que la Iglesia Catlica cometi en la Inquisicin, las Cruzadas y la invasin europea. Pero tales violencias anti-indgenas no son parte de un pasado remoto. Baste recordar como hace poco -unas pocas dcadas-, volvieron a asesinar a los pueblos indgenas: fueron muertos en emboscadas (Valle de cao Vera-Wanay; en el ro Caura; en la perijanera Chaktapa), envenenados con vidrio molido (en el apureo Hato La Rubiera), descuartizados (en la amazonense Haxim), cazados como animales (el terrible Goajibear de algunos ganaderos contrarios a los apureos pueblos Hiwi/Goajibo, Cuiva y Pum) por parte de terratenientes terrfagos y mineros transnacionalizados (garimpeiros); masacrados para favorecer a los ganaderos en la comunidad perijanera Kasmera (durante la gobernacin zuliana de Lolita Aniyar de Castro) y acribillados por traidores a su pueblo: la guardia militar de Carlos Andrs Prez asesin un grupo de Wayyu un fatdico 12 de Octubre. Incluso se conoce de casos de esterilizaciones colectivas a todas las nias de 10 a 17 aos de una comunidad de la Gran Sabana. Esto, sin contar las contaminaciones en el Zulia (lago de Maracaibo, Isla de Toas y Sierra de Perij), en Bolvar (El Abismo, Los Pijiguaos, El Vapor, el Caron, la Gran Sabana), en el Delta Amacuro (Cao Manamo, Bajo Delta, Pedernales), en Amazonas..

Para invadirles, primero les han desconocido (un Consejo Municipal lleg en los aos 90 a negar la existencia de los Ka`rias de una comunidad del Guamo/Aguasay (Anzotegui); hoy tal desconocimiento se expresa en la negacin de la especificidad cultural indgena y afro en la ideologa blanqueadora del mestizaje nacional/universal. Tambin les han saqueado quitndoles piezas y patrimonios ancestrales para convertirles en musesticas piezas arqueolgicas, robndoles rocas sagradas (la piedra Kueka del pueblo Pemn, as como minerales de los cerros Autana y Roraima). Hasta les han quitado sangre para patentarla en la Goajira venezolana. Como dice un abogado indigenista que ha manejado destacadamente la jurisprudencia indgena: ...la conquista espaola constituy el primer factor de violencia sobre los aborgenes; tras sojuzgar con las armas, se dedicaba a despojarlos de sus tierras y bienes, no para cultivar y edificar, sino para extraer riquezas de sus suelos, que seran enviadas a la Corona (R. Colmenares, Los derechos de los pueblos indgenas). Occidentales siguen colonizandoeso an no ha cambiado.

Quien tiene, por tanto, la moral o la potestad de llamar criminales a los pueblos indgenas? En el siglo XX los juicios se llevaban ante Tribunales, y partiendo de la presuncin de inocencia que es un derecho humano- la persona tenia (tericamente) derecho a voz y defensa propias, a una defensa gratuita que le permitiera recabar pruebas de su inocencia. Sin embargo, tales garantas fueron violadas por el Puntofijismo adeco de Rmulo Betancourt al mandato Disparen primero, averigen despus. Hoy, en el siglo XXI, muchas instituciones y medios de difusin actan como si fueran los nuevos Tribunales, violando toda presuncin de inocencia, culpando, sentenciando, propiciando la segregacin, el aislamiento, el ajusticiamiento social. No permiten el derecho a defensa, y la culpabilidad parece que no necesita ser demostrada: quien tiene el poder de hablar ya es juez. Ahora el mandato es: Acuse primero, sentencie despus. No parecen garantizarse ni el derecho a replica ni los derechos humanos. En tal sentido, cuando tales instituciones y medios sacan de contexto social e histrico las antiguas luchas indgenas, cuando ocultan la larga trayectoria de lucha ancestral ante los continuados despojos histricos y las violencias que han sido perpetradas contra los pueblos indgenas, les es ms fcil mancillar a las y los luchadores indgenas como delincuentes (que mienten, roban, matan, usurpan), como salvajes que se pelean entre s, como menores de edad tutelables y manipulables. Al hacerlo, masajean el racismo y la hipocresa sociales, pero sobre todo, afianzan todos los prejuicios existentes, los cuales beben del desconocimiento social de toda la injusticia secular contra estos pueblos.

Por todo lo antes expuesto, finalmente queda precisar -parafraseando al uruguayo Eduardo Galeano y al zapatista Sub-comandante Marcos- que es importante escuchar de todo corazn a los nadies, a los ninguneados, a quienes se les ha ocultado, invisibilizado y silenciado (ejemplo de ello, el cacique yukpa Sabino Romero Izarra, de Chaktapa, Sierra zuliana de Perij...y su extensa familia). Si no hay justicia para los pueblos que han sido histricamente despojados a sangre y fuego por el Capital internacional y nacional, no puede haber Socialismo, y menos, Indo-socialismo. La justicia ha de comenzar con un cambio de actitud, de pensamiento y de sentimiento por parte de TODA la poblacin, tanto en las clases oprimidas, como en los sectores opresores. Somos nosotros parte de la encubierta supremaca tnica, del racismo y de la opresin colonial hacia los pueblos indgenas -y afro? Podemos dejar de oprimir o de ser prejuiciados e indiferentes cmplices? Slo dialogando y aprendiendo a escuchar a los pueblos despojados y empobrecidos, slo abrindonos a lo diferente -en el fragor del debate honesto-, podremos darnos cuenta de ello, y revolucionar revolucionandonos...y podremos acompaar en justicia y derecho al Libertador Simn Bolvar, cuando dijo:

...Se devolver a los naturales, como propietarios legtimos, las tierras que formaban los resguardos segn ttulos cualquiera que sea el que aleguen para poseerlas los actuales tenedores (Decreto de mayo de 1820). Desde 1492 y hasta ese entonces, los pueblos indgenas han venido resistiendo. En lo legal, y ms all de lo legal, su justa lucha continua...

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