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La recolonización en marcha acelera el paso
Por Luis E. Sabini Fernández - Monday, Feb. 25, 2013 at 3:39 PM
luigi14@gmail.com

I “Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”. Con esa sentencia, el blog El Muerto cubrió el acuerdo y el festejo con que representantes oficiales de Uruguay y EE.UU., como entidades soberanas e iguales, seguramente, han firmado, en realidad registrado el obsequio que los militares estadounidenses le han hecho al SINAE (Sistema Nacional de Emergencias), del Uruguay.

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El ttulo de la excelente presentacin es acorde: Las catstrofes llegaron para quedarse en Uruguay. Elija el lector a qu tipos de catstrofes se refiere.

La ceremonia de ofrenda ha recogido las palabras del seor prosecretario de la presidencia del pas, un sonriente Diego Cnepa, que se lo adivina joven pero sin embargo ya nutrido de una excelente filosofa poltica y al parecer profundos conocimientos geopolticos e histricos.

En estrecha consonancia con la seora o seorita embajadora de EE.UU. en Uruguay, Julissa Reynoso, quien en plena ceremonia de celebracin por semejante donacin aclar que ambos pases eran socios y cmplices. No alcanz a aclarar si la complicidad llegaba a los estragos que los drones estadounidenses provocan en la poblacin civil paquistan, afgana, somal o sudanesa o alcanzaba a la poltica de apoyo al etnocidio medido y programado que el Estado de Israel ejercita sin pausa con el apoyo de la mquina de desigualdades que es EE.UU. -Sheldon Wolin (1)- sobre los oriundos palestinos no judos en fin, el momento, no estaba para precisiones sobre el alcance de tan simptica y traviesa expresin.

Sabemos que los cuerpos de seguridad de EE.UU. han generado una especial proteccin para con el paisito expresada en la construccin tambin manu militari de la clnica mdica en Santa Catalina, atrs del Cerro, en la asistencia docente de los SEAL al FUSNA, en las manos de pintura que los fornidos brazos marineros de la Armada de EE.UU. le han prodigado al Hospital Maciel

Estimo que Uruguay es un pas que se arregla con poco, unas minucias en la geopoltica de Public Relations de EE.UU., que por su carcter servicial y solidario con todo el planeta, asiste la mayor cantidad de pases o estados posibles (algunos, como Corea del Norte o Irn, no suelen participar de ese jolgorio; otros como Afganistn, Irak, Panam, la Repblica Dominicana, Mxico no suelen agradecerlo).(2)

Para entender la dimensin de lo actuado, nos introduciremos, amigo lector, si a usted tambin le interesa, en el pensamiento profundo del eximio Cnepa. Copio textualmente la frase que, entre comillas, reproduce El Muerto:
Se reincidi porque consideramos legtimamente, y la inmensa mayora de los compaeros lo entendi, mantener una excelente relacin con Estados Unidos, lo que no quiere decir que no tengamos opiniones crticas sobre la historia de lo que hizo como un imperio.

La reincidencia a que alude, aclaremos: al gobierno frenteamplista anterior se le gener el episodio de Santa Catalina, que, provoc alguna resistencia en quienes no captaron el sentido profundo de ser asistidos por militares estadounidenses para curar enfermedades y daos muchos de los cuales son consecuencia de las polticas por las cuales desde EE.UU. disponen de bienes, materiales e inmateriales, ajenos, lo cual perjudica pases perifricos como Uruguay, precisamente. Reincidencia suele ser la palabreja ms comn para designar la comisin de otro delito, una vez cometido un primero. La coincidencia puede ser la explicacin de esta reincidencia?

Observemos que Cnepa nos aclara que mantener una relacin excelente con EEUU no se contradice con tener opiniones crticas contra cosas que habra hecho ese estado como imperio.
Porque, a diferencia de Marx,(3) Cnepa se nos presenta como hombre de principios:
Nuestra opinin de la historia de Estados Unidos en Amrica Latina es muy clara, no se modifica.
Epa! Y contina:
Pero esto no tiene nada que ver con las responsabilidades institucionales del gobierno y la nueva etapa que se vive.
No tiene nada de nada que ver? Seguimos pensando que es un imperio y como tal racista y colonialista que ha esquilmado todo lo que ha podido a Amrica Lapobre, con el garrote cuando ha sido necesario, como bien lo ha aplicado el simptico Teddy Roosevelt en sus buenos tiempos de amigote con cuanta dictadura latina pudo convivir o crear. O con sedados sistemas de control tecnolgico, excepcionalidad jurdica como por ejemplo el derecho que sus autoridades atribuyen a todo soldado estadounidense a no rendir cuenta de sus actos o delitos en ninguna nacin del orbe, fuera de sus fronteras−; leyes y reglamentaciones econmicas de dumping o bloqueo segn los casos; deudas externas en buena medida inventadas y el juego de la maquinita de Fort Knox mediante el cual todos jugamos a la dependencia a una moneda que se volatiliz en 1970, cuando desde EE.UU. se decreta la inconvertibilidad del dlar, es decir la prdida de todo respaldo material o econmico, o mejor dicho, el pasaje al respaldo pretoriano (y meditico, claro: siempre estn los por las buenas o por las malas, y reservamos las benedetianas por las peores a su uso in extremis).
No tiene nada que ver. Si la historia de EE.UU. como imperio y su presente como imperio actuante no tiene nada que ver, no tiene nada que ver con qu?
Pero, claro, Cnepa viene en nuestra ayuda, para que resignifiquemos lo que vemos:
Tenemos una relacin adulta de mutua confianza.

II

Un punteo que procure ver esta cruda y efectiva realidad del Uruguay actual.

1. EL TIEMPO: LO QUE FUIMOS, LO QUE SOMOS.

Repasar, con vergenza ajena, este episodio es aleccionador en varios aspectos. Nos permite medir el abismo histrico y cultural que separa el pas del Ariel de Jos Enrique Rod en la primera dcada del siglo XX, pasando por el antiimperialismo militante de Carlos Quijano y la Agrupacin Nacionalista Demcrata Social de las dcadas del 20 y 30, por la generacin crtica que ngel Rama visualizara hacia mediados del siglo pasado, que culminara con la izquierda en la calle desde los 50 a los 70 (con un golpe de estado no nos movern y quien lo quiera que haga la prueba) hasta este otro Uruguay pasado por la mquina de la dictadura militar, pero tambin por el delirio que empez como ensueo y termin como pesadilla como fue la guerrilla guevarista, y fundamentalmente, antes, por el apoltronamiento batllista que fabric una capital moderna de espaldas a un interior semifeudal, como si nuestro pequeo tamao permitiera hacer dos pases (dos realidades).

Ahora tenemos funcionarios como Cnepa. Para quien, sin duda, la historia de los contracursos antinstitucionales de 1968, por ejemplo, ni existen y si existen no entiende su significado y si llegara a entender su significado pertenece a un pasado remotsimo como 40 aos. En poltica, ya 20 aos es mucho, a diferencia de los que nos pasa a los humanos (tangueros o no), afectivamente considerados.

2. EL ESPACIO: LAS DIFICULTADES REGIONALES

Sabemos las dificultades situacionales de un pas como Uruguay, enclavado entre dos gigantes, Argentina y Brasil.

Una vez ms el proyecto artiguista revela un aspecto muy valioso, contrafctico, ya intil: si el Cono Sur atlntico hubiese tenido cuatro estados ms parejos entre s, un Paraguay no despedazado, una Liga Federal vertebrada sobre el ro Uruguay, con las Misiones (ahora brasileas y argentinas), una Argentina tucumana o portea o ms bien porteo-tucumana, un Brasil sin Ro Grande do Sul, por tanto tiempo separatista respecto del Ordem e Progresso, otro equlibrio geopoltico existira.

El Mercosur es, en cambio, una alianza (comercial) totalmente fuera de equilibrio entre dos pases que totalizan el 95 % de la produccin y otros dos que a gatas alcanzan el otro 5 %.
sa es la realidad regional. Con un agravante: son los pases chicos, como Ecuador, Uruguay, Paraguay, los que Amrica del Sur se achican. Fundamentalmente para mayor acopio territorial de los estados mayores: la Guerra de la Triple Alianza, el Tratado de Lmites entre Uruguay y Brasil en 1855, la pretensin de la cancillera argentina de costa seca para sus vecinos acuticos, el agrandamiento de Per y el respectivo achicamiento de Ecuador disputando la Amazonia a lo largo de buena parte del siglo XX, la toma del islote Timoteo Domnguez, en la dcada del 60 en el Ro de la Plata

Esa geopoltica explica la dificultad que tienen pases como Uruguay y Paraguay para respaldarse regionalmente. Pero de ah a entrar en una dependencia alegre y amistosa con el imperio como con desenfado denomina Cnepa, el plenipotenciario de Mujica, al sheriff mundial, hay un salto, un acrobtico salto mortal, en un circo el mundo que no usa red.

Los dirigentes del Paraguay han admitido, seguramente con regocijo, una base militar norteamericana con capacidad para 15 mil soldados. En Mariscal Estigarribia, una poblacin de pocos miles de habitantes. Pongamos 4 mil. 2 mil mujeres. Tratemos de imaginar, apenas un minuto, qu significar eso, socialmente, para la poblacin de Estigarribia y alrededores. Para sus mujeres y nias (y nios).

Intuimos que para Cnepa 20 aos es casi una era geolgica. Pero hace menos de 30 aos, hondureos denunciaban con rabia e impotencia como les haba ingresado el SIDA-SADI: era la poca en que Honduras y su gobierno ttere funcionaba como el portaaviones yanqui centroamericano: la plaga se registr primeramente entre mujeres y sobre todo nias vecinas a una enorme base estadounidense; la de Palmerola. La fuente de contagio era obvia: soldados estadounidenses que saciaban sus apetitos sexuales comprando sexo por alimentos o chocolate o violando directamente. Estaban de trnsito: haban venido de no se sabe dnde, y luego se marchaban a otro destino. No atinaban a ubicar donde se haban contagiado y, por supuesto, menos, mucho menos si ellos haban contagiado

Por eso, rendirse al imperio, al ejrcito del imperio planetario repugna a quien conoce dos hilachas de historia e incluso, pragmticamente, no resulta una jugada brillante
Uruguay, como Paraguay debe romper su enclave regional. Pero es ms sensato tender nexos y redes con Sudfrica al otro lado del Atlntico, con Venezuela en el norte sudamericano con Finlandia, Islandia, Jamaica?... buscar todos los vnculos posibles sin ceder soberana, ni siquiera con complaciencia, como cmplices con quienes no pueden ni saben ni quieren respetarte. Public Relations al margen, claro.

3. AMERICANIZATION

EE.UU., mejor dicho la entente imperial, que rige el mundo cada vez ms netamente se encuentra en un doble proceso. Como muy bien seala Sheldon Wolin: El poder estadounidense est siendo cuestionado en todo el mundo, su dominio imperial se est debilitando, que su hegemona econmica es cosa del pasado [ y agrega nuestro autor:] ese fracaso deja intacta las tendencias hacia el totalitarismo invertido (4) [con tales palabras define Wolin la modalidad vigente del poder con centro en EE.UU.].

Pero a la vez, la decena de drones con que se abri el siglo XXI, se convirtieron en miles hace pocos aos y en la actualidad el aparato militar estadounidense cuenta con decenas de miles.

En los ltimos cuatro aos, ocho pases musulmanes tienen prdidas de vida a manos de ataques de EE.UU. u Occidente (en algunos casos, cuantiosas; en casi todos, sin que los militares yanquis hayan puesto el cuerpo).

Momento crucial: uno puede ver a la vez signos de endurecimiento y brutalizacin poltica cada vez mayores, como puede ser el trmite habido en Sudn, el desmantelamiento de un rgimen cesarista en Libia, el arrasamiento de Irak y lo que ha significado esa invasin en trminos histricos, arqueolgicos, agrcolas y, sobre todo humanos (no hay recuento de los iraques asesinados o directamente muertos a causa de la accin liberadora y democratizadora de EE.UU.: todos las manacos estadsticos yanquis han rehuido esa tarea) pero ver tambin signos, como los sealados por Wolin, de inminente debilitamiento, de crisis profundizndose.

Los discursos presidenciales de Obama comunican un afianzamiento; para eso se escriben, pero tambin los trabajos de los think tanks: Rebuilding Americas defenses. Project for the New American Century, 2000. El ttulo es revelador. Se sienten los dueos del tiempo. Plena vigencia de aquel pensamiento tan optimista de la segunda posguerra resumido por H. Truman, el presidente que orden hacer caer las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki:

El bueno del presi ofrece la frmula para que a todo el mundo le vaya bien, salvarse como deca bblicamente: Todo el mundo adoptar[a] el sistema estadounidense. Porque el sistema estadounidense slo podra sobrevivir convirtindose en un sistema mundial.(5)

Para esa universalizacin del american way of life, Israel es primordial. Pero a su manera, regionalmente, otras perlas destacadas de ese collar sobre el pescuezo planetario son Uruguay, Costa Rica, Filipinas, Corea del Sur, Singapur, Reino Unido, Canad y un largo etctera.

La cuestin es si nos aceptamos as. Como nos quiere el amo.

notas:
1) Democracia S.A., Editorial Katz, Madrid, 2008.
2) Entre las minucias del pasito podra considerarse el costo, asombroso, del galpn de chapa erigido para recibir la donacin; algunos cientos de colchones, almohadas, frazadas, chapas de zinc, botas y otros calzados lo depositado ms el depsito propiamente dicho, ha costado casi medio milln de dlares. Es decir, los militares donantes han informado que se es el monto desembolsado. Confiemos en la contabilidad castrense estadounidense y que as como han sido tan generosos con el Uruguay no hayan sido igualmente generosos con los proveedores
3) Groucho.
4) Ob. cit.,, p. 362.
5) Ob. cit., p. 329. Entrados al s. XXI, vimos a A. Negri y M. Hardt predicando algo similar, slo que autocalificndose de izquierda. Imperio, Paids, Buenos Aires, 2002.

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