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Una bomba química nos extermina en silencio
Por Patricio Eleisegui - Monday, Jun. 16, 2014 at 4:04 PM

“Ahora dice que lo hace otra vez en una cama, pero hasta hace menos de tres años Fabián Tomasi apenas si podía dormir sentado en una silla. Las llagas en todo el cuerpo, las lastimaduras en las puntas de los dedos, habían empezado mucho antes: en 2007.” Compartimos la excelente crónica de Patricio Eleisegui, finalista en el año 2013 del Premio La Voluntad de la Fundación Tomás Eloy Martinez.

Una bomba química n...
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Por Patricio Eleisegui (Texto finalista en el concurso de Crnicas realizado por la Fundacin de Periodismo Toms Eloy Martinez ao 2013)

Ahora dice que lo hace otra vez en una cama, pero hasta hace menos de tres aos Fabin Tomasi apenas si poda dormir sentado en una silla. Las llagas en todo el cuerpo, las lastimaduras en las puntas de los dedos, haban empezado mucho antes: en 2007.

En ese momento nadie en Basavilbaso, un pueblo de menos de 10.000 habitantes ubicado casi en el centro de la provincia de Entre Ros, repar en que el padre de Nadia haba perdido, en cuestin de meses, ms de veinte kilos de peso.

Como ocurri con la mayora de las localidades de la zona en los inicios de la dcada del 2000, la llegada masiva de empresarios de otras provincias con intenciones de sembrar soja en los campos cercanos al pueblo se robaba toda la atencin. Y apenas si qued tiempo para comentar lo cambiado que estaba el hombre que en ese momento trabajaba en los campos y hoy, con apenas 47 aos, prcticamente no sale ni a la vereda de su casa.

Los recin arribados, patrones nuevos y desconocidos al frente de mquinas de sembrar y cosechar nunca vistas en el pueblo, se apropiaron con rapidez tanto de toda la mano de obra rural disponible como de la voluntad de los productores locales que, hasta la irrupcin de un poroto conocido recin una dcada antes, vivan de cultivar trigo, arroz o lino.

El avance de la soja fue tan incontenible que entre 2006 y 2012 de las 2 millones de hectreas de suelo apto para el cultivo que posee Entre Ros, alrededor de 1,3 millones terminaron ocupadas por la oleaginosa. Dicho de otra forma, en dos de cada tres hectreas del territorio agrcola disponible se engendra hasta estos das un producto que, adems, no se consume en la provincia y tiene como destino principal el mercado chino.

Pero Fabin Tomasi desconoca el cambio que comenzaba a profundizarse en la matriz de produccin entrerriana cuando, en 2006, volvi a trabajar para Molina & Cia. SRL., una de las pocas empresas de servicios de fumigacin surgidas en la zona y que, tambin a fuerza de adquirir tierras y reorientar parte de su estructura de negocios a la siembra de soja, resisti a la llegada a Basavilbaso de tractores, sembradoras y pulverizadores provenientes de Crdoba o Santa Fe.

Entusiasmado con la posibilidad laboral en una firma para la que haba cumplido algunas tareas en aos anteriores, este hombre, al que todava le perdura el colorado en la piel de tantas jornadas de labor bajo el sol mesopotmico, acept cumplir con una tarea sencilla: cargar aviones fumigadores con los nuevos productos que requiere la soja para florecer y asegurar rindes que nunca en su historia alcanzaron el lino o el arroz.

Para facilitar su adaptacin al nuevo rol, el mismo dueo de Molina & Cia. SRL., Oscar Molina, trabajar codo a codo con Tomasi y tambin llenar los tanques de las aeronaves y trasladar a los pilotos hasta una pista improvisada entre lotes ajenos o de la misma pulverizadora.

Pocos meses despus, un cncer fulminante dejar a Tomasi sin su mentor. Y el nuevo lder de la empresa, hijo del empresario fallecido, derivar al empleado a una oficina repleta de bidones para que, acompaado de recipientes con agroqumicos como el glifosato, el endosulfan, o el 2,4-D, cumpla con la funcin de programador de vuelo.

Para entonces, Basavilbaso ya era una de las principales reas de produccin de soja de la provincia y el paisaje del pueblo, de casas bajas y puertas altas, poco a poco empezaba a completarse con las camionetas 44 que acerc la renovada prosperidad de varios productores. En el recuerdo comenzaba a quedar la tradicin de una plaza que, hasta bien entrada la dcada del 90, hizo del ir y venir de los trenes, la reparacin de vagones de carga, su rasgo distintivo.

Molina & Cia. SRL., por su tipo de negocio, competa de forma directa con los proveedores de los llamados pooles de siembra, esto es, sociedades de inversores que destinan capital a la agricultura pero tercerizan toda la produccin y ejercen la actividad sobre tierras alquiladas.

La expansin de los pooles de siembra en esa parte de la Mesopotamia argentina ser de tal magnitud que, de 2007 en adelante, pasarn a controlar el 60% de los campos productivos de Entre Ros. Cada uno de estos grupos financieros tendr bajo su control una superficie arrendada promedio de 5.000 hectreas.

Al dominio de grandes extensiones los empresarios le irn adicionando un esquema de labranza que garantizar, cada vez con mayor efectividad, un mayor rdito a menor inversin.

Entre otras variantes, los pooles perfeccionarn el uso de la siembra directa, una tcnica que permite colocar las semillas bajo las primeras capas de suelo sin que esto implique tener que abrir la tierra. Esta alternativa reduce la aparicin de numerosas plagas que pueden afectar la evolucin de los cultivos dado que impide la oxigenacin del suelo.

En simultneo, utilizarn slo soja transgnica que incorpora un gen que la hace resistente a herbicidas como el glifosato, y ampliarn las fumigaciones con plaguicidas para eliminar cualquier especie que pueda competir con la oleaginosa por recursos como el agua, los nutrientes, y el sol.

Cuidar el trabajo
Desde su nuevo puesto de programador de vuelo, Tomasi comenzar a observar cmo el nmero de peones de campo con los que se cruza en el pueblo y alguna que otra estancia empieza a reducirse.

Fuera de Basavilbaso, la imagen se repetir en localidades de la zona como Villaguay, Villa Elisa, Rosario del Tala o, incluso, en los lotes linderos a la ciudad de Gualeguaych.

Los pequeos o medianos productores, ante el poder financiero de los pooles, optarn por alquilar sus tierras para no tener que lidiar con la incertidumbre de una potencial mala cosecha, y se desligarn de la suerte de sus empleados. A la par de la receta para cultivar con menor riesgo, los capitales asociados tambin irn poniendo en prctica una frmula que les permitir bajar los costos de la mano de obra.

As, durante la primera dcada del 2000 Entre Ros se puebla de maquinarias que siembran y fertilizan al mismo tiempo, aparatos de fumigacin terrestre, y aviones y pilotos que se alquilan a otras provincias.

El resultado es contundente: por ms que el cultivo de soja demanda un lapso de cuatro meses entre la siembra y la cosecha, el tiempo de trabajo intensivo, por efecto de la incorporacin masiva de nuevo equipamiento, apenas si alcanzar los catorce das.

De ese nmero escueto que perdura hasta estos tiempos, asegura un productor de Villaguay, los arrendatarios destinan un da a sembrar, doce a fumigar, y uno ms a cosechar.

Ya ni siquiera hay que estar en el lugar fsico para hacer la diferencia econmica. Por eso hoy, sin ir ms lejos, se puede hacer soja en Entre Ros desde Punta del Este. El empresario necesita nada ms que tener seal en el celular y los contactos para hacer todo a travs de terceros. As funciona, y cada vez mejor, detalla.

Hasta la consolidacin de este modelo, en cualquier provincia de tradicin agrcola de la Argentina se requera de un lapso de hasta tres meses de espera antes de volver a utilizar la tierra para una nueva siembra. Los procedimientos que masificaron los pooles en plazas como la entrerriana lograron reducir esa pausa a veinte das.

En la actualidad, de la mano de errores que se fueron superando y ajustes que perfeccionaron el mtodo, la labor de los productores de soja en casi todo el pas se ajusta a tareas simples como regar los campos con agroqumicos una vez levantada la oleaginosa, esperar esos veinte das, y despus s avanzar con la aplicacin de semillas. El productor de Villaguay sostuvo que, con la maquinaria que hoy se utiliza en territorio entrerriano, es posible sembrar ms de 100 hectreas en menos de un da.

De esa manera, y merced al rendimiento de la tecnologa incorporada, basta un solo pen para labrar 1.000 hectreas. De ah que los pedidos de personal incorporarn en Entre Ros, con el correr de los aos, requerimientos como saber operar cosechadoras y, en simultneo, contar con licencia para pilotear aeronaves.

Aunque la oferta area evoluciona a pasos agigantados, y los aviones pulverizadores suman todo tipo de herramientas que mejoran el rendimiento en cada campaa, en esa provincia sobreviven actividades que, cuanto menos, merecen tildarse de aberrantes.

El ejemplo ms ilustrativo es el de los llamados banderilleros. Se trata de nios que, ubicados en medio de los campos, tienen por funcin sealar con banderas el sitio por el que debe pasar cada avin que suelta agroqumicos. Los pequeos, que rara vez alcanzan los 12 aos, tambin reciben, inmviles y sin proteccin alguna, toda la descarga que lleva a cabo el fumigador.

La tarea de esos menores se completa, luego, con el lavado de los tanques de esos mismos aviones que antes los baaran con plaguicidas. Esta manipulacin de txicos por parte de nios se hace extensiva, adems, a los equipos de pulverizacin terrestre, para cuya higienizacin los productores tambin contratan banderilleros.

El aspecto clave para que la ecuacin econmica de quienes cultivan en Entre Ros cierre de forma perfecta estar en la efectividad de los bidones que, apilados y acumulando litros y litros de productos con nombres extraos, restarn espacio en la oficina ocupada por Tomasi hace seis aos.

Vos te ests secando, Fabin
En 2007, los dedos de las manos del empleado comienzan a sangrar. Las lesiones se extienden a los brazos y, para descartar un problema mayor, Tomasi decide visitar a Roberto Lescano, uno de los mejores mdicos de Basavilbaso.

El programador de vuelos tambin ha perdido peso, pero vincula esa delgadez a la cantidad de horas que dedica a su trabajo. Imagina, adems, que el cansancio permanente de los ltimos meses no es ms que otra demostracin del famoso stress.

Lescano lo examina. Primero las manos, luego la cara, cada vez ms huesuda. Le pide que se quite la remera. Suspira, preocupado. Y da, sin que le tiemble la voz, un veredicto que resuena hasta hoy en los odos del por entonces empleado: Vos te ests secando, Fabin.

Los msculos de Tomasi, de la cintura para arriba, prcticamente han desaparecido. El pecho de quien fuera un hombre de ms de 80 kilos no es ms que piel y huesos. El sangrado de los dedos, frente a la delgadez extrema, es un problema menor.

Mientras revisa el cuerpo de su paciente, que empieza a exhibir manchas que luego derivarn en llagas en piernas y brazos, Lescano piensa en el prximo paso. A la cabeza le viene el apellido de un mdico holands de una localidad cercana, Puiggari, en la periferia de Libertador San Martn.

Semanas despus, y tras un rpido chequeo, el holands en cuestin, el doctor Bernhardt, confirmar lo supuesto de antemano por Lescano: Fabin Tomasi sufre de una intoxicacin por agroqumicos. Y padece, adems de un agravamiento en su diabetes crnica, un mal conocido como Enfermedad del zapatero.

La dolencia en cuestin surge como consecuencia de aspirar durante largos perodos los solventes que, por ejemplo, completan la frmula del grueso de los plaguicidas con presencia en la actividad agropecuaria argentina. Esos mismos compuestos integran los pegamentos que se utilizan en las fbricas de calzado y de ah su nombre.

La Enfermedad del zapatero tambin afecta a los empleados de las estaciones de servicio por los aditivos que integran las naftas, y se manifiesta a travs de mareos y prdidas de equilibrio. A largo plazo, el contacto con solventes genera daos irreparables en el sistema nervioso perifrico.

Con la confirmacin del problema, volvern a la mente del empleado los recipientes cargados de endosulfan, glifosato, 2,4-D, clorpirifos; compuestos sobre los que reparar con mayor atencin con el correr de los diagnsticos mdicos.

Tambin repasar los nombres de algunos de sus fabricantes, pese a que Molina & Cia. SRL. que a esa altura ya evaluaba la forma menos escandalosa de prescindir del empleado ms de una vez se ocup de pulverizar los campos, por ser ms baratos, con productos sin etiqueta y contrabandeados desde Uruguay.

A partir del encuentro con Bernhardt, Monsanto, Syngenta, Nidera, BASF, Atanor o Dow, pasarn a integrar buena parte de las conversaciones que Tomasi mantendr con mdicos de Entre Ros y Buenos Aires.

El nombre del veneno
En mi trabajo usaban hasta productos que estn prohibidos. Endosulfan, por ejemplo. Tambin gran cantidad de 2,4-D e insecticidas como el clorpirifos. Cuando lleg la soja a Entre Ros, ah apareci el glifosato. Nunca nos hicieron proteger con nada, dice el ex programador de vuelos.

El endosulfan es un insecticida diseado para combatir insectos y plagas agrcolas de todo tipo y su comercializador, Bayer, dej de venderlo en 2009 luego de que ms de 60 naciones incluido todo el bloque europeo prohibieran su uso por provocar desde cncer hasta deformidades congnitas pasando por desrdenes hormonales, parlisis cerebral, epilepsia y problemas en la piel, los ojos y las vas respiratorias, entre otros males.

Como desde el ao 2000 hacia ac los empresarios locales concretaron compras masivas del producto, sobre todo a la India, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) habilit su uso hasta julio de 2013 para que se agote todo el stock disponible. Pero, superada esa fecha, se acumulan relevamientos que dan cuenta del uso de endosulfan en campos de Entre Ros, Santa Fe y Buenos Aires durante el segundo semestre de, precisamente, 2013.

El 2,4-D, en tanto, es un herbicida que, desarrollado como arma qumica en Gran Bretaa en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, elimina toda la vegetacin presente en cualquier campo y se aplica para preparar la tierra antes de cultivar soja.

A partir de la dcada del 60, Estados Unidos integr el 2,4-D a la frmula que dio origen al Agente Naranja, una mezcla de herbicidas con la que se rociaron miles de hectreas de selva durante la guerra de Vietnam. Esto, en bsqueda de neutralizar tanto los escondites de la guerrilla comunista Vietcong como los cultivos de arroz con los que se alimentaba este grupo.

En Entre Ros, la utilizacin de 2,4-D est prohibida por ley, pero incluso el mismo mdico de Fabin Tomasi, el doctor Roberto Lescano, asegura que se sigue pulverizando con el producto en toda la provincia. Hay que pensar que apenas el 50% de los aparatos aplicadores terrestres que operan en Entre Ros estn declarados. Los productores hacen lo que quieren, comenta.

Antes de la llegada de la soja, ac se viva de producir arroz, trigo, lino. Ahora si encontrs 10 hectreas sembradas con lino les tens que sacar una foto. Es toda una rareza. Con el arroz pas lo mismo, y termin relegado a otras zonas mucho ms chicas. Hace 10 aos ac estbamos rodeados de arroceras. Ahora todo es siembra directa, soja y plaguicidas como el 2,4-D, agrega.

Otro de los insecticidas con los que tuvo contacto Tomasi, el clorpirifos, tambin tiene su origen en la industria militar. Fue desarrollado por cientficos de la Interessen-Gemeinschaft Farbenindustrie AG (IG Farben), un conglomerado alemn conformado en 1925 por compaas como Bayer o BASF y que, ya en tiempos del nazismo, produjo gases neurotxicos para el Tercer Reich.

En Estados Unidos su principal fabricante, la multinacional Dow, recibi sanciones millonarias entre 1995 y 2003 por ocultar numerosos casos de intoxicacin con el producto. En tanto, estudios efectuados en los ltimos aos por universidades norteamericanas como Columbia culpan al insecticida de, adems, generar en los nios retrasos fsicos y mentales.

Muy eficaz en sus resultados cuando de erradicar cualquier insecto se trata, el clorpirifos es uno de los plaguicidas predilectos de los empresarios del agro argentino: el pas importa, por ao, ms de 8,6 millones de litros/kilos del producto. Estadsticas de la Aduana reflejan que su consumo se elev ms de un 100% de 2010 a esta parte.

Informes de organizaciones como la Red de Pueblos Fumigados, una entidad conformada por especialistas en salud que pugnan por la erradicacin de las pulverizaciones en las principales provincias agrcolas, sostienen que, dividida en dosis de mxima concentracin, la cantidad de clorpirifos que ingresa cada ao desde el exterior alcanzara para eliminar hasta 60 veces toda la poblacin de la Argentina.

Pero dentro de las oficinas de Molina & Cia. SRL., el producto que ms ocupaba lugar en los tiempos de Tomasi como programador de vuelos era, sin dudas, el Roundup. Esto es, el nombre comercial del herbicida a base de glifosato con el que Monsanto viene acumulando millones de dlares desde hace casi cuatro dcadas y que, dado su vnculo con la soja modificada genticamente creada por el mismo fabricante, resulta la herramienta qumica predilecta de quienes cultivan la oleaginosa.

La estrella txica
El glifosato, bajo la etiqueta Roundup, se presenta como un herbicida total, por lo que su aplicacin deja sin vegetacin a cualquier espacio verde. Dada esta caracterstica, su uso sobre campos con soja culminara por daar tambin al poroto. De ah la decisin de Monsanto de investigar hasta obtener un gen que, incorporado a la semilla, resiste el poder del Roundup.

El resultado: la soja RR (Roundup Ready), comercializada en Argentina a partir de la segunda mitad de la dcada del 90 y que permite seguir fumigando para aniquilar la maleza mientras el cultivo evoluciona.

En Estados Unidos, su pas de origen, el glifosato dijo presente en uno de los mayores escndalos en la historia de la industria qumica norteamericana. En 1976, la Agencia de Proteccin Ambiental estadounidense (EPA, por su sigla en ingls), consign errores y deficiencias en estudios elaborados por el Industrial Bio-Test Laboratories (IBT), uno de los laboratorios ms importantes en cuanto a determinacin toxicolgica de pesticidas.

Sin mayores rodeos, la EPA acus a IBT, establecimiento que promovi 30 estudios sobre glifosato y frmulas comerciales a base del mismo desarrollo entre estos, 11 de 19 sondeos diseados para constatar su toxicidad crnica, de falsificacin rutinaria de datos y omisin de informes sobre numerosas defunciones de ratas y cobayos sometidos al herbicida.

Entre 1992 y 2007, el glifosato acumul reveses judiciales en tribunales de Estados Unidos y Europa, como as tambin ms de una multa por comercializarse como biodegradable siendo que el techo de su toxicidad nunca ha sido constatado.

Desde hace ms de quince aos, el glifosato es el agroqumico que ms se utiliza en los campos argentinos. De los ms de 300 millones de litros que se arrojan sobre los lotes cada ao, 200 millones corresponden nicamente al producto que Monsanto empez a vender de forma masiva en la dcada del 70. Producto de esa cifra, Argentina consume el 9% del glifosato que hoy se produce alrededor del mundo.

Su aplicacin en el pas est tan extendida que hasta pueden ubicarse ofertas del herbicida en diferentes tamaos y precios, sin advertencia sanitaria alguna, en portales de comercio electrnico como MercadoLibre.com.

Campo de prueba
En la provincia de Entre Ros, segn entidades ambientales de ese distrito, se aplica un promedio de 10 litros de glifosato por hectrea en cada campaa. Esto equivale a 13 millones de litros que son fumigados desde aviones o vehculos terrestres toda vez que se siembra soja.

Tomasi destaca que, durante la segunda mitad de la dcada del 2000, el Roundup se empez a usar en Entre Ros en combinacin con otro producto de tremenda toxicidad: la atrazina, un herbicida que lleg a la Argentina en 1960 y que en Europa carga con un largo prontuario por su comprobado efecto nocivo sobre poblaciones de peces, aves y reptiles.

En 2010, el qumico en cuestin fue presa de una controversia internacional producto de un estudio de la universidad estadounidense de Berkeley que comprob nuevos efectos sobre los anfibios.

La investigacin arroj que cuando los machos de los anfibios se utilizaron ranas para la muestra son expuestos a pequeas cantidades de atrazina, el 75% de ellos queda estril mientras que un 10% se convierte en hembra.

Para Tomasi, ms all de la peligrosidad resultante de su combinacin con la atrazina, el mero contacto con los bidones de glifosato ya es contaminante. Pero, a su entender, el mayor problema radica en que las malezas, como sucede con cada ser vivo, con el correr de los aos han desarrollado resistencias al Roundup.

El primer caso de inmunidad al glifosato se registr en 2002. La maleza que triunf sobre el herbicida de Monsanto: el sorgo de Alepo (Sorghum halepense).

De acuerdo a un informe de Greenpeace referente a la expansin del qumico en el pas, las alertas tempranas respecto del comportamiento del sorgo de Alepo no fueron atendidas, y los agricultores que expresaron sus preocupaciones en la zona norte de Argentina fueron tranquilizados.

Le siguieron el Yuyo Colorado (Amaranthus quitensis), la Gramilla Mansa (Cynodon hirsutus), el Raigrs (Lolium multiform), el Pasto Amargo (Digitaria insularis, resistente al glifosato tambin en Brasil y Paraguay), y la Lengua de Vaca (Rumex crispus), entre otras.

Segn la organizacin, veintin otras malezas de Argentina han sido catalogadas como apenas controladas por el glifosato y este podra ser el prximo paso para ascender a la resistencia total mediante otro paso evolutivo. En otras palabras, la efectividad del agroqumico camina por la cornisa.

Tomasi advierte que estas resistencias han derivado en un uso mayor del herbicida por parte de los productores entrerrianos, adems de incentivar la aplicacin del producto de Monsanto en compaa de otros plaguicidas bajo la forma de ccteles txicos.

Con tal de matar todo menos la soja, se mezcla el glifosato con insecticidas y se lo aplica dnde sea. No importa si es cerca de los pueblos o de las escuelas, dice.

Peligro en el aula

La situacin de los establecimientos educativos rurales en Entre Ros es dramtica. Directoras como Estela Lemes, de la escuela nmero 66, Bartolito Mitre, de Costa Uruguay Sur, en la periferia de Gualeguaych, vienen denunciando desde 2010 sucesivas pulverizaciones sobre los salones de clases en cada siembra.

Segn la docente, slo en el departamento de Gualeguaych operan dieciocho escuelas que en los ltimos dos aos reportaron haber sido vctimas de fumigaciones areas. En septiembre de 2012 pulverizaron a partir de las dos y media de la tarde, justo cuando los chicos estaban en pleno recreo, cuenta.

Alergias y problemas respiratorios de toda ndole son algunas de las consecuencias visibles que origin el incidente.

Los inconvenientes, a la hora de llevar la problemtica a la Justicia, son mltiples segn Lemes: buena parte de los funcionarios entrerrianos son empresarios agrcolas, los padres de los alumnos de las escuelas rurales trabajan en los campos en los que se fumiga, y hasta organizaciones de lucha contra la contaminacin como la Asamblea Ambiental Gualeguaych cuentan entre sus integrantes con numerosos productores de soja.

Las fumigaciones empezaron hace unos cuatro o cinco aos atrs. Antes no tenamos este problema. En una poca toda esta zona, que est a unos 15 kilmetros del centro de Gualeguaych, estaba dedicada a la ganadera. Hoy todo es siembra de soja, explica.

Por el momento, la alternativa para los docentes es similar a la de Tomasi: resistir y comunicar. Y aprender a dominar ambas tareas en un contexto de poblaciones pequeas en las que todos se conocen, y donde cualquier planteo judicial puede derivar en una persecucin social que slo se interrumpir con la mudanza del denunciante.

Por supuesto, antes se agotarn otras instancias. Por ejemplo, la del dinero a cambio de silencio.

Perderlo todo
A m me ofrecieron plata, todo, despus de que me revisaron los primeros mdicos. Pero antes, en Molina & Cia. SRL. me tuvieron trabajando en negro y sin ninguna proteccin, relata Tomasi.
A partir de 2008 el empleado dejar de caminar. Desesperados, sus padres le darn cobijo en el hogar familiar mientras se suceden los chequeos mdicos en Basavilbaso y Buenos Aires. Nadia, su hija ya adolescente, no se despegar de su lado.

En paralelo a su caso, aparece el de un compaero de trabajo con problemas estomacales y otro empleado de la misma empresa al que se le detecta esterilidad. En ese contexto, Tomasi pone en marcha los trmites para jubilarse por PAMI. Los ms de veinte mdicos que lo revisan le pronostican seis meses de vida.

Lograr la jubilacin pero no por su actividad en Molina & Cia. SRL. El haber estado en negro me lo impidi, pero pude hacerlo gracias a mis trabajos anteriores, dice.

Por una acumulacin de lquido en una rodilla, se le practicar una biopsia en el hospital pblico de Basavilbaso. Le extraern ms de un litro de una sustancia blanca que ser examinada. Nunca se conocern los resultados de ese estudio.

Tambin me sacaron paredes de calcio de las piernas, los codos. El organismo reacciona frente al veneno generando ms y ms calcio. Adems, empiezo a tener problemas hormonales y me aparece un exceso de vello, detalla.

Mientras esto sucede, el hijo de un conocido de Tomasi, de apenas cuatro aos, muere de cncer en el estmago en el hospital Posadas de El Palomar, en las afueras de Buenos Aires. Los mdicos, ante el cuadro del nio, le preguntan al padre si vive cerca de una usina atmica o de una fbrica de qumicos. El vecino de Basavilbaso contesta que es encargado en un campo cerca de su pueblo, y que junto a la casa de la familia se levanta un depsito de agroqumicos.

Ac hay muchos casos como el mo. Infinidad de casos de cncer, nenes que nacen con malformaciones, criaturas con labio leporino. A dos casas de la ma vive una ingeniera agrnoma que sec el pasto de su patio con glifosato puro, asegura Tomasi.

Tras ms de cinco aos de lidiar con mdicos y estudios, cuenta que acaba de abandonar todos los tratamientos, incluido el que le aplic el doctor Jorge Kaczewer, un especialista de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que logr revertir la inmovilidad del enfermo a base de procana.

Para Tomasi, la agricultura de Entre Ros se ha vuelto un verdadero campo de concentracin. Y reafirma su conclusin mientras reconoce que nuevamente sufre de calambres en las piernas y regresin muscular. Al dolor fsico, en el ltimo tiempo se la ha sumado el sufrimiento emocional por la prdida de su padre.

Ahora estoy esperando que se termine todo. Mi hija ya est preparada. No le veo sentido a seguir peleando para vivir, confiesa.

Molina & Cia. SRL. contina operando en Entre Ros, aunque abandon sus instalaciones en Basavilbaso.

La compaa ahora explota un campo ubicado entre los lotes que separan a ese pueblo de Gilbert, una localidad de alrededor de 1.500 habitantes rodeada de cultivos de soja. En esa superficie sigue sembrando la oleaginosa y, en simultneo, explota su negocio de aplicacin de agroqumicos con equipos terrestres y aeronaves tanto en su establecimiento rural como en estancias de terceros.

Las reiteradas denuncias de Tomasi respecto de la forma en que la empresa desarrolla sus actividades, y las consecuencias sanitarias que origina esta labor, no cambiaron el foco comercial, aunque s encendieron la imaginacin de sus lderes para buscar la manera de disimular el impacto que genera el emprendimiento.

As, y mientras revisa el cronograma de vuelos de las prximas fumigaciones, la titular de Molina & Cia. SRL., Mara Elena Spiazzi, viuda de Molina, hoy se hace un espacio para, adems de estar al frente de una biblioteca popular, presidir la representacin de la Asociacin Lucha contra el Cncer (ALCEC) en Undinarrain, un pueblo de poco ms de 8.000 habitantes distante media hora de Basavilbaso.

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