Julio López
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Crisis hídrica: Agua hoy, ¿sequía mañana?
Por (reenvio) Semanario Bamba - Thursday, Dec. 24, 2009 at 1:42 PM

Para algunos especialistas, el aprovechamiento de las napas subterráneas es uno de los caminos para afrontar la falta de agua crónica que afecta a nuestra región.

Semanas atrás, la crisis hídrica ocupó la tapa de numerosos medios; implicó extensos minutos en pantalla en los horarios centrales de muchos noticieros. Funcionarios nacionales, provinciales y locales comenzaron a hablar de la importancia de realizar obras de infraestructura para evitar futuras carencias. Así, pudieron escucharse diversos planteos como el aprovechamiento del río Dulce (afluente que alimenta a la laguna Mar Chiquita, que se está secando) o la construcción de un acueducto que traiga agua desde el Paraná a nuestra provincia.

Ante la presencia de algunas lluvias, el tema parece haberse «evaporado» de la agenda mediática y política. Sin embargo, sabemos que esto es sólo circunstancial. Con la idea de no perder de vista esta problemática y abordarla desde diversas aristas, «Semanario Bamba» habló con Daniel Pustilnik, especialista en aguas subterráneas para zonas áridas, quien ha realizado numerosas investigaciones en la zona norte de Córdoba, Santa Fe, Chaco, Formosa, incluso Bolivia. Para él, la explotación racional de las napas subterráneas es una alternativa a la crisis hídrica que no se está teniendo en cuenta.

-¿Específicamente qué es lo que investiga o en qué se especializa?
-Me especialicé en el estudio de aguas subterráneas en Buenos Aires, norte de Santa Fe, Chaco, Santiago del Estero. Lo que hacemos es detectar por métodos geofísicos los pocos bolsones de agua dulce (si es que existen) que hay en los terrenos o campos. Cuando se perfora al azar, sin un estudio previo para encontrar agua dulce, se la bombea un cierto tiempo y si todo anda bien, pueden hacerse obras de infraestructura como pozos, molinos, tanques, bebederos, y se explota el depósito de agua; pero luego se saliniza y se echa a perder. Nuestro trabajo consiste en buscar esas zonas mediante electro-sondeos cercanos unos a otros, para ver la forma del bolsón, porque son como palanganas de agua subterránea a una profundidad variable. Los electro-sondeos que realizamos nos permiten detectar, sin necesidad de perforar, desde y hasta qué profundidad hay agua dulce; la que en esas zonas se encuentran «flotando» es salada de acuerdo a su densidad. En base de estos y otros datos se puede determinar en qué lugar hacer la obra de infraestructura, cuántos litros de agua sacar por día y qué obra hay que hacer para que permanezca con esa calidad de agua.
Se trata de saber cómo explotarlo racionalmente de acuerdo con la forma del «bolsón» y cómo mejorar la zona a través de obras de infiltración o «inyección» forzada de agua en represas de fondo permeable, determinando cuál es el lugar más apropiado, dimensiones, etcétera, y hasta qué profundidad máxima se deben hacer las perforaciones o pozos.

-¿Qué condiciones tienen que tener las napas para ser explotadas para uso humano?
-Primero no tendrían que estar contaminadas; después no deberían pasar las normas de salinidad que establecen los organismos internacionales. En Carlos Paz tenemos registradas varias perforaciones. No sé si actualmente se está utilizando esa agua, el tema es que la ex-DIPAS permita y controle su explotación.

-¿Se están aprovechando las aguas subterráneas en algún lugar?
-Sí, estamos realizando trabajos en el norte del país, desde Rafaela para arriba; y en Córdoba en la zona de tambos. Hemos realizado más de mil estudios en treinta años. Justamente, entre otros artículos, escribí uno que se llama «El auto-saqueo del agua dulce», en el que enfrento a los pequeños y grandes productores que muchas veces encuentran un lugar para sacar agua, directamente ponen un bombeador y en lugar de sacar tres mil litros por hora, sacan lo máximo que pueden y a la larga terminan salinizando el agua.
Tengo entendido que la zona de Villa Dolores está bien organizada, porque no le permiten a un productor que perfore a cierta distancia de un pozo vecino, porque si no interfieren entre sí las dos perforaciones. Además, primero van a constatar para qué va a dedicar ese pozo, porque no es cuestión de tirar el agua así nomás.

-¿Se tiene en cuenta el impacto ambiental a la hora de realizar estos trabajos?
-Justamente, se está estudiando cómo mejorar las zonas donde se realizan perforaciones. Las condiciones se pueden optimizar si uno calcula el radio de acción del pozo con agua útil; es decir, si detiene el frente de agua salino que se viene a medida que se lo trabaja. Si los pozos aledaños al que se está explotando están sobre-explotados o salinizados, a la larga lo terminan afectando. Pero se puede hacer un determinado tipo de obra para frenar este proceso, incluso se puede mejorarlo a través del tiempo y la infiltración de agua, con lo cual, al cabo de cuatro o cinco años de trabajo se da la posibilidad de explotar el sector un poco más.

-A nivel local, ¿ha realizado alguna investigación en Córdoba o en el Valle de Punilla?
-Estamos haciendo trabajos por cuenta propia desde hace varios años. Probamos los equipos geofísicos para ir al norte, a 500 ó más kilómetros de aquí. Hemos realizado investigaciones en Solares de Icho Cruz, en un pozo que estuvo en explotación. Por ahora, lo que hacemos es investigación de base, que la tendría que hacer el Gobierno, para ver hasta qué punto y cuánto tenemos de agua subterránea y de qué forma podemos explotarla racionalmente, sin que esto implique un deterioro del recurso.
Lo que hemos notado en muchos lugares es que en determinadas épocas se secan los ríos y sus alrededores. Como no hay crecientes en todo el año, el agua va retirándose. Cuando vuelve el período de lluvias, los cursos de agua recuperan su caudal y pueden volver a utilizarse para proveer del vital elemento a la población. Pero cuando estamos en tiempo de sequía, se podrían aprovechar las napas subterráneas, especialmente el sub-álveo de los ríos.
A los costados de la ruta 19, en la salida de la ciudad de Córdoba, se han hecho perforaciones que se usan para industria y riego. Sacan agua de excelente calidad, cuya productividad ronda entre los 400 y hasta 1.000 metros cúbicos/hora y aún más. Si se hicieran ocho o diez perforaciones como ésas, se las interconectara a un acueducto central de pocos kilómetros, podría utilizarse el recurso para aumentar la provisión de agua a la ciudad de Córdoba. Si a esto le sumamos las pérdidas por mala explotación del canal a cielo abierto desde el Embalse Los Molinos y un uso algo más racional de la población no sería necesario «publicitar» una obra faraónica de más de 1.000 millones de dólares como sería un acueducto desde el Paraná. Con los 150 ó 200 millones que se piensa gastar, según declaraciones del gobernador Juan Schiaretti, sólo para el estudio de ese mega-proyecto, bastaría para realizar estas obras. De cualquier forma, el manejo, explotación y distribución del agua debiera estar en manos del Estado y/o cooperativas, estrechamente vigilados por los vecinos, comunas, organizaciones no gubernamentales, ya que «quién controla el agua controla el poder».

En cuanto a las perforaciones, no más de un 20 por ciento están declaradas en la ex DIPAS y desde este organismo se han tomado pocas molestias para regularizar esta situación y de cobrarle a estos productores por la explotación de un recurso natural que es de todos. Nunca se ha terminado un estudio serio y en detalle para saber cuántas perforaciones hay a 30 ó 40 kilómetros en los alrededores de Córdoba, y cómo deben ser explotadas para evitar que se agoten.
También habría que destacar que primero está el hombre, después el animal y en última instancia el riego. Desde Córdoba hasta Monte Cristo, por ejemplo, existe una zona bastante favorable, con un muy alto caudal de agua que podría ayudar para abastecernos. Además, sucede que hay un gran déficit en el Instituto Nacional de Agua (INA) en lo referido a presupuesto, equipamiento y profesionales. Son conocidos los errores que se han cometido en el Chaco, por ejemplo en el paraje Las Piedritas dijeron que había agua dulce, se hicieron perforaciones a más de 400 metros y emergió un fluido totalmente salado.
Eso significó un enorme gasto en capital y en tiempo. Ni hablar de las «ilusiones perdidas» de la gente. En Chaco, a nivel oficial hay una sola geóloga a punto de jubilarse y este tipo de investigaciones son fundamentales para esa zona.
Sabemos que la Subsecretaría de Recursos Hídricos cuenta con personas idóneas, pero tiene muchos espacios burocráticos y le faltan medios o se dilapidan en otras cosas; falta que se promueva la investigación de base. Por ejemplo: debería contarse con un estudio sobre los niveles de evaporación del lago San Roque en 40 ó 50 años y de estos datos se carece totalmente.

-¿Se podría pensar en la posibilidad de explotar las napas de aquí?
-En esta zona hay muchos particulares que tienen pozos de agua. Puedo dar fe que en algunos de ellos se saca agua de muy buena calidad. Nuestra especialidad no es la parte bacteriológica, pero sabemos que al estar cerca de una zona poblada la primera napa puede estar contaminada; pero habría que ver qué pasa en la segunda y aún una tercera. Por ejemplo, en Icho Cruz, se puede encontrar la segunda entre 45 y 60 metros, aproximadamente.

Finalmente el especialista concluyó: «Quisiera que la investigación y la determinación de las obras públicas esté en manos de equipos interdisciplinarios, compuestos por ingenieros y técnicos y no a cargo de políticos. Tendría que haber organismos con poder de decisión que supervisen los proyectos que se plantean, porque se está hablando de conectar una cuenca con otra y habría que ver el impacto ambiental, estimando adecuadamente qué perjuicios y beneficios pueden generar estos cambios. Con sólo cuatro o cinco días sin agua, la gente se deshidrata y muere. Debemos repetir lo que dijo Leonardo Boff: «Quién controla el agua, controla la vida… y el poder».

Carlos Paz, Córdoba
Edición nº 352
18 de Diciembre de 2009

http://www.semanariobamba.com.ar/

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