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[ros] repercusiones en la prensa de la toma de e ríos 360
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Thursday, Oct. 03, 2002 at 9:21 PM
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MÁS DE 30 PERSONAS PLANEAN TRANSFORMAR UNA VIEJA CASONA VACÍA EN ENTRE RÍOS 360
Del abandono al “espacio público colectivo”
Los ocupantes de la casa, deshabitada desde hace diez años, quieren abrirla para el barrio.
El frente de la casona de Entre Ríos 360 muestra evidentes signos de abandono. No se trata únicamente de los grafitis que cubren las paredes, en donde se evidencian algunas rajaduras. La pintura está descascarada y hay telarañas acumuladas en varias esquinas. Sólo la cadena con candado que clausura la reja de entrada da testimonio de que está habitada. Aunque, en el barrio, se enteraron de una manera más directa: recibieron unos volantes que anunciaban la aparición de nuevos vecinos llegados con el objetivo de “recuperar espacios” y desarrollar un proyecto cultural.
Dos chicas que toman mate en el garage, a pocos metros de donde descansan una docena de bicicletas, buscan la aprobación de otros miembros del grupo antes de abrir los barrotes de hierro que las separan de la calle. “No se sabe cuánto tiempo estuvo abandonada, algunos dicen diez años”, explica una joven de cabello oscuro, líder natural de quienes el sábado pasado ocuparon la casona. El olor a humedad impregna las más de diez habitaciones de la vivienda, algunas de las cuales fueron clausuradas por el precario estado de los techos. En el pasillo que lleva al jardín, hombres y mujeres con ropa de fajina se turnan para realizar diferentes tareas de limpieza.
Una perra blanca oficia de guía en el recorrido. “Ella es Luna, la única con nombre en esta casa”, anuncia un barbudo desgarbado mientras señala al animal, único ocupante permanente de la casona. Es que los habitantes de Entre Ríos 360 se niegan a identificarse individualmente en un intento por reforzar “el hecho de que somos un grupo y trabajamos en comunidad”, aclaran.
En realidad, tal como ellos mismos admitirán luego, muchos de los habitantes de la casa no se conocen entre ellos. “Pero eso no es relevante. Lo importante es lo que hacemos juntos”, aseguran.
El movimiento generado por la mudanza del mínimo grupo que inició el proyecto fue tal que ahora, a apenas unos días de la ocupación, los habitantes de la casona oscilan entre 30 y 50 personas. “Somos gente de diferentes edades, provenientes de diferentes lugares”, explica una chica con un pañuelo en la cabeza. Lo que los une es la idea de “construir un espacio público colectivo”, asegura, algo que ellos definen como “una nueva forma de hacer política”.
Dos sillas, un banquito, algunos colchones y mantas ocupan la única habitación “recuperada” hasta el momento. En una esquina se amontonan mochilas de todos colores. “Nos une lo que sucede socialmente. Queremos que esta casa, abandonada durante tanto tiempo, se abra al barrio. Lo nuestro es un trabajo social. Por suerte, ya contamos con la solidaridad de algunos vecinos”, asegura la líder natural del grupo, quien indica que, una vez que logren poner en condiciones la casona, la intención será ofrecer talleres gratuitos de plástica, teatro, fotografía y música, trabajar en una huerta comunitaria y brindar apoyo escolar a los más chicos.