Julio López
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LA AMBICION BENETTON; LA RESISTENCIA MAPUCHE
Por periódico vasko Egunkaria - Wednesday, Nov. 13, 2002 at 5:26 PM

publicado en el periódico vasko Egunkaria el domingo 10 de noviembre.

Argentina
LA AMBICIÓN BENETTON,
LA RESISTENCIA MAPUCHE

La Patagonia es conocida en el mundo por sus lagos inmaculados y sus bosques prístinos, pero detrás de la quimera austral emerge la dura vida en una región azotada por el viento, el frío y la desigualdad. Durante siglos en esa porción sur de América Latina los Mapuche, al igual que otros pueblos indígenas, vivieron libremente. El conquistador español no logró someterlos y su pesadilla recién empezó cuando a fines del siglo XIX los nacientes estados argentino y chileno ocuparon militarmente su territorio ancestral, el Wallmapuche, y lo partieron en dos.
En 1885 finalizó la Conquista del Desierto - como llamó el Estado Argentino a su plan de ocupación y exterminio –: millones de hectáreas estuvieron disponibles para apuntalar el modelo agroexportador dependiente. Tras la detonación del último disparo comenzó el reparto del botín y el capital británico pisó firme en la región por haber financiado la operación militar. En Londres se formó la Compañía de Tierras Sud Argentino (CTSA), que fue durante casi un siglo una de las dueñas de la Patagonia. Las mejores tierras quedaron en sus manos, mientras que la mayor parte de los mapuche sobrevivientes fueron amontonados en la estepa, donde poco o nada crece. Los menos se instalaron en parajes más benignos, pero con el correr de los años se los despojó de esas tierras, como aún sucede.
Durante muchas décadas la Patagonia fue un gran rebaño de ovejas y los británicos llevaron el ferrocarril para sacar la producción de sus estancias. Pero la fuerte caída del precio de la lana en la década del ’80, las inclemencias naturales que azotaron la región (fuertes nevadas y lluvia de cenizas volcánicas) y la desertificación del suelo motivaron el progresivo cierre de muchos establecimientos ganaderos. Estos fueron vendidos a los nuevos dueños de la Patagonia, quienes no pretenden sembrar ovejas y cosechar cueros y lana, en su mayoría hoy compran lagos, naciente de ríos y bosques por su valor natural y turístico.
En 1991 el grupo italiano Benetton pagó 50 millones de dólares por la ‘legendaria’ CTSA, convirtiéndose en el mayor terrateniente de la región. Al sumar la superficie de las seis estancias que posee - distribuidas en las provincias patagónicas de Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz – el total ronda las 900 mil hectáreas. Si bien esta compañía continúa con la tradicional cría de ovejas – para confeccionar prendas de lana – ha diversificado sus actividades. Una de ellas es la forestación de miles de hectáreas con especies no nativas: hacia 1998 fueron plantados en sus campos alrededor de 2,5 millones de pinos de rápido crecimiento.
Si bien el desarrollo de estas especies impacta negativamente sobre el amenazado bosque nativo, el negocio de los sumideros de carbono, la rápida obtención de madera (de baja calidad) y los subsidios estatales se han impuesto sobre los criterios conservacionistas. El gobierno de la provincia de Chubut anunció recientemente el reinicio de los programas de promoción forestal – entrega de subsidios – suspendidos por la crisis económica. Y más allá de las advertencias de las Ong’s ambientalistas – como las formuladas por Comunidad Cuenca del Corcovado y Proyecto Lemu – cobran fuerza los proyectos de forestar con pinos exóticos alrededor de 5 millones de hectáreas de estepa.
Cabe destacar que en la zona ha forestar están comprendidos algunos establecimientos de Benetton, como son las estancias El Maitén y Leleque.

Plantar pinos, expulsar al mapuche

A principios de octubre la familia mapuche Curiñanco fue desalojada de un campo de más de 500 hectáreas ubicado en el noroeste del Chubut. Poco más de un mes había transcurrido de su instalación en ese campo situado a la vera de la ruta nacional 40, frente a la Estancia Leleque. A pesar de que allí el viento helado atraviesa tanto a hombres como a piedras esa familia había llegado para trabajar la tierra y escapar a la miseria y a la desocupación.
De la Cordillera helada bajan hilos de agua que nutren los ríos y arroyos, que atraviesan la zona y desaparecen a medida que avanzan por la estepa. De esos hilos Atilio Curiñanco se proveyó de agua; pala en mano abrió dos canales de más de 300 metros para regar el trigo, el maíz, las papas y otros vegetales allí sembrados junto a su esposa Rosa Rúa Nahuelquir y su familia.
Pero en la mañana del 2 de octubre una docena de efectivos policiales bien armados y escoltados por perros, llegaron al lugar para cumplir con el ‘lanzamiento’ ordenado por el juez de Instrucción de la ciudad de Esquel, José Colabelli. Con suma celeridad la justicia provincial respondió a la denuncia por usurpación realizada por Ronald Mac Donald, gerente general de la Estancia Leleque, - aunque parezca un chiste –. El pedido de una rápida intervención judicial estaba fundamentado en la necesidad de la inmediata liberación del campo para poner en marcha un proyecto de forestación...
Aunque los representantes de la CTSA/Benetton no presentaron documentación alguna que certifique sus derechos sobre el lugar, el desalojo de los indígenas se consumó sin demasiados trámites. En poco tiempo los uniformados desarmaron la precaria casa de chapa y madera construida por Atilio y su hermano Alfredo. También en poco tiempo confiscaron la yunta de bueyes, el arado, varias palas y otras herramientas de trabajo. Luego una cadena y dos candados aseguraron la tranquera: prohibido pasar. El alambrado y un par de policías separaban – y separan – a los Curiñanco de la tierra trabajada.

Bumerán

La acción iniciada por los representantes del grupo italiano podría transformarse en un bumerán, ya que abre una serie de interrogantes sobre la presunta falta de transparencia en algunas transacciones inmobiliarias realizadas en la región. Si bien la mencionada compañía presentó documentación fechada en 1896 sobre su creación en Londres y las negociaciones realizadas con el Estado Nacional en aquellos años, no adjuntó certificado de mensura de sus extensos campos. Por lo que se desconocen los límites precisos de sus propiedades.
Ante esta situación los abogados de la familia denunciada, Gustavo Macayo y Luis Codesal, solicitaron a diversos organismos del Estado – como el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y la Comisión Derechos Humanos de la Cámara de Diputados de la Nación – que verifique “el cumplimiento de la ley por parte de los organismos administrativos y judiciales del Estado Provincial, la salvaguarda de los Derechos de los Pueblos Originarios y todo lo relativo al Régimen de otorgamiento y tenencia de Tierras por parte de compañías extranjeras en la Patagonia”.
Macayo y Codesal subrayan responsabilidad en que este caso le cabe al Instituto Autárquico de Colonización y Fomento Rural (IAC), organismo encargado de la administración de las tierras fiscales. Estos consideran que el papel desempeñado por el organismo provincial en este caso es fundamental: “La falta de información o la equivocada información que brindó el IAC, al no comunicar por escrito y en forma fehaciente, cuál era la condición jurídica del predio, para evitar que la familia pudiera incurrir en un ilícito”.
Y no es la primera vez que esa dependencia está en el banquillo de los acusados. El informe del año 2000 de la Defensoría del Pueblo de la Provincia del Chubut reveló que el 14,2% de las actuaciones administrativas realizadas estaban relacionadas a reclamos por tierras fiscales, siendo durante ese período el principal motivo de demandas.
Los abogados defensores no descartarían la posibilidad de iniciar acciones contra la provincia por negación de justicia. No sólo consideran que las autoridades están violando los derechos de los pueblos indígenas, contemplados en las constituciones nacional y provincial, sino que sospecharían la exista diferentes niveles de connivencia entre el poder judicial, la policía, el gobierno y la CTSA.
Cuando el 12 octubre diferentes agrupaciones y comunidades mapuche se reunieron frente Santa Rosa para solidarizarse con sus hermanos vieron con tristeza que todos los adelantos realizados por la familia desalojada fueron literalmente borrados. Habrían sido cambiados algunos postes y alambres perimetrales y una moto niveladora habría emparejado el lugar, borrando innumerables pruebas. Mientras tantos los pedidos de peritaje realizados por los abogados de los mapuche son desestimados.
Desde el 31 de agosto en que fue notificada de la denuncia en su contra, la familia indígena recibió el apoyo de la Organización de Comunidades Mapuche Tehuelche “11 de Octubre” (de Esquel) y de otras agrupaciones aborígenes. Los mapuche están decididos a hacer valer sus derechos y aseguran que aún no ha sido escrito el final de esta historia. Por su parte la Sociedad Rural de Esquel, entidad que nuclea a los terratenientes, respaldó al holding y anticipó que podría iniciarse una ola de violencia si no se respeta el derecho a la propiedad privada...

Génesis del conflicto

Atilio Curiñanco nació hace 50 años en la estación ferroviaria Leleque, levantada dentro de la estancia homónima. Sus padres vivían en la comunidad mapuche Ranquil Huau, pero tuvieron que abandonar el lugar en busca de sustento. Rosa Rúa Nahuelquir nació en la comunidad mapuche Cushamen, pero de niña dejó su tierra. En la diáspora se cruzaron sus caminos. En la cordillerana Esquel criaron a sus cuatro hijos y hoy ven crecer a sus nietos. Pero en esa ciudad de 30 mil habitantes más de 5 mil no tienen empleo, entre ellos Rosa y sus cuatro hijos.
En febrero la familia mapuche comenzó a pedir información en el IAC sobre Santa Rosa, donde pensaban poner en marcha un emprendimiento familiar. Este campo es considerado fiscal por los viejos pobladores del paraje Leleque – como la familia de Atilio – debido a que en los últimos 50 años permaneció abandonado.
Luego de mucha insistencia un empleado de esa dependencia les aseguró que el lote no pertenecía a la estancia Leleque y por ende era fiscal. La indemnización cobrada por Rosa, tras el cierre en febrero de la fábrica donde trabajó 15 años, sirvió para comprar algunas plantas, semillas, animales y herramientas. El 23 de agosto los Curiñanco, luego de dejar constancia en la comisaría de Esquel de que ingresarían al lote, abandonaron su humilde vivienda y recorrieron los 80 kilómetros que los separan de ese campo.
Cruzaron el alambrado caído y levantaron una vivienda de chapa y madera. En los días siguientes desmontaron y araron la tierra. Allí trabajaron hasta el 1 de octubre.

Hernán Scandizzo

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