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Argumento a favor de tratar una Ley de Educación que integre a la cultura aborigen
Por Marta Balbi - Friday, Jun. 27, 2003 at 7:53 PM
uinaa@ubbi.com

Proyecto: Ley EIB para la Prov. de Buenos Aires.

Nombre: Marta Esther Balbi
Especialidad: Pedagoga; Experta en Cultura Indoamericana. Escritora.
Proyecto: Ley EIB para la Prov. de Buenos Aires.
No es tan sólo una Ley de Educación Aborígen.

Parece impropio dedicarse a la cuestión aborigen en este momento, cuando nada hace pensar que este sea un asunto urgente, ni siquiera vigente; tan convencidos estamos de la identidad de procedencia extranjera de nuestra República Argentina.

Sentimos que una ebullición constante perturba el normal desarrollo y desenvolvimiento de esta nación, pero de ninguna manera nos atreveríamos a atribuir esa perturbación a la siempre presente insurrección aborigen.

Por el contrario, atribuímos nuestras dificultades sociales a muchos otros factores recurrentes:

- causas morales que generan corrupción política
- ambiciones políticas y económicas
- afanes internacionales de predominio


Pero la realidad es que desde hace breves 460 años se está intentando imponer por la fuerza de las armas y de la ley un orden político, social y jurídico extranjera sobre las naciones milenarias que ocupan originariamente este extenso territorio hoy llamado América y llamado Argentina.

No había en estos extensos territorios un solo lugar vacío que no formara parte del espacio sagrado de una nación aborigen.

Las fronteras eran otras, y los espacios no eran exclusivos y excluyentes. Las etnias compartían los territorios porque su criterio de “nación” no coincide con el que estamos acostumbramos a aceptar.

Los antiguos pueblos aborígenes disfrutaban de una diversidad biológica y cultural hoy casi perdida.

Cuando llegamos los extranjeros tomamos un territorio protegido, resguardado por una sabiduría milenaria, en el que vivían en un círculo de armoniosa relación la gente (che) y la naturaleza (ixrófilmogen). Una importante diversidad de fauna y de flora -desconocidas en Europa- se mostraban abundantes en las pampas y cordilleras; decenas de pueblos originarios, con diversidad de razas, lenguas, costumbres y culturas desarrolladas en sus vidas, se mimetizaban con el paisaje, entendiendo y comprendiendo los códigos secretos de la naturaleza.

Desde su llegada los extranjeros se vieron sorprendidos de no poder doblegar a la gente de aquí. Esta dificultad se debe a que su herencia cultural es muy antigua y poderosa, y también porque esos pueblos no presentan una estructura político-social verticalista y piramidal; el estilo democrático y horizontal de las comunidades indoamericanas hicieron que cada persona fuera su propio jefe, y no importa a cuántos de ellos vencieran, al caer no arrastraba a nadie más con él.

Los sabios consejeros mandaron defender la cultura, pasara lo que pasase, pero, al considerar que el territorio era simplemente algo dado no se hallaban preparados para defender algo tan intangible como el cielo, o el aire.

La pérdida de control sobre sus territorios ancestrales estuvo intrínsecamente relacionada a la pérdida de su libertad para vivir de acuerdo a sus pautas culturales, restricciòn que se aplicò sobre todo a travès de la educaciòn.

Si la Corona Española hizo aquí daño, no fue tan generalizado como el que infringió el nuevo Estado, que insuflado por el ideal Progresista no titubeó en arrazar con los pueblos originarios sin ninguna consideración y aplicando los criterios más bárbaros.

El Estado argentino utilizó diferentes métodos de exterminio, como el genocidio físico, cultural y la falsificación de la Historia, perpetuando hasta hoy su meticuloso trabajo de formateo y vaciamiento de identidad, a través de una educación racista monocultural y europeizante. Los historiadores, antropólogos, sociólogos y todos los “ólogos” ilustres, han prestado sus servicios a este Estado, fundamentando “científicamente” la masacre y justificando el genocidio.

Se generalizaron conceptos como “los indios eran bárbaros y salvajes y sus descendientes son ignorantes e inferiores”. Los ámbitos académicos aún hoy aplauden aquella teoría de la civilización contra la barbarie porque aún hoy, cada día, estos criterios mueven las acciones y resoluciones de los funcionarios y de la gente común.

El racismo institucionalizado sigue aprobando que los niños, la gente, los ancianos sufran desnutrición; siguen admitiendo la mortalidad infantil; siguen despreocupándose por la desocupación. Siguen respetando y acatando a los asesinos y proclamando “Próceres de la Patria” a quiénes implantaron estas reglas, obligando a los descendientes de indoamericanos a rendir honores en la escuela a quienes se posesionaron de los espacios físicos, usufructuaron las fuentes proveedoras (la tierra, los bosques, el mar), mataron, violaron y sumergieron en el olvido y la pobreza a sus Abuelos, a sus padres, a sus hermanos, a sus hijos, a ellos mismos.

¿Acaso es lógico y natural aceptar semejante tortura psicológica sobre esos alumnos?

¿Permitiría la sociedad argentina que se obligara a los hijos y familiares de los treinta mil desaparecidos a rendir tributo a Massera, Videla, Astiz y tantos otros responsables de este reciente genocidio? ¿ O de que sus nombres deshonren calles, plazas, bibliotecas, edificios públicos? ¿Acaso la comunidad Judía aceptaría con resignación la imposición de crecer y educar a sus hijos con la versión de que Hitler fue un visionario y un progresista que aspiraba a conformar una raza perfecta?

Sin embargo, los pueblos originarios aún hoy padecen el hecho de que la Historia y el discurso cotidiano sigan despojados de veracidad, y de que se eduque manoseando, manipuleando y bastardeando la Historia y la Cultura de los que SIEMPRE han estado aquí.

Recuperar la memoria, reivindicar y revalorizar la identidad de los Hijos de la Tierra, dignificar sus luchas y reclamos, tendría que ser la primera actitud social de una Nación que deseara enmendar sus errores, pacificar, organizarse por fin y refundar su sociedad desde la identidad de la tierra, como debe ser.

Llegó el momento de corregir el discurso oficial

La maquinaria detentadora del poder, opresores e invasores, impulsan sus acciones político-militares a partir de un objetivo económico maquillado de “ideales”; se declaran paladines del ‘progreso’ y la ‘civilización’, pero lo cierto es que las razones de masacres y genocidios son siempre mezquinos intereses de acumulación, en el presente como lo fueron en el pasado.

“Conquista”, para apropiarse de las riquezas que se encuentran en territorios ocupados por pueblos mansos, místicos y austeros. “Pautas occidentales”, en este caso, contra “principios y valores indoamericanas”.

Acrecentando las exportaciones agrícolas ganaderas, los terratenientes criollos necesitan expandirse más y más para incrementar el monto de sus cosechas y haciendas a fin de satisfacer la voracidad de las sociedades oligárquicas y su propio apetito de reintegros.

No es verdad que los aborígenes vieron a los “hombres blancos barbados” y se entregaron a ellos, confundiéndolos con sus propios dioses (versión clerical española). Nunca cedieron, siempre se defendieron con firmeza, abnegación y bravura para preservar sus intereses, su doctrina, su pensamiento filosófico, a pesar de la diferencia de recursos y mecanismos. Y aún lo hacen empleando recursos fuertes que toca a los sociólogos analizar. Sus luchas toman formas cotidianas que ‘calificamos’ de subversivas y desestabilizadoras del orden social.

Ahora mismo, los ‘gringos’ cuestionan: ¿Para qué volver para atrás?, ¿Por qué no intensificar la transculturación para que toda esta dificultad se termine? ¿Qué sentido tiene generar más diferenciación social en una sociedad ya de por sí convulsionada?

Los motivos son tantos que dan lugar para desarrollar extensamente una tesis muy compleja.

1. Ellos están activos en el presente; integran la fuerza política con mayor poder.

2. Sus pautas culturales, aún ocultas para la población, son irrenunciables, ya que poseen una raíz largamente milenaria.

3. La Ciencia de la Cultura Occidental en su proceso evolutivo llegó a un punto en el cual tiene que reconocer que los principios de los pueblos originarios encierran las mismas conclusiones a la que han llegado después de 500 años de investigaciones: “La Tierra no le pertenece al hombre; el hombre, como un ser vivo más, le pertencemos a la Tierra”.

Es casi imposible resumir en unos escasos minutos una cosmovisión construida en miles de años, sin embargo podríamos decir que el pensamiento filosófico de los pueblos nativos indagan en la búsqueda de interpretar el orden natural. No les preocupa quien creó el Universo sino como es necesario proceder para relacionarse armónicamente con él. Ellos descubrieron las normativas y vínculos que relacionan las Fuerzas y Poderes de la naturaleza entre si, y aprendieron a ajustar sus vidas y aspiraciones a esos ritmos construyendo un círculo perfecto de vida. Por esto ellos dicen que cada vez que se pierde un elemento de la naturaleza se pierde un elemento de su cultura. Dicen que la tierra no les pertenece, sino que son parte de ella.

Tomemos consciencia de los valores tan diferentes de la cultura con la que los pretendemos dominar, de nuestra voracidad, de nuestra reiterada falta de respeto. En lugar de admitir que estamos en territorio ‘americano’, que nos debemos a las leyes de esta tierra, buscamos afanosamente satisfacer intereses siempre mezquinos, personalistas, extraños y ajenos.

El Estado anheló impregnar una identidad europea a su joven país, abrió la puerta de par en par a la venida de los colonos europeos tratando de borrar y de desaparecer todo vestigio del pasado. Pero, ¿cuál es la causa que perturba la posibilidad de construir una buena vida para todos y para la naturaleza también? ¿Cuál es el verdadero enemigo del nuestro y de todos los países de América? “La Lógica Economicista” por medio de la que se han ordenado los trabajos y los objetivos. La sociedad está convencida de que debe comportarse en forma consumista, materialista e individualista.

Pero el análisis debe hacerse desde otro lugar, no eurocéntrico y occidental, sino desde el reconocimiento de derechos fundamentales, de no ser así, en nombre del desarrollo, capitales extranjeros, nacionales o empresas estatales seguirán ultrajando el orden natural con represas hidroeléctricas que pronto inundarán las tierras, con empresas madereras que desbastan los bosques, con emprendimientos mineros que contaminan las aguas y el aire, con empresas farmacéuticas que ejercen biopiratería.

Los recursos naturales de este territorio están sufriendo la más desangrante violación. La depredación se esta llevando a cabo en el continente y en el mar, mediante la matanza indiscriminada de peces que van siendo exterminados por los barcos japoneses, españoles y tailandeses que operan allí.

Son destruidos los bosques; padecemos y pagamos la ruptura de los ecosistemas con nuestra salud y con nuestra vida.

Poderosas empresas multinacionales pretenden empecinada y soberbiamente instalarse en el territorio nacional y ninguno de nosotros está preparado y concientizado para resistirlos. Sólo ellos gritan que no pueden permitir que dinamiten la montaña para sacar el oro porque la montaña tiene newen, por lo tanto es sagrada porque allí anida su fuerza y su identidad y si muere la montaña morirá con ella su cultura y lentamente morirá su pueblo. Definitivamente NO lo permitirán. Y nosotros, ¿de que lado tomaremos parte?

A pesar de toda la destrucción perpetrada el país sigue todavía siendo para el mundo un rincón de belleza natural, diversidad biológica y cultural

Nos toca ahora como Nación resistir la invasión material y cultural que intenta arrazarnos; nos toca afrontar cada emprendimiento que signifique la destrucción ecológica, cultural y económica de nuestro pueblo. Y en esta empresa tenemos un solo aliado, aquellos a los que la Nación durante muchos años condenó al destierro y la pobreza.

Pero ahora la Nación Argentina fue alcanzada por el látigo inhumano que concentra la riqueza para unos pocos, extendiendo la miseria para muchos. Finalmente estamos convencidos que la lucha de nuestros pueblos, en unidad desde la diversidad, será capaz de detener la lógica de la devastación, el envenenamiento del suelo y de los acuíferos, la discriminación, la injusticia, la represión y de la muerte.

Cada acción que se pueda concretar, cada intento de construcción desde cada lugar nos acercará al propósito de alcanzar la profunda y verdadera transformación en una Argentina nueva, pluricultural, socialmente más justa, autónoma, y con una democracia menos representativa y más participativa.


Lo que buscamos no podemos encontrarlo, sino hacerlo.

§ Como no podía ser de otra manera, este texto fue inspirado por el sabio pensamiento de los lonkos.

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