Julio López
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DIARIO DE UN VIAJE DE LA COMUNIDAD A LA URBE
Por ((ivpress)) - Saturday, Jun. 28, 2003 at 4:45 PM
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En la ciudad de Neuquén existen cerca de media docena de organizaciones mapuche, una de ellas es Puel Pvjv (Espíritu del Este) y Petrona ‘Pety’ Pichiñan es una de sus integrantes. En una fresca mañana de principios de junio hablamos de su experiencia personal, el trabajo que realiza desde la organización, la influencia del cristianismo y la recuperación de la espiritualidad mapuche. A continuación la entrevista.

PP: Mi nombre mapuche es Pichiñan, aunque tengo un apellido impuesto producto de la Campaña del Desierto: a mi abuelo le pusieron el apellido de un integrante del ejército: Pereira. Nosotros reivindicamos como apellido Pichiñan.

Soy de la comunidad mapuche Chiquilihuin, que está a 50 kilómetros, más o menos, de Junín de los Andes, en el Sur de Neuquén. Hace mucho tiempo que estoy en la ciudad y bastante que trabajo en organizaciones mapuche. Actualmente estoy en Puel Pvjv, donde trabajamos en la recuperación del pensamiento, de la sabiduría, del conocimiento de nuestro Pueblo.

¿CÓMO ES EL TRABAJO DE UNA ORGANIZACIÓN MAPUCHE QUE TIENE COMO CENTRO LA PARTE URBANA?

PP: Soy parte de un proceso bastante importante que hemos tenido como mapuches urbanos, fui una de las fundadoras de la primera organización de (la ciudad de) Neuquén (Newen Mapu, Fuerza de la Tierra), hace más de 20 años.

En realidad la primera intención, la primera necesidad, fue juntarnos con nuestros hermanos mapuches que estaban acá. En principio fue alrededor de la familia, hermanos de sangre que vinimos para acá, también primos. Era volver a juntarnos, reunirnos, tal vez con ideas no muy claras de por qué, para qué. Empezamos a hacer comidas mapuche, actividades mapuches, cosas que traíamos, saberes del ámbito familiar.

Haber migrado por necesidades de estudio, de trabajo, produjo en nosotros un choque muy grande. De vivir en comunidad, en un ámbito natural, pasamos a un ámbito totalmente distinto, que además no es favorable. Creímos que íbamos a estar en mejores condiciones y pasamos a engrosar las villas miserias.

¿VOS DE CHIQUILIHUIN TE VENÍS A NEUQUÉN O ANTES VIVÍS EN OTRAS CIUDADES?

PP: En principio nos sacaron del ámbito del hogar para llevarnos a otra comunidad, a Malleo. Esa fue nuestra primer experiencia de que nos arrancan de nuestro hogar, del lado de nuestros padres. Sin consulta, fue una decisión de las instituciones religiosas: sacar a los chicos del ámbito de la comunidad para llevarlos a otro lado y darle ‘mejor educación’.

¿LOS LLEVAN A UNA ESCUELA CON INTERNADO?

PP: Si. Nos llevaron a Malleo y después al (colegio) María Auxiliadora, de Junín de los Andes, donde terminé un curso de “Manualidades Femeninas”... Terminados esos estudios no pude volver a la comunidad porque el título no me servía para trabajar en la comunidad. Me vine a Neuquén a trabajar y a seguir los estudios secundarios para luego volver a la comunidad, bah... siempre volvíamos cuando mi madre estaba viva. El año que muere abandoné los estudios y me quedé por Junín, por la comunidad.

En Neuquén tuve una experiencia de organización y cuando vuelvo a Junín surgió una organización que se llamó We Newen (Nueva Fuerza), que funcionó bastante tiempo. Era como una delegación de Newen Mapu de Neuquén. Trabajamos bastante bien en Junín a pesar de que allí el poder está centrado en el Ejército, la Iglesia y el pueblo no respeta la identidad mapuche.

HABRÁ SIDO MUY TRAUMÁTICO PASAR DE VIVIR EN UNA COMUNIDAD A UNA ESCUELA CON INTERNADO Y ENCIMA CON UN PERFIL RELIGIOSO.

PP: Desde que te levantas hasta que pegas el ojo estás rezando. Si de pronto se da esta vuelta a la identidad mapuche es porque uno tiene bien fuerte la identidad desde el hogar. Nunca dejé de ir a la comunidad, nunca dejé de participar de las ceremonias sagradas y eso me ha llevado a que, en un momento, haya hecho un sacudón. Porque todo este proceso al que me llevan pudo haber disparado en que hubiese sido una monja, esa era la intención del internado.

Pero hacemos una vuelta a la historia mapuche, a la vida mapuche, y de a poquito reconstruimos nuestra identidad en medio de la ciudad. Por ejemplo, por mucho tiempo no me animé en la escuela, en Neuquén, a decir que era mapuche. Lo logré gracias a que entre mapuche nos fuimos apoyando y fortaleciendo para tener cada vez mayor seguridad.

Vivir en un terrenito pequeño no te permite estar en contacto con la tierra. Pero a pesar de estas contras sabemos que es Territorio Mapuche, que aquí están nuestras fuerzas, entonces buscamos la manera de contactarnos espiritualmente y de hecho lo hacemos. Lo hago cotidianamente con mis hijos, enseñándoles este tema básico del respeto y de saber que todos los días podes ponerte en contacto con el elemento que te corresponde como che, como persona.

Este permanente desafío de saber que no podemos volver a un ámbito comunitario rápidamente y no por eso dejas de ser mapuche sino que te vas fortaleciendo de alguna manera. Vas generando ámbitos de convivencia cultural y de contacto con lo espiritual. De pronto tenés una actividad de Wiñoy Tripantü en el río Neuquén o en el Limay, o generas espacios donde recreas la vida mapuche con los niños. La educación mapuche se hace muy difícil porque nuestros chicos están, el 80 %, en la escuela y tenemos que hacer actividades bien de noche para tener un espacio con todos ellos.

HISTÓRICAMENTE EL PUEBLO MAPUCHE, DE ACUERDO A LOS LUGARES QUE HABITABA, PERFILABA SU IDENTIDAD TERRITORIAL. ¿EN LA ACTUALIDAD EL MAPUCHE URBANO, EL WARRIACHE, QUÉ CARACTERÍSTICAS PARTICULARES TIENE?

PP: Creo que, hoy por hoy, todo lo que sale de lucha por los derechos, por la identidad, surge de los warriache. Es por esta necesidad de afirmar permanentemente nuestra identidad, de decir qué somos, quiénes somos y por qué estamos luchando. Porque no estamos acá porque queremos sino porque el Estado no contempla nuestra situación como pueblo diferente y nos ha excluido, y en esta exclusión no nos considera mapuche si estamos en medio de la ciudad. Por lo tanto un montón de derechos, reconocidos constitucionalmente, no nos son reconocidos, a pesar de que la mayor cantidad de los mapuche estamos en la ciudad.

LA CIUDAD TAMBIÉN ES PARTE DEL WALLMAPU.

PP: Fundamentalmente eso es lo que hace que nosotros cada vez más conciencia que donde estemos, en este espacio territorial que hoy abarca casi toda la Patagonia, está nuestra identidad, nuestro pensamiento, nuestra fuerza. Es todo el entorno que hace que seamos che. Entonces, más allá de los edificios y de todo lo que hay acá, nos sentimos y seguiremos siendo mapuche.

¿ CUÁNDO EMPIEZAN A TRABAJAR DESDE PUEL PVJV?

PP: Creo que va a ser el tercer año ya. La organización está compuesta por gente que está en distintos lugares, es medio complicado para coordinar pero es bueno porque uno puede llevar la misma propuesta a esos lugares. Hay hermanos en la Capital Federal, lo que permite que allá hagamos actividades de difusión, no tanto de reafirmación de la identidad. También en Allen (Río Negro) se ha sumado gente. Si bien hay otra gente mapuche que trabaja ahí hace mucho, nosotros llevamos una propuesta diferente y esperemos que se sumen cada vez más. De hecho se va a hacer el Wiñoy Tripantü.

En Plottier (Neuquén) también hacemos actividades de difusión, damos talleres de alfarería. La propuesta es reafirmar todo lo que es el conocimiento mapuche al interior de nuestra organización y hacia afuera dar a conocer aspectos básicos de la cosmovisión, de la cultura, para lograr el entendimiento que no se ha dado hasta ahora. La interculturalidad tiene que ver con que primero se conozca y después se reconozca al Pueblo Mapuche. Lamentablemente en base a la ignorancia muchas veces se discrimina, por eso se hacen talleres de acercamiento al Pueblo Mapuche.

SEGURAMENTE DESPUÉS DE MÁS DE UN SIGLO SE RECUPERARÁ EL WIÑOY TRIPANTÜ EN ALLEN. TAMBIÉN ME COMENTABAS QUE HAN RECUPERADO EL NOMBRE MAPUCHE DEL LUGAR.

PP: Un hermano averiguó el nombre originario: Waykigelu. Wayki es flecha, algo así como: “la forma de la flecha” o “que tenía forma de flecha”. Como ocurre en otros lugares, estamos levantando los nombres originarios del espacio territorial mapuche. Por ejemplo Fiske Menuko tiene el nombre del asesino más grande de nuestros antepasados: el general Roca.

EN LOS BARRIOS DE LA PATAGONIA HAY IGLESIAS TODA LA VARIEDAD CRISTIANA. CRECEN COMO HONGOS Y – DE ALGUNA MANERA – COMPITEN CON USTEDES O SON UN OBSTÁCULO EN LA TAREA DE RECUPERAR LA IDENTIDAD Y LA ESPIRITUALIDAD MAPUCHE. ¿HA HABIDO ALGÚN SECTOR QUE LOS RECONOZCA O SIGUEN CON SU IDEA DE ‘CRISTIANIZAR’?

PP: Creo que no ha habido ningún cambio, ni siquiera pensando en aquellos que se plantean como los avanzados, los que tienen una visión diferente. Desde el cristianismo, en general, siguen colonizando, imponiendo la creencia de Cristo el Supremo. Esta cuestión vertical de que hay de adorar un ser omnipotente, todopoderoso, está totalmente enfrentada con la cosmovisión mapuche, la filosofía de vida, con nuestra espiritualidad. Nosotros vemos todo de forma circular, no hay un elemento que sea más que el otro, no hay un Ser Superior ni tampoco un Ser Inferior. Mientras nos estamos levantando como mapuche desde otros lados trabajan con mucho más aparato y llegan con la imposición del cristianismo.

Conversando con una machi (autoridad espiritual) sobre qué pasa con nuestros hermanos, la conclusión fue: “La parte espiritual siempre fue de mucha importancia para el Pueblo Mapuche y de ahí que es tan fácil convencernos para imponernos otra creencia”.

ESO SE NOTA PARA ESTA FECHA CON EL DÍA SAN JUAN.

PP: Cuando vienen los cristianos imponen el festejo del día de San Juan (Bautista) el 24 de junio, en esa fecha que es tan importante para nosotros (por la celebración del Wiñoy Xipantu – la Vuelta del Año). Para nosotros no era el ‘24 de junio’ sino que era en el tiempo de la noche más larga, de la aparición del Gaw (una constelación), no tenía una fecha con números sino que tenía que ver con la observación de la naturaleza. Por eso en muchas comunidades conocí la celebración del Wiñoy Tripantü como San Juan. La ceremonia, en esencia, era mapuche pero se conocía con el nombre de San Juan.

EL AÑO PASADO CANAL 13 DE BUENOS AIRES PUSO AL AIRE UN ESPECIAL SOBRE CRUZADA PATAGÓNICA, MOSTRANDO LO ‘BUENO QUE SON’. ESA ORGANIZACIÓN NACIÓ AL CUMPLIRSE 100 AÑOS DEL INICIO DE LA CONQUISTA DEL DESIERTO Y OPERA EN JUNÍN DE LOS ANDES. ¿QUÉ NOS PODÉS COMENTAR SOBRE ELLOS?

PP: Te podría decir un montón de cosas de esa organización católica que vino de la mano del gobierno militar, usan a los mapuche para pedir financiación a nivel internacional. Tienen una organización tan perfecta para trabajar que, por ejemplo, tienen el Registro Civil ambulante. A través de ese Registro Civil hicieron la venta de niños mapuche, el caso Ñanco (1). Como ese caso he visto otros, concretamente me ha tocado vivir en el Hospital de Junín cómo Polizer (presidente de Cruzada Patagónica), junto con el Hospital, entregaban un niño de forma totalmente... un negocio. Polizer negociaba con las madres y les daba plata por un buen tiempo. Él sabe muy bien cómo llegar a la gente, aprendió a hablar mapudugun. Es terrible cómo trabaja, cómo ha comprado a la gente de las comunidades de manera que él se afirma para seguir produciendo división.

Él lleva a hermanos mapuche de las comunidades como conejitos de India a mostrarlos y decir: “con ellos trabajo”. Los saca y, lamentablemente, los hermanos piensan que es una gran experiencia porque los lleva a pasearse por Europa, por Estados Unidos. Para ellos un paseo es una linda experiencia pero con eso Polizer consigue recursos para seguir dominando. Porque hasta ahora no ha habido ninguna devolución de tierras por sus acciones como abogado. Es defensor de varias comunidades de la zona y hasta ahora no hemos tenido ni ampliaciones ni recuperaciones de ninguna tierra.

CÓMO ENCARAN UN TRABAJO DE RECUPERACIÓN DE LA ESPIRITUALIDAD MAPUCHE EN UNA LA COMUNIDAD O CON UNA PERSONA QUE TIENE UNA CREENCIA CRISTIANA.

PP: Es el tema más difícil, de pronto planteas una cosa desde la espiritualidad mapuche que se contrapone con el cristianismo que le han metido en la cabeza. Hay que ir con mucho cuidado, con mucha táctica, y esto se soluciona hablando en mapudugun. Cuando escuchas a los mayores hablar mapudugun es raro que mencionen la palabra dios en un discurso netamente mapuche. Hoy existe una palabra que traduce dios que es Ngenechen. Pero cuando uno habla en el idioma, queriendo hacerle entender al hermano que en realidad no tiene nada que ver un pensamiento con el otro, es más fácil lograrlo así que hablarlo en castellano. Porque cuando hablamos desde el castellano obviamente vas a recibir un rechazo y es probable que nos acusen de andar inventando cosas.

Hemos hecho talleres donde la propuesta, sobre todo a los jóvenes, es que sepan discernir porque hay un antes y un después en nuestra historia. Por más que haya hermanos que tengan más de 80, 90 o 100 años ellos han sufrido la colonización. Por lo tanto, cuando uno escucha a los mayores tiene que saber discernir y quedarse con lo que realmente es el pensamiento mapuche. Eso se logra haciendo talleres de autocapacitación donde aquellos que hemos avanzado en este sacudón de la evangelización podemos brindar esta claridad a los hermanos que tienen confusiones. Y a través del idioma vas a entender un montón de cosas, porque el pensamiento mapuche se encuentra en el idioma. Mal haríamos si pensáramos que a través del castellano vamos a recuperar la espiritualidad. Es muy difícil traducir al castellano lo que se dice en mapudugun y todavía peor cuando se habla de la parte espiritual. Uno escucha a los hermanos en una ceremonia que en mapudugun no hablan con un ser superior sino que hablan con las fuerzas del Wallmapu, ahí ves que el cristianismo no tiene nada que ver con la espiritualidad mapuche...

La charla siguió un largo rato, pero el grabador se detuvo allí.

Hernán Scandizzo

(1) Sobre el caso Ñanco se escribió el libro “¡Marici Weu!”, editado hace unos 8 años.

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