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la tensa calma del altiplano: una visita a la UPEA
Por judas - Friday, Jan. 30, 2004 at 11:12 PM

primero de varios apuntes sobre la situación boliviana

La Universidad Popular Autónoma del Alto está situada en el centro la ciudad periférica a La Paz. Los jóvenes estudiantes, cuyo origen étnico es mayoritariamente aymara, pasean multitudinariamente por sus pasillos aunque no haya clases: pero hay fechas de inscripciones y nunca está de más acercarse por la UPEA. Fundada hace varios años como apéndice de la Universidad Mayor de San Andrés, de La Paz, sus estudiantes iniciaron un proceso de apropiación de la casa de estudios. Dieron una gran lucha para que la universidad perteneciese a El Alto, para que sea suya, para tener injerencia en las decisiones sobre docentes y planes de estudio, en fin, para la autonomía. El gobierno concedió que sea de El Alto, pero no autónoma. Se inició un proceso que incluyó marchas a La Paz descalzos, entierros masivos de estudiantes debajo de la tierra, crucifixiones y huelgas de hambre, finalmente la defensa mediante feroces enfrentamientos contra la policía para evitar el desalojo. Culminó con la victoria. “En esta universidad he nacido”, dice B., un pequeño y pelilargo estudiante de derecho, “sí, aquí he nacido para cambiar el sistema, he nacido para ser revolucionario. Yo creo que en un sesenta o setenta, sí, setenta por ciento soy marxista. Hay otros compañeros que manejan mejor la teoría”. A B. le alcanzan una fotocopia del diario de ayer. “Ah, cabrones, sacaron mi foto en primera plana”. Un diario acompaña el título de “Gobierno se apresta a anunciar garrafazo” con una foto en la que una multitud con palos se mantiene expectante y tensa. Al frente de ellos hay dos jóvenes encendiendo un cartucho de dinamita. “Ese soy yo”, dice B., pero es imposible reconocerlo, la cara tapada, una gorra cubriéndolo. Pero la estatura y el porte son inconfundibles. “Mucho peleamos esa vez en octubre”. Los enfrentamientos de octubre tuvieron su epicentro en El Alto, los policías y militares reprimieron a bala de metralla limpia. “Pero había fuego en cada esquina, fogatas y bloqueos con dinamita, con palos piedras, hasta con balas”. H. lo interrumpe: “¿Y nuestras armas?” Cuenta que fabricaron con unos tubos una especie de bazucas cuyo alcance podía ser hasta de tres cuadras. Y ríen. “Estamos preparados. En octubre no hicimos la revolución, no tomamos el poder y ahora está este Mesa que es gonista, pues”. Alguien le pregunta por Quispe. “No, ese no, al ser indiano es de derecha, pues”. Indianos son quienes nosotros conocemos por indigenistas. Quispe, dirigente natural de los campesinos aymaras, al decir de Alan Woods, es indiano, ergo, de derecha según B. “No, hay que tomar el poder, pero para hacer el socialismo, ¿no?”. “Ya hay aula”, llega uno y dice que vayamos: “vamos”.
E. y yo vamos a dar una charlita sobre la revolución latinoamericana, a la luz del octubre boliviano. En este mismo momento hay otra charla dada por el ex rector de la UPEA, un militante maoísta. Hay cuarenta personas escuchando hablar sobre la guerra popular. “Pero hace semanas que la están preparando a esa charla”, dice uno a modo de justificación. A nuestra aula llega una treintena de compañeros y compañeras. Planteamos la cosa como una conversación, intervenimos cada uno un ratito, los invitamos a participar del Congreso Mundial por la Refundación de la Cuarta Internacional en abril en Buenos Aires, convocado por el Partido Obrero y el Movimiento por la Refundación, de varios partidos alrededor del mundo. Luego, hay una ronda de intervenciones en las que el debate se profundiza. Un compañero, que es mayor que el resto evidentemente, interviene disculpándose por la tardanza. Es miembro de la Comisión Política de la FEJUVE (Federación de Juntas Vecinales, que jugaron un rol de doble poder en las jornadas de octubre). Dice que han hecho un balance y autocrítica sobre octubre. “Porque no ganamos, nos han derrotado poniendo a este Mesa”. Critica a Roberto De La Cruz, “que sólo estaba en la televisión, mientras no aceptaba nuestro plan de lucha; sólo al final, cuando ya lo habíamos implementado, lo anunciaba en la tele. Por eso hemos decidido que cada Presidente de cada junta debe presentarse como empleado de los vecinos, como su portavoz solamente, y obedecer”. El balance incluye una caracterización sobre el carácter soviético de las juntas: “Nosotros éramos el Estado, nosotros teníamos el poder”. Y también las carencias. “Por eso hemos decidido que los cada junta debe organizar milicias armadas. Si ellos nos dan bala, nosotros también”. Cuenta que se está haciendo un relevamiento de pertrechos y que se ha ordenado a las herrerías hacer fusiles. “No había sido tan difícil, hay ya fusiles artesanales, y se están haciendo”. La charla ha sido increíble para la torpe mente de este cronista. Nos quedamos hablando con el compañero de las juntas. Luego tendremos que volver a La Paz. Paradójico nombre lleva puesto esta gran ciudad donde el futuro vive abigarrado.

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