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No somos dirigentes, somos pueblo
Por La Resistencia - Wednesday, Jun. 02, 2004 at 2:32 AM
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Los movimientos sociales, los colectivos y los ciudadanos en general debemos dejar de lado nuestros intereses inmediatos, centrando nuestros esfuerzos y acciones en acompañar y hacer posible que el agro vuelva a ser el eje fundamental en la proyección de nuestra historia.

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No somos dirigentes, somos pueblo
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Con esta frase, uno de los delegados de Tambogrande resumió en la asamblea preparatoria para el Foro Social Perú los nuevos tiempos. Son estos tiempos donde las propuestas desde los partidos políticos y las ideologías se han agotado demostrando su inutilidad; en los que surge la conciencia que éstas crean solo sistemas, cuya esencia depredadora invade la territorialidad de las personas. No se trata ya de buscar grandes diseños, sino de impedir la afectación de lo humano, lo personal, lo familiar y del espacio donde uno vive.

En el Perú, el Estado está, como en otros países propulsando la criminalización de la protesta, una defensa desesperada del sistema que sostiene a las élites en el poder. El sistema ataca a los que protestan estigmatizándolos reprimiéndolos y penalizándolos para seguir depredando.

Ante ello, una alianza resistente se está construyendo para defender la privacidad colectiva a la que tienen derecho. Históricamente el agro ha sido el eje aglutinador que hoy revive en sus campesinos renovando la fuerza de una tradición milenaria. Los movimientos sociales, los cocaleros, vicuñeros, tambograndinos y comunidades afectadas por el envenenamiento minero, los de las juntas de regantes, parecen no buscar el poder, sino ejercerlo desde su territorialidad, como está pasando en otras partes de nuestro continente.

El problema de la droga es un problema de corrupción, tanto a nivel de producción como de consumo final. La producción de droga solo es posible con estos insumos que debería controlar el Estado. El problema de la hoja de coca es un problema agrícola, un problema de relegamiento de grandes sectores de la población a la pobreza, la exclusión y el abandono por el desmanejo de sucesivos gobiernos. Anualmente miles de toneladas de ácidos y reactivos, que provienen de pocas fuentes industriales, hoy en manos de grandes empresas transnacionales, llegan a los centros de producción de drogas ¿hace el Estado algo al respecto? ¿los industriales tienen en regla sus registros de consumidores finales?

A diferencia de los movimientos sociales urbanos, los agricultores si paran, no comen. Es por ello que privilegian la diversidad autonómica sobre el legalismo de las recetas constitucionales. Como dice el analista uruguayo Raúl Zibechi los movimientos sociales ‘...empiezan a ser un referente: demuestran que se puede construir sin planes. Es más: se debe construir sin planes... Ello es un cambio de la dependencia a la autonomía basado en un fuerte crecimiento de la autoestima en los sectores populares’.

Tambogrande demostró hace dos años porqué el eje agrícola en Perú ha sido históricamente la mayor fuerza contra el avasallamiento territorial de los depredadores. Gracias a ellos los agricultores saben que no sólo pueden, sino que deben construir lo suyo sin depender de los planes sociales, sin ese Estado que tiene en sus corruptos funcionarios los lacayos del poder económico.

La actuación de la mayoría de periodistas y comunicadores es hoy como la de los dirigentes políticos; satanizan los movimientos sociales no porque no los entienden, sino porque son serviles al poder económico o a sus propias ambiciones. Aunque los medios son parte de la corrupción inherente al sistema, su impacto es solo urbano, lejos de la realidad del campo y de sus hombres que hoy lideran históricamente la recuperación de la tarea de construir una nación desde sus bases territoriales con un carácter asambleario y cooperante, aboliendo el carácter depredador y centralista de los últimos 500 años de situación colonial.

Los movimientos sociales, los colectivos y los ciudadanos en general debemos dejar de lado nuestros intereses inmediatos, centrando nuestros esfuerzos y acciones en acompañar y hacer posible que el agro vuelva a ser el eje fundamental en la proyección de nuestra historia.

Lima 1 de junio del 2004

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