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La Llave y la rubia (o cómo se dice no a la mina en Bariloche)
Por Hernán Scandizzo - Saturday, Jun. 05, 2004 at 4:01 PM
herscan@yahoo.com.ar

La escuela municipal de artes ‘La Llave’ está en las afueras de Bariloche, o no, mejor dicho, está en el borde de la ciudad, porque restan algunos kilómetros para llegar a ‘las afueras’ del municipio. ‘La Llave’ está en el cruce de las avenidas Onelli y Sobral, a unas 25 cuadras del centro, y la rodea un barrio uniformado ya que las construcciones fueron levantadas por iniciativa de diferentes planes de vivienda. ‘La Llave’ está en la parte alta de la ciudad y desde allí la vista puede rodar por la avenida Onelli hacia el Lago Nahuel Huapi y estrellarse con los cerros que se pierden entre las nubes bajas y el cielo plomizo de este lluvioso, aunque no tan frío, día de otoño.

Es 4 de junio y como se ha vuelto costumbre, los días 4 de cada mes un puñado de mapuche urbanos, wariache, se manifiestan contra la minería. Han tomado esta fecha de los vecinos de Esquel y hacen su peregrinaje desde ‘La Llave’ hasta el Centro Cívico, en donde vigilante se levanta la estatua del Gral. Roca que contempla el lago. (Una estatua que se erige como un puñal clavado en la carne.) Este 4 de junio la consigna es “Ni Benetton Ni Mineras”, y no hay mucho que explicar.

Faltan pocos minutos para las 13. Sopla el viento y la lluvia por momentos se torna persistente. Imagino el termómetro clavado en el 6, o tal vez más abajo. Los chicos van a la escuela y, como el resto de la gente, caminan apurados por las calles provistos de gorros de lana, camperas con capucha, cuellos de polar o bufandas. Sólo sus ojos oscuros dejan ver, al igual que algunos mechones de pelo negro.

En un pequeño anfiteatro que hay junto a ‘La Llave’ se concentra una docena de personas. Hay una pancarta extendida que resiste los embates del viento, en ella se lee una consigna base de la lucha mapuche: “Territorio, Identidad y Justicia”. Hay otra pancarta con una leyenda en contra de la minería y dos wenufoye que flamean con fuerza. Dos personas se acercan al grupo, también son mapuche. Habían escuchado en la radio que su gente se iba a reunir allí y fueron para avisar que están en problemas con Parques Nacionales. Cumpliendo su objetivo se retiraron sabiendo que en los próximos días se reunirán para hablar del problema y los pasos a seguir.

Minutos después el grupo se pone en movimiento, camina por la avenida Onelli hacia el lago. No son muchos, claro, pero sí los suficientes como para cortar más de media calzada. De a ratos se escuchan dos ñorkines sonar. Los transeúntes y automovilistas miran, algunos saludan la iniciativa, otros se mantienen indiferentes… Y que las corporaciones mineras avancen, total… La Línea Sur queda lejos y ellos no son mapuche, y si lo son no se sienten tales y mucho menos parte del Wallmapu.

Son 12, otras veces fueron más, y dicen que igual marcharán aunque no superaran el par. Tal vez sin que lo sepan un hilo invisible los une a Olga Aredes, esa Madre de Plaza de Mayo que marcha solitaria pidiendo justicia en la plaza de la jujeña Ledesma.

Una mujer, algo entrada en años, se une al grupo, también es mapuche. Está en Bariloche por razones familiares pero vive en Costa del Ñorquinco. Orgullosa de su origen cuenta que vive cerca de Mina del Indio, que los gringos también andan por la zona buscando minerales y que el turco Sede sigue corriendo los alambrados. Estaba enterada de la marcha y siempre que su gente se junta ella va. Cuenta que habla mapudungu y habla lo que cuenta.

La marcha sigue por la avenida Clemente Onelli hasta llegar a Francisco P. Moreno – otro prohombre de la Patagonia -, allí dobla hacia el centro. Avanza varias cuadras y vuelve a doblar, esta vez hacia el lago, toma la calle Domingo Beschtedt y dobla nuevamente al llegar a Bartolomé Mitré. Desde allí no detendrán su marcha hasta llegar al Centro Cívico. Algunos estudiantes miran, al igual que los turistas. Algunos automovilistas se fastidian al ver la pequeña columna que avanza sobre el asfalto, ante sus maniobras al volante pienso que a veces dios – o quién sabe quién – le da auto al que no tiene cerebro.

En la plaza el monumento al genocida está solo, o casi, un hombre espera con sus perros San Bernardo que algún turista se acerque para sacarse una foto. Pero el clima no ayuda mucho y ese turista no aparece. Al lado del monumento, en el piso, está dibujada una ronda de pañuelos blancos en homenaje a las Madres de Plaza de Mayo y también sobre esas baldosas nacieron algunos kultrun acompañados del ancestral: “Marica Wue!!!”, que simbolizan la resistencia mapuche.

Unos jóvenes trepan al monumento y cubren la cara de Roca con una bandera mapuche y otros extienden las pancartas en torno al pedestal. Una mujer rubia – a fuerza de tinturas – se acerca, saluda y aclara: “Soy turista, yo no sé nada. ¿Me explican?”. Una mujer del grupo comienza a explicarle pero la turista confesa la interrumpió y pidió sacarse una foto junto a la mujer entrada en años, que portaba un wenufoye. A modo de fundamentación dijo: “Soy fana de Ceferino Namuncurá”. El resto contempló la escena en silencio y siguió pensando en cómo seguir esta lucha desigual.

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Bravo cumpassss!!! Hernán. Saturday, Jun. 05, 2004 at 9:17 PM