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La lucha por la supervivencia del pueblo más antiguo del Planeta
Por Agencia de Información Solidaria - Sunday, Jul. 11, 2004 at 9:52 PM

Los bosquimanos intentan recuperar su derecho histórico a vivir en las tierras del desierto de Kalahari

La alta corte judicial de Botswana abordará a partir del lunes 12 de julio la demanda de 243 bosquimanos que pretenden recuperar su derecho histórico a vivir en las tierras del desierto de Kalahari. Las condiciones en las que se llevará a cabo el juicio (en una remota región del oeste, sin teléfono ni comunicaciones) y el desprecio absoluto del gobierno hacia la legalidad y los derechos básicos de su población, no permiten ser muy optimistas. En cualquier caso, el juicio ha servido para poner de relevancia la situación extrema en la que viven los supervivientes del pueblo más antiguo del planeta.



En la actualidad existen alrededor de 100.000 bosquimanos (20.000 según las autoridades botswanesas) distribuidos fundamentalmente entre Namibia y Botswana. En otros tiempos, estos “hombres de los arbustos” ocupaban toda la región del África Austral y sobrevivían, gracias a la caza y la recolección, en el extremo e inhóspito desierto de Kalahari (una extensión de más de 500.000 kilómetros cuadrados, el equivalente al territorio de Francia). Sin embargo, las persecuciones, matanzas y otras desgracias, resultado directo de la destrucción de sus formas de vida, han reducido drásticamente su población. A partir del siglo XVIII en los territorios de la actual Sudáfrica se realizaban batidas para asesinarlos o secuestrarlos y someterlos a la esclavitud. Además, han sido utilizados por los portugueses como parte de su ejército y no ha habido potencia colonial en la región que no haya violado los derechos de este pueblo.



Sin embargo, durante estos últimos años, han sido las autoridades de Botswana las que más se han esforzado por terminar la tarea iniciada hace siglos: el exterminio de los bosquimanos y sus formas de vida. En 1997, milicias gubernamentales, policías y militares, expulsaban a varios miles de bosquimanos de la reserva de Kalahari Central en la que habían sido recluidos. Era tan solo el inicio de un asedio que se ha prolongado durante años, de manera sistemática. En marzo de 2002, se inició la última fase. Fue entonces cuando se procedió al traslado forzoso de 2.000 bosquimanos fuera de la reserva. A los que resistieron se les cortó la asistencia sanitaria y el agua. El gobierno de Botswana aduce razones económicas que impiden llevar el suministro hasta aquella región. Sin embargo, la Unión Europea se ofreció a sufragar los gastos, ayuda que fue rechazada por el gobierno.



La administración central argumenta que los bosquimanos han violado los límites establecidos para la caza en esa zona del país. Paradójicamente, después de perder sus ancestrales tierras, los bosquimanos han visto cómo se les obligaba a cazar un máximo de tres piezas al año, cantidad a todas luces insuficiente para vivir. Además, se trataba de especies que no estaban en peligro de extinción. Es más, en esa zona el gobierno de Botswana ha abierto diversos campos de caza para turistas occidentales.



Es evidente que la caza turística, por lucrativa que sea, no sirve para explicar el porqué de este interés desaforado por expulsar a los bosquimanos y acabar con sus formas de vida. Lo cierto es que, a un desprecio y un racismo ancestrales, se unen jugosos intereses económicos. Con el argumento falaz de su “civilización”, las autoridades pretenden despejar la región de la Reserva Central de Kalahari para explotar los enormes yacimientos de diamantes que se encuentran en la zona. Una fiebre del diamante que recorre todo el país y que ha cambiado radicalmente el rostro de una de las naciones más pobres del planeta. La explotación de estos recursos se ha convertido en un excelente negocio para el gobierno del dictador Festus Mogae y la sudafricana De Beers, dominadores en régimen de monopolio de todos los yacimientos. Poco importan entonces los derechos y reivindicaciones de unos cuantos miles de “San” (término despectivo utilizado para referirse a los bosquimanos).



Desgraciadamente, no están solos en este empeño. En febrero de 2003 la International Finance Corporation (organismo dependiente del Banco Mundial) concedió un crédito de 2.000 millones de dólares a Kalahari Diamonds Limited, para la explotación de los recursos de la reserva de caza de Kalahari Central.



No obstante, el expolio de los recursos va mucho más allá. A mediados de la década de los noventa, los bosquimanos asistieron atónitos a la presentación mundial de un medicamento revolucionario contra la obesidad. El remedio está basado en el hoodia, un cactus del desierto de Kalahari que ha sido utilizado desde hace siglos por los bosquimanos para obtener de él agua y vitaminas. Sin su consentimiento, el Consejo Sudafricano para la Investigación Científica e Industrial había vendido los derechos de utilización de la planta a la empresa Phytofarm, que a su vez se los vendió a la multinacional Pfizer. Ahora, después de años de pleitos, los bosquimanos han conseguido una irrisoria participación en los beneficios: el 6 por ciento de lo obtenido por la venta del medicamento a partir de 2008. Paradojas: los fondos obtenidos se utilizarán para comprar las tierras que les han pertenecido desde hace milenios.



En una demostración de su sensibilidad al respecto, el presidente Mogae ha calificado de “absurdas” las reivindicaciones de los bosquimanos. La pérdida de su hábitat natural, las persecuciones y la destrucción de sus formas de vida tradicionales han empujado a este pueblo a la miseria y la sedentarización forzosa. Así, hacinados en reservas, explotados en granjas o perdidos en los suburbios de la capital, los bosquimanos malviven, lejos de sus costumbres, presas fáciles para el sida y alcoholismo. La única salida es un nomadismo sin fin, una huida constante hacia ninguna parte.



Ahora, reivindican su dignidad, su derecho a existir. Lástima que sea rodeados de la más absoluta indiferencia internacional.



Juan Carlos Galindo

Periodista

Agencia de Información Solidaria

infosolidaria@ya.com

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