Julio López
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Hoy, después de 31 años, vuelvo a la D2
Por vale(((i))) - Monday, Mar. 26, 2007 at 1:12 PM

Durante el recorrido a el centro clandestino de detenciòn y tortura D2 de la ciudad de Córdoba los días 22 y 23 de marzo, ex detenidos en este lugar compartieron sus espantosas experiencias con vecinos y alumnos que se acercaron para conocer lo que pasó en boca de las víctimas del actuar ilegal de los gobiernos democráticos y de facto durante los '70.

El jueves 22 de marzo, un grupo de representantes de la Asociación de ex-presos políticos de Córdoba, HIJOS y de la Comisión de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas realizaron un recorrido por el ex D2, lugar que durante diversos períodos represivos fue utilizado como cárcel y durante la última dictadura funcionó un centro clandestino de detención de personas (CCD) hoy convertido por la ley provincial 9286 del 2006, en Museo Provincial de la Memoria en manos de la Comisión Provincial de la Memoria. En este lugar funcionó hasta diciembre del 2006 una comisaría la que hoy ya no está para permitir a arqueólogos y arquitectos reconstruir el edificio y relevar las marcas en los muros, puertas, marcos y paredes de los ex presos y reconstruir a partir de los graffitis parte de la memoria colectiva y popular.
Agustín, representante de HIJOS filial Córdoba, comenta que antes este era un lugar objetivo de escraches porque estaba en manos de la policía pero ahora es un lugar símbolo de la recuperación de la memoria histórica por donde pasaron sus padres y sufrieron la tortura y la detención ilegal por parte del estado terrorista. Es un lugar para reclamar verdad, memoria y justicia, para procesar el pasado reciente y un espacio que provoca una experiencia fuerte emocional y un gran aprendizaje sobre lo que pasó. HIJOS aportó al Museo un mapa que reconstruye la ubicación de todos los centros clandestinos de detención en Córdoba con fotos de lo represores, algunos ya detenidos y juzgados por delitos de lesa humanidad.

David Lanuscou montonero, ex preso político y militante de la juventud peronista, nos acompaña en el recorrido por este lugar nefasto reconstruyendo una vez más su dolor y la angustiosa experiencia de revivir todos esos días de terror y torturas sin olvidar ni claudicar en su compromiso político e ideológico de luchar por un mundo más justo, más solidario y más humano.
“Estuvimos con mi señora en la D2 15 días. Estaba en la comisión directiva del Centro Vecinal del barrio 1° de Mayo. Hoy es la primera vez que después de treinta años vuelvo a este lugar y lo veo bien porque permanentemente estábamos vendados y esposados. Te decían:’Ni se te ocurra verme la cara porque sos boleta’. Me acuerdo que acá estaba el tranvía o el ómnibus. En este pasillo había dos bancos largos de portlan pegados a la pared y estábamos todos sentados, vendados y esposados. Desde acá escuchaba los gritos de mi señora mientras la torturaban ahí con mucha angustia y dolor por la impotencia de no hacer nada. A todos nos sacaban de acá y no llevaba a la sala de tortura. En el altillo donde te hacían la mojarra vivió un torturador con su esposa y los dos hijos muchos años.
Yo caí antes del golpe, el 25 de enero del ’76 al 10 de febrero. Después da 15 días de tortura nos llevaron a la penitenciaría de San Martín, después a La Plata, Caseros, Rawson y demás cárceles en todo el país. Estuve ocho años preso y mi señora seis. Cuando nos fueron a buscar a mí me agarran y le digo a mi esposa que corra. Ella corrió y se metió en una obra dentro de un tarro con cal. Se le acercaron y le decían ‘Salí o te acribillamos’. Salió con las manos en alto y me la tiraron encima en el auto. Entonces nos sacan las vendas y nos dicen:’Para que vean que a los chicos no les hacemos nada’. Los habían dejado con los vecinos.
En marzo de 1973 me trasladan a la cárcel de La Plata quedándome por cinco años. Ahí en una celda estábamos de a dos. Ese traslado lo sentí como si me hubiera ido en libertad. Después nos trasladaban permanentemente a otras cárceles, Rawson, Sierra Chica, Devoto, Caseros para que no nos organizáramos. Me acuerdo que en Caseros estaba en el piso 13 en una celda para uno y nunca veíamos el sol.
Salí en libertad el 18 de octubre de 1983 y el 30 de octubre llegó la democracia. Cuando salí de Devoto junto con muchos dirigentes, teníamos escondida una bandera en los colchones y había periodistas en la puerta. Les preguntamos de qué diario eran y nos respondieron de Clarín entonces abrimos la bandera que decía ‘Volveremos. Juventud Peronista’ y después salió en la tapa.

Esto es el terrorismo de estado. Estuve ocho años preso sin causa y mi señora seis también sin causa y el abogado era de oficio, puesto por ellos. Estábamos en realidad a disposición del poder ejecutivo y hacían lo que querían. No teníamos idea cuando nos mataban, cuando nos íbamos. Acá adentro de la D2 todo era supuestamente ‘legal’ porque era una comisaría. No era un centro clandestino de detención como La Perla o La Rivera. En la cárcel no te torturaban pero te mataban con la excusa del intento de fuga. Nos decían:’Si matan a uno de nosotros afuera, les toca a uno de ustedes’. En la penitenciaria de San Martín hubo 29 fusilamientos. En una celda estábamos como quince. Me acuerdo que a Cristian Funes lo sacaron varias veces y una vez me dijo a las diez de la mañana: “Si me pasa algo dale todo eso a mi mamá cuando venga a la visita. Sabés esta es la última vez que veo el sol”. A la media hora de entrar del recreo todos lo vinieron a buscar y se lo llevaron para declarar con otra chica, Ana de Arqueola. Al otro día los presos comunes nos pasan una hoja del diario La Voz del Interior con la noticia que Funes había muerto en un intento de fuga.
También me acuerdo de Pablo Balusta. Le pegaron tanto en la cabeza que quedó hemipléjico. Lo llevaron para curarlo y apareció muerto por ahí. A Mucase lo estaquean y muere de frío en el patio de la cárcel por pasar un paquete de yerba. También estaba Paco. La hermana de su mamá estaba casada con Massera y lo fueron a ver para para pedirle que lo libere. Les dijo que dejarlo en libertad era imposible pero que les garantizaba su vida. Me acuerdo que en junio al Paco le pegan en la cabeza y cae desmayado. El milico le dice:’Dale, levantate guerrillero hijo de puta’ y como no se levantaba carga la pistola y le pega un tiro en la cabeza delante de todas las visitas y los presos comunes. Tenían toda la impunidad del mundo. Eran como dioses que decidían quién vivía y quién no. A Bertoli lo torturan tanto que no lo podían llevar de vuelta a la cárcel y le pegan un tiro y lo enmascaran como intento de fuga.
Otra vez llevan a los hermanos Demin con Vaca Narvaja y tiran los milicos la moneda para ver quien se salvaba. Dejan vivo a Vaca Narvaja y le dicen:’Ahora anda a la cárcel y contá lo que pasó’. Bitín Baronetto, el actual secretario de Derechos Humanos de la municipalidad de Córdoba, estuvo acá en la D2 detenido con su señora y también fueron torturados. Después los pasan a la cárcel. Me acuerdo que un día un preso le dice con el lenguaje de manos que usábamos que recién habían matado a su señora. Cuando pasaban cosas así volvíamos a la celda y jugábamos al dígalo con mímica y al voley con las medias para poder soportar esas cosas tan fuertes. También me acuerdo que acá, en el tranvía un hombre se pone a tararear un vals y me di automáticamente cuenta que era un vecino aunque no lo podía ver ya que todo el tiempo nos tenían con los ojos vendados.
Una sola vez le pude ver la cara a alguien. Me estaban haciendo el submarino en el patio del lado y le pude ver la cara al Gato Gómez, el que ahora están buscando en Río Cuarto. También vi a Ticera cuando cayó a mi casa a buscarme porque era el que manejaba los autos. Acá estaba la Pereyra, una mujer policía que era especialista en torturas y muy perversa. Dicen que presenciaba las violaciones. Al tiempo la mata el ERP.
Recuerdo que cuando llegamos a la D2 nos preguntaron si queríamos bañarnos. En ese baño nos esperaba una patota que nos dieron una golpiza tan grande que quedé orinando sangre por dos meses más o menos. Acá lo único que pensabas era si salías vivo o no. No tenías ni idea de la hora, si comías o no. Sólo esperabas que te llevaran a la sala de tortura y constantemente escuchabas los gritos de tus compañeros. Escuchábamos las campanas de la catedral y nos guiábamos por eso para calcular el tiempo.
En La Plata vi a un compañero que se puso la colcha y se tiró el kerosén que usábamos para el calentador encima. Se prendió fuego. Le tiraban agua y no se murió quemado pero sí de asfixia en el baño. Otro compañero también en La Plata, pidió una audiencia para ver al psiquiatra y cuando volvió se tiró de la cucheta y se ahorco con la sábana. En Devoto, Toledo otro compañero, se iba en libertad el viernes y el miércoles dice que no va al recreo que teníamos de una hora porque tenía gripe. Ese mismo día volvemos del recreo y vemos pasar primero un cura y después el enfermero. Se había ahorcado. A mí me impresionó. Le faltaba tan poco para salir y se mata.
Nos llamaban los DT: delincuentes terroristas. Éramos presos especiales. No teníamos ningún beneficio. No podíamos leer libros, diarios, y nos castigaban por todo. Carlos Zanini estaba conmigo en la misma celda en La Plata, cerca del mundial y una vez nos tuvieron cuatro días sin luz y sin comida. A mí me hacían el teléfono. Me golpeaban con las dos manos a la vez en los oídos porque el compañero se dio vuelta para hacerme una broma. Y eso que era una cárcel legal. Imaginate lo que hacían en los centros clandestinos. En el ’75 los familiares podían visitar a los presos. En el ’77 aparecen las desapariciones. En el ’74 estábamos pegando afiches que decían:’Qué pasa general que está lleno de gorilas el gobierno popular’, nos agarraron y nos llevaron.

Mi hermano Roberto estuvo resistiendo en San Isidro, Buenos Aires, cuatro horas a tiros con los militares el 3 de septiembre. Tenía 27 años y lo matan con toda la familia, su esposa Bárbara, su hijo Roberto de seis años y Barbarita de cuatro. A mi otra sobrina Matilde la secuestran con seis meses de vida. Los vecinos vieron que los milicos sacaron a un bebé en brazos. Otro testigo vió todo por la banderola del baño. Tenía 11 años y ahora está recreando todo en un libro. Hoy supuestamente a mi sobrina la tiene Ernestina de Noble la dueña de Clarín y se llama Marcela Noble. Tiene treinta años y se casó hace cinco meses pero ella no quiere hacerse el análisis de ADN. Ernestina de Noble negoció con la Junta Militar todo el papel prensa y sus dos hijos a cambio de su silencio, de no publicar nada que critique al gobierno de facto. Yo seguía en la cárcel. A mi hermano más chico Jorge le tocaba la marina en el ’75 y pidió prórroga para estudiar. El 9 de junio del ’76 un compañero me dice que se murió Jorge en un baño de la marina asfixiado con el calefón. Lo tenían atemorizado, le mandaban anónimos. A mi vieja se lo dijimos recién en el ’80 cuando ya estaba fuerte porque no era militante y no estaba preparada. En seis meses mataron a mi hermano y toda su familia, secuestraron a mi sobrina, mataron a mi otro hermano y yo en la cárcel. Tiraron una bomba atómica en mi casa.

El imperialismo yankee y las oligarquías nacionales son cruentas. Vos les cuestionas las riquezas y hacen cualquiera. Igual es lo que hacen en Irak. Nosotros teníamos un proyecto político-ideológico. Lo conservo y sigo militando en Montoneros. La mejor justicia no es matarlos de un tiro sino seguir militando. Éramos una juventud que habíamos hecho de la virtud un a política; nos jugábamos y dimos la vida. No se olviden que Montoneros ganó en 1975 en todas las universidades y teníamos todos los centros de estudiantes secundarios. Era una generación comprometida con la justicia social, el amor al prójimo y la solidaridad y no actuábamos en la ilegalidad porque estábamos amparados por el artículo 21 de la Constitución Nacional.
Los militares hicieron el trabajo sucio pero los civiles fueron los jefes políticos; acá fueron los radicales poniendo todos los intendentes”.

Una alumna de secundario le pregunta por qué pasó todo esto. “El plan cóndor fue diseñado por el imperialismo norteamericano con ayuda de la oligarquía nacional para imponer un plan neoliberal. Los grupos económicos les dieron a los militares la orden. Existían dos grupos enfrentados: la oligarquía que quería seguir concentrando la riqueza en el 5% de la población y el pueblo con valores de solidaridad, cristianismo y pretendían lograr el desarrollo del país con las propias fuerzas productivas. Nuestra lucha no fue ilegal. El artículo 21 de la Constitución Nacional dice que el pueblo tiene el derecho de alzarse en armas frente a un gobierno no democrático, a la dictadura de facto. Lo que es ilegal es levantarse en armas contra el gobierno democrático.
Acá hace falta una profunda autocrítica nacional ya que la clase media apoyó a la oligarquía. En este modelo el dinero es más importante que el ser humano. Metieron el temor para que los jóvenes no se metan en política y vos los ves ahora metidos en la droga, el alcohol. La juventud de mi época estaba fuertemente politizada por eso la exterminaron. El 95% de los desaparecidos no tiene más de 25 años. Era una juventud que se comprometió por una patria más justa, más solidaria y más equitativa. Para que haya justicia social tiene que haber justicia.
Lo hicieron son el Chacho Peñaloza, con San Martín; los militares unitarios concentraban las riquezas en el puerto de Buenos Aires en complicidad con los ingleses y las economías regionales se morían de hambre. Gracias a los 30.000 desaparecidos existe la democracia y el pueblo sigue politizado y comprometido a pesar de todo. Cambiaron tres veces la junta militar y tuvieron que hacer lo de Malvinas para seguir pero les salió mal. Además esto viene de antes. Bombardearon Plaza de Mayo en el ’55, en el ’56 proscribieron el peronismo en Argentina y obligaron a la juventud a la lucha armada, los fusilamientos de León Suárez, la anulación de la Constitución del ’49 con los derechos del trabajador, el 16 de septiembre pasa lo de la noche de los lápices. Son en realidad 30 años de falta de democracia.
Lo que no se imaginaron los militares es que iban a durar sólo seis años por eso se manejaban con total impunidad.

Hoy uno se mantiene porque entiende las causas políticas y sociales, por el convencimiento ideológico. Sabíamos que nos esperaba la cárcel, la tortura. Estábamos preparados pero no imaginábamos los niveles de la agresión, la desaparición, del extermino ni tampoco la desaparición de niños. Quizás nos equivocamos en los métodos pero no en los objetivos: seguimos luchando por un mundo más justo, más solidario y más fraternal. La misión nuestra en la tierra es denunciar la miseria, la injusticia, la corrupción, el imperialismo, la ambición de la oligarquía. Nuestros compañeros son héroes de la resistencia por la justicia social. Esto hay que continuarlo con otras formas; ese es el mejor recuerdo de mi hermano, de los compañeros. Seguir con la lucha. Queríamos un cambio por amor al pueblo y odio a la oligarquía. Éramos gente muy preparada, estudiosos y revolucionarios y lo seguimos siendo. No como estos rentistas, corruptos y entregadores que tenemos como políticos. Hoy son terribles la deserción escolar, la mortalidad infantil. La desocupación fue creada a propósito para bajar el costo laboral:’No pidas mucho si no andá que atrás tuyo hay otros’. La inseguridad es proporcional a la pobreza. La policía no combate sino administra el delito junto con los jueces, muchos de ellos están desde la dictadura. Habrá justicia social cuando estén en cana y cuando exista una democracia participativa, no representativa de los ciudadanos. Es necesario un nuevo pacto constituyente. Sufrimos Vietnam, los golpes en Sudamérica, Irak, Afganistán, ahora el plan Colombia. No hay que ser un erudito para ver que quieren los recursos naturales y gobiernan los petroleros. En Arabia Saudita no existe la democracia, hace años que gobierna la misma familia pero no los invaden. Israel invade Palestina con el apoyo de los yankees y tampoco es invadida.

Montoneros hoy está en todo el país. Planteamos la guerra de ideas, que haya debates. El modelo neoliberal está agotado. Es inaceptable que la oligarquía, la monarquía yankee y el dinero sean más importante que los seres humanos. Los cambios de estructura deben ser revolucionarios sino vamos a la violencia en contra de este modelo inhumano. Planteamos el socialismo nacional respetando la idiosincracia argentina, la cultura del pueblo argentino de acuerdo con la identidad latinoamericana. Por esto nos diferenciamos de los marxistas, socialistas.
Esto es una guerra civil entre el pueblo y la oligarquía como en otros tiempos lo fue el enfrentamiento entre los unitarios versus las montoneras federales, San Martín y Bolívar. La Revolución Francesa logró la libertad, la Revolución Comunista buscó la igualdad ahora lo único que queda es luchar por la fraternidad sin olvidar que los pueblos siempre logran las instancias más justas.

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