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Fernando Lugo y el Feminismo en Paraguay
Por Altermedia Paraguay - Saturday, Dec. 12, 2009 at 8:56 AM

Desmontando una campaña mediática contra el proceso de cambio en Paraguay

 

La vida quiso que prestara una especial atención al feminismo desde siempre, sobre todo por cuestiones familiares. De hecho, ante el estado actual del mundo, todo varón está obligado a ser feminista.


Históricamente en Paraguay el feminismo nunca fue un movimiento de masas. Desde Cerafina Dávalos hasta Gloria Rubín, es poco lo que se avanzó en cuanto a articulación social organizada. Pero la ley 1/90, un poco la Constitución Nacional de 1992 y otro tanto la ley contra la violencia doméstica, lograron ciertos avances en los derechos de la mujer. Sin embargo, es de lo más auspicioso notar que la CONAMURI (Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas) ha logrado movilizar a una buena cantidad de núcleos rurales de mujeres organizadas, en el departamento de Concepción, en Noviembre de 2009. Se trata de un hecho histórico sin precedentes.


Pero más que en materia socioeconómica, la mujer paraguaya está totalmente subyugada en materia cultural-sentimental, una opresión con alcances globales (basta recordar lo que soportó la mandataria Angela Merkel por usar solo un escote llamativoi) Una opresión relacionada con el modelo tecnocientífico androcentrista, gracias a Descartesii. De su modelo filosófico deriva el actual modelo económico y cultural.


Sin embargo, en machismo, los paraguayos están muy bien posicionados en  América y el mundo. Incluso muchas paraguayas lamentablemente participan de esta realidad.


La mujer paraguaya, al nacer, tiene solo dos destinos: Ser sumisa y estar a la sombra de un varón, o ser rebelde, masculina, mandona y tan agresiva como el varón, obteniendo la soledad o en el mejor de los casos a un varón dócil que la traiciona y la engaña con infidelidades por doquier, sean secretas o manifiestas; las conductas sexuales distintas no son relevantes en lo sociocultural. Este destino doble de la mujer es la historia colectiva que se repite a nivel individual una y otra vez en Paraguay, de generación en generación. El feminismo paraguayo no ha sabido cambiar muy bien esta realidad, hasta ahora.


Lo cierto es que según una encuesta de una organización, del año 1998, en la ciudad de Asunción, 8 a 9 de cada 10 varones declaraba que fue infiel al menos una vez a su compañera especial. Las mujeres, en la misma ciudad, eran más recatadas, solo 5 a 6 declaraban que alguna vez fueron infieles a su compañero.


La promoción de los derechos de la mujer, la instauración del divorcio, la inserción laboral femenina y las campañas de las pocas organizaciones feministas (con ellas los escasos feministas que también existimos, si es que hay uno más al del que escribe este artículo) han logrado que la mujer paraguaya logre cierta autonomía e independencia. Esto sigue provocando una crisis en la enfermiza cultura machista paraguaya, mezcla de sociedad feudal con sociedad alienada de la periferia del mundo globalizado. Una especie de “interregno gramciano” se nota en la sociedad paraguaya en el año 2009.


Mientras las clases acomodadas (burguesías parasitarias en su peor expresión) son el extremo alienado y consumista, por el otro está la mayoría pobre y excluida de la distribución de riquezas y beneficios sociales. En las burguesías (se corresponden plenamente a la burguesía europea del siglo XIX con la que Marx convivió, pero son peor que ella) la mujer está cocificada, alienada, sometida a la globalización homogeneizante y deshumanizante. La mujer oligarca es una muñeca cazanovios, cuyo único valor se mide por dólares. Las llamadas “modelos VIP” son el estereotipo de este tipo de muñeca, ya que el término mujer le queda grande. Destacan, excepcionalmente, las empresarias, la mayoría son también “modelos VIP” del pasado, pero con un poco de inteligencia, el cartel agroexportador estaría dirigido por una así.


En el otro extremo, está la paria, la condenada sin salida. Su estereotipo es la muchacha campesina miserable, madre soltera, que migra a la ciudad, expulsada por el avance de la frontera sojera-ganadera o, en el mejor de los casos, empobrecida por los efectos de Calentamiento Globaliii. Termina en el famoso Mercado de Abasto de Asunción o lugares similares, ante la miseria en que vive, no tiene de otra que prostituirseiv. En todas las villas miserias de Asunción y de las principales ciudades de Paraguay existen ejércitos de mujeres en esta situación. Incluso, por casos que llegaron a mi conocimiento, existe toda una subcultura de la prostitución entre estas mujeres. Las abuelas lo hicieron con las madres y estas con sus hijas, que llegan a iniciarse incluso desde los 13 años de edad. De esta manera se genera todo un grupo social lumpen que nutre la perversión sexual de los machos paraguayos.


Policías, jueces y políticos de alto nivel participan también de este tipo de práctica machista opresora, inhumana y profundamente indignante.


Después está la casi inexistente clase media paraguaya, esa franja de la población no pasa aproximadamente del 39%v según datos de la CEPAL del año 2004, aunque posiblemente sea solo la mitad de esa proporción. Este raro sector poblacional repite los patrones socioeconómicos de la burguesía y en ella se da la situación de doble explotación femenina: Por un lado la mujer es profesional o trabajadora activa que aporta a la casa, por otro lado esa misma mujer en la mayoría de los casos sigue repitiendo la conducta sumisa y servil ante el varón machista, sea su padre, hermano o hijos inclusive. Muy excepcionalmente se dan los casos de familias con formato matriarcal, dónde la mujer es cabeza de familia, pero incluso en estas familias la enseñanza es clásicamente machista, dónde la mujer reemplaza al varón macho en cuanto a conductas de autoritarismo y verticalismo.


Han de existir algunas familias y matrimonios con un manejo más democrático de la relación amorosa, conozco muy pocas, casi inexistentes.


El autoritarismo, el machismo y la violencia son elementos culturales de una sociedad feudal semi-moderna que es heredera de 70 años de dictaduras. En este contexto es que asume la presidencia el ex obispo Fernando Lugo.


Desde un principio fue atacado por el tema de una paternidad irresponsable. La paternidad irresponsable es la norma en Paraguay.


Según datos de Registro Civil central del año 2009, de cada 10 niños nacidos e inscriptos, 7 no tienen padre que les reconozca, lo cual hace que existen 7 de cada 10 hogares con madres solterasvi. Es decir, el modelo de la madre soltera es el principal en Paraguay. Esto demuestra que las relaciones sexuales se hacen en un contexto de total ignorancia sobre salud reproductiva, además de una dinámica interpersonal dónde la mujer no pasa de ser una animalita que es sometida por los machos de turno. Es muy común que el alcoholismo sea el nexo entre las madres solteras y los machos padres irresponsables, generalmente dichas madres no pasan de los 20 años y en su mayoría pertenecen a la franja de pobreza de la población.


O sea, estamos ante un panorama social realmente degradado y destruido dónde las mujeres están absolutamente oprimidas y manipuladas por la cultural machista dominante. Por otro lado las pocas mujeres que logran cierta independencia socioeconómica, están en permanente estado de conflicto y desprecio por parte de los varones, por ser ellas una mala partida que no vale la pena, porque son demasiado rebeldes y mandonas. En el mejor de los casos estas mujeres terminan con hombres pasivos, pero absolutamente infieles.


No es raro entonces que la mujer paraguaya sea machista, tanto la pasiva como la masculina y mandona. Es así que en el 2009 los más grandes partidos políticos tradicionales del Paraguay estaban dirigidos por mujeres que, en los hechos, actúaban como varones bien machos.


Todos los partidos políticos tienen su secretaría de la mujer, sus coordinadoras y sus miembras directivas, pero todas y todos repiten siempre los mismos patrones machistas. Porque el problema no es solo individual sino, fundamentalmente, de estructuras socioculturales y organizativas socialmente aceptadas.


¿Cuándo será que un partido político tenga un comité de conciliación de conflictos dirigido por mujeres madres y en edad madura?¿Cuándo una organización política tendrá su consejo de mujeres madres con capacidad de vetar disposiciones de los órganos directivos?

 

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¿Porqué la cruz del símbolo femenino va abajo y no arriba, como ocurre con la flecha del símbolo masculino?


¿Cuándo será que en algún partido político u otra organización sociopolítica paraguaya los comunicados, discursos y manifiestos tengan un lenguaje no sexista? ¿Cuándo se hablará de ciudadanas y ciudadanos?¿Paraguayas y paraguayos?¿luchadoras y luchadores?¿Activistas en vez de militantes? (término clásicamente machista por tener su origen en las milicias romanas, es decir, en la militancia civil imperial, luego su uso se extendió a las organizaciones sociales y organizaciones en general)


Fernando Lugo es un paraguayo más. Su paternidad puede ser cuestionable, pero el mayor problema no es él, lo son la mayoría de las paraguayas y paraguayos que apoyan silenciosamente la paternidad irresponsable. Un reciente sondeo indica que las paraguayas y paraguayos en general quieren una reforma constitucionalvii, es decir, una nueva sociedad, principalmente las paraguayas lo querrían, ¿cómo no lo van a querer?. La agrupación política que visibilice y fomente la organización feminista de las ciudadanas, agregando las estructuras sociopolíticas ya mencionadas, tendrá asegurado un gran respaldo de la ciudadanía.


Construir un romance y pareja democráticos en Paraguay es una tarea casi imposible.

 

Alejandro Sánchez

 

ii Sobre el racionalismo mecánico descansa toda nuestra civilización actual, de allí deriva el materialismo de Feuerbach, luego el positivismo de Durkheim para ir al neopositivismo de Popper, que se supera con el pospositivismo de Khun, hoy se está plasmando el pensamiento holístico, que recupera la importancia de las cualidades femeninas naturales.

 

 

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