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Las raíces cognitivas del terrorismo de Estado
Por Agustín Antúnez Corrales e I.S.M.A. - Thursday, May. 05, 2011 at 11:55 AM
antunez_a@uma.es (Casilla de correo válida) 0034 952131669 Universidad de Málaga, Andalucía

Si Zapatero es el ciudadano español más frecuente en los medios, el índice bruto de democracia resultante sería de 1/47.000.000. Descubrimientos recientes en las Neurociencias nos permiten desmantelar, dialécticamente, el actual terrorismo de estado y o la globalización criminal capitalista. Así, han surgido nuevas armas para analizar científicamente el grado de Conductismo, de Psicología de Masas del fascismo, de Estalinismo y/o del Culto a la Personalidad, en los medios, en los partidos políticos, o en cualquier colectivo.

La reciente y definitiva implosión de la Ecología dentro de las Ciencias Sociales relacionadas con el Lenguaje, permite el uso de las poderosas herramientas de análisis desarrolladas en las Ciencias Naturales. De esta forma, el Lenguaje pierde su antigua primacía de ser un mundo supersimbólico, y pasa a ser considerado otro aspecto biológico más del ser humano.

Según Aristóteles, el Estado sólo puede existir a expensas de la Comunidad. A más Estado, menos Comunidad.

El escaparate de la democracia han sido hasta ahora ciertos países de muy al norte, donde la socialdemocracia resplandecía como un faro lejano para aquellos países, como España, inmersos en un supuesto proceso de mejora, basado, supuestamente, en aplicar lo más posible, las soluciones adoptadas por esas democracias modelo de Dinamarca, Suecia o Finlandia.

El camino parece haber sido muy distinto. Con casi cinco millones de población desempleada, el discurso de los medios convencionales se encuentra cortocircuitado y clónico. El mensaje más repetido es que las cosas no nos podían ir peor, y que no se espera una recuperación en el corto, mediano y largo plazo.

La amnesia colectiva parece haberse implantado en la población, que mira cada día el televisor, y sigue pasivamente, obedientemente, esos dictados tan pesimistas. El Estado terrorista parece haberse impuesto con tal perfección, que ni siquiera en las actuales condiciones, encontramos una respuesta masiva y significativa que dé la vuelta a la tortilla y permita ver las cosas de otra manera.

¿Hay alguna posibilidad para el optimismo?

Por parte de los movimientos sociales, parecen haberse olvidado de pronto las alternativas posibles a la hora de construir, o reconstruir una sociedad. Parecen haber olvidado los miles de procesos judiciales de corrupción pendientes, así como el Tusnami Urbanizador que ha barrido estos años nuestro territorio y, como era previsible, ha estallado en una burbuja inmobiliaria, y en una crisis profunda social, económica, y de futuro.

Aparentemente tendemos a minimizar el grado de democracia de los países del Magreb, con relación a nuestro estado Español. Simplificamos diciendo que allí lo que están es saliendo de unas dictaduras, mientras aquí, con sus defectos, vivimos y hemos vivido en una democracia.

Olvidamos que cuando el Estado Español accedió al progreso y a la democracia, lo hizo negando su propia historia revolucionaria de los años treinta. El psoe accedió al poder, no lo olvidemos, con el apoyo económico de los socialdemócratas alemanes, tras pactar, cobardemente, que su marxismo quedaba atrás. En otras palabras, esa revolución anarquista de los treinta, apoyada por tantos intelectuales extranjeros, y que tanto miedo causó en los gobiernos europeos de la época, por temor a que se expandiera fuera de España, esa revolución seguía indemne durante la llamada transición, en una gran parte de la población, que esperaba la caída del franquismo para restablecer los derechos adquiridos por el pueblo, a lo largo de un aprendizaje histórico, y de una revolución que conmovió al mundo.

Más tarde, cuando España, ya en los ochenta y noventa, se tira de cabeza al desarrollismo, con mucho dinero de la Unión Europea, lo hace de la mano de las multinacionales, que son las que realmente gobiernan, decidiendo aquellas obras de infraestructura que más benefician a las empresas multinacionales, y más perjudican a la población.

Y ya en los primeros años de este siglo, el disparatado vuelco hacia el desarrollismo se acrecienta aún más. Hemos batido numerosos records. En casas destruidas. En casas construidas. En autovias. En autopistas. En trenes de alta velocidad. En corrupción.

Nuestra tesis es que lo que se ha impuesto estos años en España ha sido el INFRAdesarrollo. Somos, pues, un país INFRAdesarrollado, en urgente proceso de reorganización. INFRAdesarrollado porque en vez de tender, como otros países, hacia una social democracia benigna para el pueblo, hemos optado por un supuesto hiperdesarrollismo ladrón, que se ha comido todo el pastel, y a pesar del enorme gasto de estos años, nos ha dejado a todos en unas condiciones miserables de vida.

¿Donde está el dinero? En los bolsillos que todos sabemos.

¿Es una injusticia? Es el robo del siglo. Robo de derechos, de dinero, de salud, de futuro, de autonomía, de supervivencia.

¿Hay futuro? Sí, hay futuro.

Ver un futuro posible pasa por ver las raíces cognitivas que nos han llevado hasta aquí. Y ver también como en muchos aspectos la sociedad civil global está cambiando a marchas forzadas, así como su participación directa en una nueva democracia global, que salta las estrechas barreras de la anterior democracia e inunda cada vez más, la sociedad y su funcionamiento.

Las raíces cognitivas del terrorismo de estado están en el representacionismo.

El representacionismo actúa a través de los canales de comunicación social donde comprobamos la existencia de un embudo o cuello de botella, que predice los niveles de democracia presente en tales actos de comunicación.

Si la democracia era el gobierno del pueblo por el pueblo, comprobamos cómo a través del cuello de botella creado por la estructura hiperjerarquica de la comunicación social, los niveles crecientes de representatividad mediática, conducen proporcionalmente a niveles cada vez más reducidos de democracia real.

Pareciera que aún no hemos salido del feudalismo. Con la diferencia de que el papel del príncipe sobre unos miles de súbditos, pasa a acrecentarse ahora cuando un presidente de gobierno manda, omnipotententemente, sobre 46 millones de ciudadanos.

Redordemos que el representacionismo corresponde al conductivismo, al estalinismo, y a la psicología de masas del fascismo. La implosión en los años treinta, de los medios masivos de comunicación, como la radio, permitía que una sola voz, la del lider supremo, llegara a todos los rincones, contagiando unidireccionalmente, un determinado mensaje. La amplificación ideológica resultante resulta escalofriante. Recordemos estos días la imagen de las torres gemelas ardiendo. O el rostro de Bush, visto a través de imágenes planas desde millones de rincones del mundo.

Evidentemente vivimos en la actualidad una gran revolución tecnológica. Dirigida, principalmente, a compensar estas épocas recientes de tanta unidireccionalidad, de tanta pasividad forzada en la población vivil, de tanta incomunicación. Emerge, con una fuerza infinita e imposible ya de ponderar, un sujeto social antes escondido, ausente de la comunicación formal. Ausente de la democracia. Internet 2.0 convertido ya en una potentísima arma de democracia directa. Voces gritando lo que quieren. Voces liberándose de la esclavitud.

Al mismo tiempo, aún observamos restos anacrónicos de absolutismo representacional. Y por eso conviene seguir desmontándolos.

Estos restos anacrónicos de hiperrepresentatividad siguen presente en los medios convencionales, en los que la figura más repetida, suele ser la del lider estatal. Un lider estatal que sigue utilizando para imponerse sobre la ciudadanía, herramientas creadas por el cristianismo hace un par de milenios. Aunque los estados europeos se declaren aconfesionales, podemos afirmar que siguen siendo tan confesionales al menos en a medida que sus líderes unipersonales sigan, de manera absolutista, ocupando la mayor frecuencia de los espacios mediáticos convencionales.

Hace dos mil años hubo grupos cristianos que se negaron a adorar a una imagen plana con el rostro de su lider. Posteriormente, el islam adopta también la medida de no reducir la personalidad sagrada de las personas, a una estampa muerta, simplificada y plana con algunos rasgos del rostro.

Comprobamos así, como la idolatría, que había sido duramente criticada durante siglos, termina imponiéndose como un arma mortal en las sociedades contemporáneas, llevando a los horrores cometidos en el siglo XX y en el actual siglo XXI.

Urge, pues, deshilvanar las raíces cognitivas que están agazapadas bajo el representacionismo idólatra y absolutista que, por accidentes de la historia, está siendo peligrosamente amplificado por los medios convencionales, haciendo del biopoder de Foucault un arma de destrucción masiva de pueblos, culturas, y ecosistemas.

El grado de nuestra obediencia a este representacionismo absolutista e idólatra, es deducible de nuestra experiencia cotidiana. En principio nuestra experiencia cotidiana tiene lugar en un mundo de tres dimensiones: hacia altura, anchura, y profundidad de campo. Somos más o menos representacionistas en función de la frecuencia con la que vivamos en dos o en tres dimensiones.

"Planilandia" es un vídeo presente en Youtube y realizado por el "Dr. Quantum", un físico cuántico que hace divulgación a base de comics. En el se observan dos seres, uno que vive en dos dimensiones, y otro que vive en tres dimensiones.

En nuestra vida ocurre igual. En parte somos seres que nos movemos y pensamos en dos dimensiones. En parte somos seres que nos movemos y pensamos en tres dimensiones.

Si andamos mucho tiempo entre papeles, planos, pantallas, oficinas, y aulas jerárquicas, nuestra dimensión fractal se acercará más a las dos dimensiones que a las tres dimensiones. Entonces el representacionismo se cebará más en nosotros, y tenderemos más a simplificar la realidad, y verla desde una mirada 1.0, lineal, cargada de dicotomías...

Uno se identifica con lo que vive. La experiencia es la madre de la ciencia. Vivimos tiempos extremadamente convulsos, también para la ciencia. Vivimos una revolución científica de un calibre excepcional, si bien permanece aún invisible para el mundo de la academia, dada su prevalencia hacia la especialización, y por tanto hacia una mirada estrecha, que impide ver conjuntamente, la amplitud transdisciplinar de la actual revolución científica.

La revolución científica actual surge en multitud de campos del conocimiento, en multitud de especialidades. Y revoluciona lo que hasta ahora se consideraba un ser humano. Mientras los regímenes seudodemocráticos se esmeraban por borrar del mapa el valor del ser humano, en la ciencia actual encontramos la emergencia del superhombre de Nietszche, el cuerpo físico sintiente como el centro de nuestra actividad vital y perceptiva, abandonando de esa manera el antiguo poder del cerebro, heredero del concepto de alma, que deja de ser un ente abstracto, aislado en el interior de una pequeña caja, para desbordarse, a través de las sensaciones, y fundirse en uno con ese mundo antes ahí afuera. El mundo nos vuelve a pertenecer con fuerza, al estilo indígena y budista, porque volvemos a sentir ese sentido de unidad con el mundo, que deja de ser así un afuera, a través de la consciencia fenomenológica o consciencia primordial y básica, esa consciencia consciente de la unidad dentro del mundo físico, a través de las sensaciones cotidianas, hechas ahora más patentes, gracias a nuestra atenta observación.

Entra ahora la ecología a saco en las ciencias cognitivas. En ecología la unidad relacional del organismo con el medio ni se discute, pues se parte de esa absoluta evidencia. Tras un siglo de ecología, ésta ocupa ya con fuerza las ciencias cognitivas. Con mayor o menor timidez, estas transfusiones interdisciplinarias de la ecología y el ecosistema dentro de las ciencias cognitivas, dejan cada vez más en ridículo, los modelos representacionistas, que anclaban mente con cerebro y reducían lo mental al laberinto cerebral intracraneal, dejando todo el mundo fuera.

La partícula "ECO-" forma ya el prefijo de distintas ramas de las ciencias cognitivas. Quizás se resumiría el resultado en la "ECOcognición". Ecofilosofía/Ecosofía, Ecofenomenología, Ecopsicología, Ecolingüística.

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